Mostrando entradas con la etiqueta fe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fe. Mostrar todas las entradas

618. Entre las baratijas de lo intrascendente.

618.   Entre las baratijas de lo intrascendente.

 La riqueza de nuestra vida espiritual es de una inmensidad tal qué vale la pena que siempre la tengamos en consideración.
La religión católica en ningún momento es una realidad frustrante.
La religión no es resultado de unas elucubraciones sin sentido:
·        Ni el conjunto de unas normas inconexas.
·        Ni una vivencia vaga.
·        Ni razonamientos infantiles, solo útiles, para acallar la voz de nuestro interior que nos habla de eternidad, de vida futura, de Dios, de infinitud.
La religión no es una realidad ambigua para acallar nuestra conciencia y tranquilizar nuestros inquietantes desvelos: emocionales y sentimentales.
La religión es el soporte insustituible de nuestras vidas,
es la piedra angular, es el eslabón primordial en la cadena de nuestra existencia.
La religión es ese Alfa y Omega que conecta: el nacimiento con la muerte y la muerte con la eternidad.
Las ciencias, la medicina, la psicología, la tecnología, la cultura, el arte, la filosofía, las habilidades sociales y un inmenso etcétera son útiles en esta vida, pero a esa misma vida no le dan sentido.
Y es en ese momento es cuando hay que acudir a las realidades eternas:
·        Dios, cielo, infierno y purgatorio.
Sin miedo pero sin ambigüedades engañosas.
No es lógico, ni razonable que nos olvidemos de las realidades trascendentes y dediquemos la mayoría de nuestro tiempo a lo pasajero, a lo intrascendente a lo mundano y superficial por muy importante que todo esto sea.
No podemos dejar el “Evangélico tesoro escondido” y coger las “Baratijas” que cada día ocupan largamente nuestro tiempo, nuestra atención y nuestros desvelos.
Pasamos el tiempo caminando entre los vericuetos de una vida anodina, y nos olvidamos que tenemos un Dios:
·         Un Gran Dios que es nuestro Padre, que es nuestro Creador, qué es nuestro Tesoro, que es nuestro Guía, qué es el todo en esta tierra nuestra.
Adelante no te quedes en las charcas llenas de lodo y fango, no te quedes en las cloacas de la inmundicia y de la perdición y busca a Dios, a tu Dios:
·        Busca el amor.
·        Busca en el fondo de tu alma.
·        Busca en las heridas agrietadas de tu inmenso corazón.
Y encuentra:
·        Entre los dolores la esperanza.
·         Entre los desasosiegos la paz.
·         Y entre los múltiples interrogantes, la insustituible verdad de Jesucristo.
¿Porque Jesucristo, hoy, ahora y siempre?:
·        Es la autenticidad del Camino.
·        La única Verdad
·        Y la inconmensurable e inagotable vida del Cielo
No te canses: ¡busca y busca!
Y en la búsqueda incansable de ese, inimaginable e inconmensurable, tesoro, está ya el premio.


Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   25 de septiembre de 2017

569 Las claves de la sabiduría.

569   Las claves de la sabiduría.

El último fenómeno literario francés: “El alma del mundo” de Frédéric Lenoir  tiene como protagonista la crisis de valores de la sociedad actual y  la búsqueda que debe emprender el hombre para salvarse
El autor ha atendido a “El Confidencial” para presentar este libro, nos dice:
·        “Descubrí la filosofía cuando era adolescente, y más tarde viajé a la India. Leí a los grandes místicos cristianos, indios y musulmanes, y todo esto formó en mí una especie de síntesis de las claves de la sabiduría”.
El ser humano ha obtenido sus derechos, pero ahora tiene que descubrir sus deberes. Lenoir cree que esta encrucijada puede dar lugar tanto a lo mejor como a lo peor:
·        “El peor de los escenarios posibles sería aquel en el que triunfase el consumismo, en que el dinero fuese el rey, lo que daría lugar a un mundo individualista, egoísta, narcisista, donde no podríamos vivir juntos”.
·        ¿Y el mejor? Aquel que presenta como posible en El alma del mundo: Un mundo en el que iríamos más allá del consumismo para adentrarnos en una búsqueda de la vida interior en la que la persona pueda desarrollar sus capacidades. Es la época de la responsabilidad. El individuo se ha emancipado de las tradiciones y los grupos y ha conseguido sus derechos, pero ahora tiene que descubrir sus deberes hacia los demás, hacia la sociedad, hacia el planeta…”
·        “Nuestro mundo es materialista y lo que hacen falta no es más religión, sino más espiritualidad. Al individuo le hace falta más vida interior”.
Las claves de la sabiduría:
Del sentido de la vida.
Nos indica Lenoir:
·        “La idea preconcebida que comparte la mayor parte de la gente es que el ser humano será feliz si consume más objetos Lo que es una mentira, ya que debido a la lógica del consumo vamos a querer cada vez más”.
·        “Para escapar hay que pasar del “tener” al “ser”, y del “siempre más” al “siempre mejor”. 
·        “Todos conocemos mucha gente que tiene un montón de objetos que sigue siendo infeliz, agresiva y que no ha resuelto sus problemas personales”.
Los jóvenes piensan que si no tienen determinada marca de zapatillas, el último modelo de teléfono, ordenador, etc., están descalificados socialmente”.
Del cuerpo y del alma.
Lenoir señala, haciendo buena la fórmula: 
·        “Mens sana in corpore sano”,
Que no hay que despreciar ni la parte física ni la psíquica de nuestra naturaleza.
El autor cita las célebres frases de François Rabelais:
·        “Ciencia sin conciencia es la ruina del alma”
O de André Malraux:
·        “La revolución será espiritual o no será”
Oriente nos lleva hacia esa profundidad espiritual que solía tener el cristianismo, pero la religión cristiana se ha concentrado demasiado durante los últimos siglos en la exterioridad del dogma y no en la experiencia interior.
Lenoir considera que: 
·        “En el mundo en el que vivimos el valor supremo es el dinero, y que por esa razón la crisis nos ha pillado desprevenidos”.
·        “Desde el final de la Segunda Guerra Mundial no habíamos vivido un período de decrecimiento como este en el que nuestra propia situación es muy precaria y nuestros hijos seguramente ganarán menos dinero que nosotros. Por eso si nuestro único valor es el dinero, viviremos en el drama”.
Abre tu corazón. 
Aun así, Lenoir reconoce:
·        “En toda relación amorosa hay una parte de egoísmo y una de altruismo, puesto que es la lucha constante en toda pareja. Hay cosas que necesitamos y que vamos a buscar en la otra persona, que nos proporciona placer, seguridad y nos hace crecer, lo que sería una forma de egoísmo, pero al mismo tiempo le damos algo, le queremos por lo que es, tenemos ganas de que le vaya lo mejor posible. Sin embargo, dependiendo de a qué lado se incline la balanza, así marchará la relación. Las relaciones evolucionan en este equilibrio frágil“.

·        ”Cuando el altruismo es más fuerte, la pareja es cada vez más profunda y sólida. Cuando el egoísmo es más fuerte, la relación es más frágil, porque esperaremos que nuestra pareja siempre nos vaya a dar lo máximo”.
Las cualidades que debemos cultivar y los venenos que debemos desechar
Nos dice Lenoir:
·        “Que en ocasiones, nos dejamos llevar por los impulsos negativos, como pueden ser: la envidia, el odio, la injusticia o la corrupción, cuando realmente deberíamos impulsar: “lo bueno, justo y luminoso”.
·        Es decir, deberíamos impulsar: el asombro, el esfuerzo, la dulzura, el buen humor, la alegría, la jovialidad, la generosidad, el coraje…”.
·        “¿Pero no vivimos en una sociedad que premia a aquellos que peor se comportan? Es excesivo afirmar eso”
En la actualidad existen dos sistemas de valores que se enfrentan:
·        “Uno, individualista, que está destruyendo las sociedades y que defiende utilizar métodos ilícitos”.
·        “Y otro que apuesta por la justicia y la verdad, que son valores eternos y que están presentes en todas las culturas”.
Precisamente, Lenoir admite que la principal motivación para escribir este libro era mostrar que la bondad y el amor son universales, y que por ello, debemos rescatarlos en este preciso momento.
De la verdadera libertad.
¿Es el hombre libre?
Lo que necesitamos para ser libres, es enfrentarnos a:
·        “Las ideologías materialistas, consumistas, la presión de los modelos culturales”.
¿Y cómo?:
·        “Con la razón y la filosofía, trabajando con uno mismo para conocerse mejor, dominar las propias pasiones”.
Y de esa manera seremos libres. 
De la aceptación de lo que es.
La felicidad y la infelicidad se encuentran dentro de nosotros; una idea ampliamente difundida pero que no ha impedido que esta sea una de las sociedades más infelices de la historia del hombre. ¿Por qué?:
·        “Cuando abandonamos este mundo por el modernismo, ese de la felicidad individual, descubrimos la euforia de la libertad política, la posibilidad de escoger un oficio, experimentar una sexualidad libre, pero se han perdido esos vínculos de solidaridad, comunión y sentido que daba la religión. El hombre modernista debe volver a encontrar esos vínculos”.
Ello ha dado lugar a una paradoja:
·        “Hay mucha gente que a pesar de la libertad le faltan el amor y la fraternidad. Debemos intentar unir los dos”.
¿Hemos perdido más de lo que hemos ganado por el camino?
 Lenoir se lo piensa y nos dice:
·        “No quisiera vivir en un universo cerrado. Prefiero la libertad”
·        “Hay gente que no tiene esa libertad,  que vive en sociedades tradicionales y quizá sea más feliz que yo, pero no podemos renunciar a la libertad”.
·        “El gran don de la libertad”.
Del arte de vivir
En definitiva, lo que el filósofo defiende es una reivindicación de la “filosofía y la espiritualidad” más que de la religión, ya que en ella hay una dimensión colectiva e identitaria que puede crear violencia. Personalmente no estoy de acuerdo con esta afirmación por lo que lo intentare aclarar en los comentarios posteriores.
Al igual que Lenoir en su libro y El Confidencial a través de su entrevista han plasmado estas ideas de tanta importancia; yo quisiera también, dentro de esta difícil misión que ha consistido en refundir y restructurar el mensaje y la entrevista, dar a conocer ahora mi idea al respecto confrontándola con algunos de los criterios de Lenoir.
Lenoir en el marco de su filosofía presenta como una disparidad entre religión y espiritualidad. Acentúa la importancia de la espiritualidad, pero a costa de relegar la religión, dándole a ella una importancia relativa; y además acentuando, de ella, características negativas como la violencia y la pérdida de su propia identidad. Por ello, él, justifica la trascendencia de la espiritualidad. Ciertamente la espiritualidad tiene un valor importantísimo en sí mismo, pero no podemos por ello marginar la trascendencia indiscutible de la religión. Además mientras que la espiritualidad, basada en ritos y en filosofías orientales, es ambigua en la forma en que se ejercita y práctica, la religión católica por ejemplo o el cristianismo en general tiene unas raíces muy profundas, tiene un mensaje claro y contundente, tiene un personaje llamado Jesucristo, que es Dios, y que desde el Cielo vino a la tierra para efectuar la redención y  enseñarnos cuál es el Camino, que es la Verdad y quién es el Autor de la Vida. Así por lo tanto mientras que la religión cristiana es una religión con una base sólida y unos fundamentos estables y que han sido, y son, duraderos durante 2 milenios, la religiosidad oriental no tiene un fundamento claro filosóficamente hablando, ni en cuanto a lo que la religiosidad se refiere puesto que falta ese Ser superior que le daría identidad propia. En las filosofías orientales Dios no es un ser concreto, es un “personaje”: ambiguo, etéreo y difuso. El Dios oriental más que una persona es una idea, una energía, un sentimiento, el cosmos; y al igual que con ese Dios sucede con la doctrina, con el magisterio; en estas filosofías la ambigüedad prevalece. Otro dato que quiero aclarar es el carácter violento de las religiones, ciertamente en algún sector de algunas de ellas, solo algún sector del Islam en concreto, y alguna otra, se aprecia una tendencia desmesurada hacia la violencia y hacia el fanatismo que les hace perder su auténtico sentido; pero ello no se puede generalizar puesto que las religiones tienen un claro mensaje: de amor, de paz y de fraternidad; otra cosa es la torpeza, el egoísmo, la sinrazón, el afán de poder de las personas que en tantas situaciones enturbian y contaminan la realidad.

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   17 de noviembre de 2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
2 de diciembre de 2016


568 En noviembre los Novísimos

568   En noviembre los Novísimos

En los Libros Santos se llaman Novísimos a las cosas que sucederán al hombre al final de su vida, la muerte, el juicio, el destino eterno: el cielo o el infierno.
La Iglesia los hace presentes de modo especial durante el mes de noviembre.
A través de la liturgia, se invita a los cristianos a meditar sobre estas realidades.
¿Qué hay después de la muerte? ¿Dios juzga a cada persona por su vida?
El Catecismo de la Iglesia católica enseña:
·        La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo.
Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular.
En este sentido, San Juan de la Cruz habla del juicio particular de cada uno como señalando que: “A la tarde, te examinarán en el amor”. 
San Josemaría nos dice en Surco 876:
·        Cara a la muerte, ¡sereno! Así te quiero. No con el estoicismo frío del pagano; sino con el fervor del hijo de Dios, que sabe que la vida se muda, no se quita. ¿Morir?... ¡Vivir! 
¿Quiénes van al cielo? ¿Cómo es el cielo?
El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha.
San Pablo escribe:
·        "Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por pensamiento de hombre las cosas que Dios ha preparado para los que le aman". (1Cor 2, 9).
Y en cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17 encontramos:
·        Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama el Cielo.
·        Es Cristo quien, por su muerte y Resurrección, nos ha abierto el Cielo.
·        Vivir en el Cielo es estar con Cristo.
En Forja, 999 y 995. San Josemaría nos dice:
·        Mienten los hombres cuando dicen "para siempre" en cosas temporales.
Sólo es verdad, con una verdad total, el "para siempre" de la eternidad.
Y así has de vivir tú, con una fe que te haga sentir sabores de miel, dulzuras de cielo, al pensar en esa eternidad, ¡que sí es para siempre! 
·        En cambio, un gran Amor te espera en el Cielo:
Sin traiciones, sin engaños:
¡Todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia...!
Y sin empalago: te saciará sin saciar. 
Recordad la sincera y famosa exclamación de San Agustín, que había experimentado tantas amarguras mientras desconocía a Dios, y buscaba fuera de Él la felicidad:
·        ¡Nos creaste, Señor, para ser tuyos, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti!
¿Qué es el purgatorio? ¿Es para siempre?
Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. A  esto la Iglesia llama purgatorio.
Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos. Catecismo 1030-1032
¿Existe el infierno?
Significa permanecer separados de Él, de nuestro Creador y nuestro fin, para siempre por nuestra propia y libre elección. Morir en pecado mortal, sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios es elegir este fin para siempre.
La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad.
Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno:
·        "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran".  (Mt 7, 13-14). 

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   14 de noviembre de 2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 

21 de noviembre de 2016

557 La niña que predijo su muerte.

557   La niña que predijo su muerte.

En un bello relato Blanca Ruiz nos cuenta: deliciosas, enternecedoras, heroicas y a la vez tristes pinceladas de la vida de la niña María del Carmen González-Valerio. Y nos dice: María del Carmen tenía nueve años cuando murió. Actualmente es Sierva de Dios. Y durante el pontificado de San Juan Pablo II, en 1996, se abrió su proceso de canonización….
La pequeña María del Carmen era la segunda de cinco hermanos y desde que nació sufrió graves problemas de corazón.
A su padre lo mataron durante la persecución religiosa de la Guerra Civil española, cuando ella tenía tan solo 6 años.
Antes de morir, su padre pidió a su madre que dijera a sus hijos cuando fueran mayores:
·        “He luchado y dado mi vida por Dios y por España, para que se os pueda educar en una España católica donde el crucifijo presida todas las escuelas”.
La pequeña Mari Carmen rezaba cada día por los asesinos de su padre y en especial por el presidente de la Segunda República Española, Manuel Azaña.
Durante el periodo del gobierno de Azaña, desde 1931, la persecución religiosa fue especialmente dura.
Según cuentan los que siguen la causa de beatificación, Mari Carmen un día en Misa preguntó a su abuela qué significaba “entregarse”, a lo que la anciana contestó:
·        “Entregarse es darse por entero a Dios y pertenecerle completamente”.
Poco después la niña enfermó de escarlatina; enfermedad que se fue agravando con el paso de los días. La pequeña no pidió en ningún momento que Dios la salvara, sino que repetía:
·        “Que se haga Su voluntad”.
Mari Carmen sufrió mucho durante su enfermedad.
Tiempo después la pequeña afirmó:
·        “La Virgen María vendrá a buscarme el día de mi santo, 16 de julio”.
Pero cuando se enteró de que una de sus tías se casaba ese día, anunció:
·        “Moriré el día siguiente”.
Y así fue. El 17 de julio de 1939, anunció sentada en la cama, a pesar de que era una postura en la que no podía estar desde que enfermó:
·        “Hoy me voy a morir. ¡Me voy al Cielo!”
Antes de morir, estando junto con sus hermanos y su madre, la pequeña les dijo:
·        "Ámense unos a otros"
Y después, con mucha paz, murió.
Patricia Gómez Acebo, de la Asociación de Amigos de la Causa de Beatificación de Mari Carmen González-Valerio, dijo a ACI Prensa que en los últimos días de su vida, la niña intuía la presencia cercana de la Madre de Dios y los ángeles.
También afirman que en el momento de su muerte pudo escuchar el canto de los ángeles y que su partida al Padre ocurrió acompañada de la Virgen María.
A pesar de que la enfermedad la había dejado deformada físicamente, uno de sus tíos apuntó cómo su rostro se iba normalizando al momento de su muerte y que un dulce perfume emanó de su cuerpo.
Cuando Manuel Azaña murió el 3 de noviembre de 1940, un año y cuatro meses después de la muerte de Mari Carmen, el Obispo de una diócesis francesa se encontraba con el expresidente de la Segunda República española. Según declaró el Prelado posteriormente:
·        “Azaña recibió con toda lucidez el sacramento de la penitencia, expirando en el amor de Dios y con la esperanza de verlo”.
Por ello la pequeña había rezado y ofrecido sus dolores hasta la muerte.
Actualmente la causa de canonización de Mari Carmen González-Valerio se encuentra abierta y la difusión de su devoción llega a los cinco continentes.

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   21 octubre de 2016

Publicada en Diario de Burgos     21 de octubre de 2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
24 octubre de 2016


549 11-S. Muerte entre escombros y fe.

549   11-S. Muerte entre escombros y fe.

Para recordar el aniversario del 11-S contaron la historia de los Palombo, familia católica, cuyo padre fue uno de los bomberos sepultados en el 11-S y cuya madre murió años después de cáncer dejando diez huérfanos.  Sin embargo, todos ellos siguen teniendo muy presente una frase que sus padres le repetían: “Dios provee siempre”.
Los Palombo son una familia católica del Camino Neocatecumenal que viven en Estados Unidos y que permanece unida por su fe en Cristo, a pesar de que su padre perdió la vida.
No es muy común ver en la CNN testimonios de familias católicas en el que además no se hable mal de la Iglesia.
Es más, en este caso, esta televisión estadounidense hace un reportaje emotivo sobre una familia que a pesar de los reveses de la vida se ha agarrado a la fe.
La cadena televisiva CNN presentó este edificante caso en el que se ve que Dios es muy importante en la vida de los Palombo, quienes aún viven juntos, mantienen viva la fe y sobrellevan con esperanza las duras pruebas gracias a los transmitido por sus padres.
Han transcurrido 15 años del ataque terrorista en el World Trade Center de Nueva York. Aquel fatídico 11 de septiembre en el que Frank Palombo dio su vida para salvar otras, no solo como uno de los 343 valientes bomberos que murieron ese día, sino como un fervoroso católico que marcó la vida de toda su familia y su comunidad.
En 2001, después del fallecimiento de Frank a los 46 años, fue su esposa, Jean Palombo, quien tuvo que hacerse cargo de sus 10 hijos en su hogar de Brooklyn: 8 hombres y 2 mujeres que en aquel tiempo tenían entre 11 meses y 15 años.
El peor temor de Jean era que el Estado pusiera en duda su capacidad para criar a sus hijos, y por lo tanto, los separaran de ella. Sin embargo, esta madre mantuvo su fe en Dios, pensó en el amor que compartió con Frank durante 19 años y las lecciones aprendidas.
Ella repetía siempre: "Dios provee".
A pesar de las dificultades, Jean y sus 10 hijos siguieron adelante.
En 2009, 8 años después de la muerte de Frank, la familia recibió otro duro golpe: Jean fue diagnosticada con cáncer de colon.
El 8 de agosto de 2013, día en que dejó este mundo, a los 53 años les dijo Jean a sus hijos:
·        "Miren lo que hemos pasado juntos. Van a estar bien. Sean agradecidos. A veces las cosas van mal. Amen la vida, y hagan lo mejor que puedan”.
Jean murió en su casa rodeada de sus hijos y hermanos, quienes rezaron la oración del Credo durante sus últimos minutos.
Una de sus hijas, Maggie, de 13 años, dijo que experimentó una profunda paz:
·        “Mi mamá está en el cielo, yo sé que ella tiene la alegría completa, ¿qué más puedo desear para ella”.
Daniel, su hijo de 16, dijo sentirse muy afortunado de ser parte de esta familia, porque vio todo el bien en medio del sufrimiento y la partida de su madre.
Hoy en día los 10 hermanos viven en una casa de dos pisos en Ridgewood, Nueva Jersey.
Patrick, de 21, explicó que Frank y Jean:
·        “Nos inculcaron la importancia de estar juntos, comer juntos, rezar juntos...."
Los domingos, todos se reúnen para realizar la oración de la mañana. Narran también que su padre solía orar en la mesa de comedor y darle gracias a Dios por haberlo bendecido con tantos niños.
Frank se enamoró de Jean cuando se preparaba en el seminario para ser sacerdote, pero descubrió que su vocación era el matrimonio.
En 1979 se unió al cuerpo de bomberos de Nueva York y tres años más tarde se casó con Jean.
Él era un católico devoto y ella no quería tener nada que ver con la Iglesia. Sin embargo, fue a través de un retiro que Dios tocó el corazón de esta joven mujer.
“Abrió mi vida”, dijo Jean en ese momento.
Y dijo su cuarta hija, María.
·        "Descubrir que Dios la amaba le dio las fuerzas para seguir adelante, la hizo libre, le arrebató el miedo del sufrimiento".
Frank, se dedicaba a entrar a los edificios en llamas para salvar vidas, pero decia:
·        “Es aún más satisfactorio salvar el alma de una persona joven de las llamas eternas”.
Después de la tragedia, Jean se aseguró de esclarecerles a sus hijos, en todo momento, cualquier duda sobre el amor infinito y misericordioso que Dios tenía con ellos.
Ella incluso perdonó a los terroristas:
·        "El amor de Dios superó en mí este mal".
Y concluyó la hija.
·         "Eso es algo que nuestros padres nos transmitieron. Cuando hay sufrimiento, hay también alegría al final”.
Fuente: Religión en libertad.

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
13 octubre de 2016

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   17 octubre de 2016