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69 Lolo


 Articulo 

69     Lolo: Del dolor a la esperanza, de la ceguera a la luz.

Este artículo es un pequeño homenaje a Manuel Lozano Garrido: Linarense, periodista, hombre de bien. Que supo vivir: totalmente enfermo del cuerpo y vitalmente sano en el alma.
Para que la culminación de su proceso de beatificaci6n sea pronto una gratificante y estimulante realidad.
El mundo de hoy inmerso, en tantas ocasiones, en una desesperanza desconcertante, metido en rutas, caminos o autopistas que solo conducen al abatimiento, al hastío: son caminos rápidos que se recorren a velocidad de vertigo, pero que no conducen a ningún sitio, son como fuegos de artificio, aparatosos, espectaculares, deslumbrantes, pero fugaces, pasajeros que dejan en el aire solo el desolador olor de la pólvora quemada. Este mundo de hoy que vive, como digo, cada día tan fugazmente, sin que nada le deje poso, desilusionado por no saber a donde va, necesita un hombre -muchos hombres- que le ayuden como J. Pablo II, por ejemplo, a cruzar el umbral de la esperanza; necesitamos hombres de la calle que nos hablen: de grandes ideales, de proyectos nobles, de Eternidad, de Dios, No solo necesitamos Santos en los altares, que los tenemos, necesitamos “Lolos” de carne y hueso, hombres entregados, seres humanos cercanos, hombres y mujeres de hoy que lleven al mundo la garra de Dios.
No necesitamos solo predicadores de púlpito que desde el templo, recogidos en un ambiente que les favorece, nos hablen de lo humano y de lo divino, necesitamos el ejemplo -el ejemplo testimonial- de un hombre o de una mujer que desde su vida limpia nos hable de esperanza.
-Lolo, desde su incapacidad, desde la mutilación de un cuerpo maltrecho, supo dejarnos un mensaje que rompía con las endebles estructuras de lo mundano y llegaba hasta la rica inmensidad de los valores eternos.
-Lolo, desde el sagrado púlpito de su propio dolor habló al mundo de las maravillas del mundo interior.
-Lolo, desde la Cátedra, desde el Paraninfo -doctorado como estaba en el tesoro del Amor Divino, por haber obtenido sobresaliente en la difícil asignatura del dolor- nos hablo y nos habla hoy, con más fuerza aún, del auténtico valor de la única Vida.
-Lolo, hoy, desde su silla de ruedas, nos habla, con fuerza, del dulce sabor de la Esperanza.
Hoy, necesitamos jóvenes que no se dejen imbuir por la pasajera fascinación de la “fiebre del sábado noche” o de las locas noches en las que, hasta altas horas, se sumergen en las peligrosas rutas del “bakalao”. Y por el contrario necesitamos que esos mismo jóvenes, con la bravura que lleva consigo la plenitud de su existencia, nos ofrezcan el ejemplo de
su vida cotidiana llena de valores humanos. Eso también hizo Lolo, desde su juventud se fue preparando para poder decir sí a lo que Dios le iba
pidiendo, y de ese “sí”: incondicional, valiente, decidido, saco las fuerzas para decirlo, con la exigencia que Dios quería, cuando –poco después- tuvo que hacerlo para afrontar la: dura, larga y cruenta batalla del dolor.
Lolo dijo sí a Cristo y sabía que con Él tenía que llevar La Cruz, sabía que con Él tenía que recorrer, uno a uno, los peldaños de una vía tremendamente dolorosa, para llegar al terrible final de un Gólgota despiadado, en donde Él -Soberano Señor- Él, dueño absoluto de todo lo que existe ofrecería al mundo el testimonio supremo. Allí se efectuó la “reconquista del hombre”, su rescate. Y Lolo lo sabía, sabía que Cristo era así, y él si aceptaba, tenía que unirse al dolor de su Señor: pero Cristo era su amigo y no se pudo resistir a la fuerza impetuosa de una gran amistad, sabía que su Señor iba a poner, dolorosamente, a prueba la calidad, los quilates, la categoría de su amor, pero no le importaba.
Lolo dijo sí, aunque, como os decía, sabía que Cristo Jesús le quería muy cerca de Él pero le quería en el Getsemaní de una prueba que humanamente resultaría interminable. El Señor le dijo a Lolo: coge tu cruz de cada día y sígueme, coge tu silla de ruedas, coge tu cuerpo dolorido, coge tu severa invalidez, coge tu cegera, coge....
Lolo sabía, podía intuir -pues para ello estaba preparador, que o elegía a Cristo y se abrazaba con El a la Cruz, abriéndosele de esta manera un panorama inquietante: pero esperanzado, lleno de una brillante luz, pero con noches terribles de oscuridad, en donde al final la luz de la vida culminaría su existencia, o si dejaba esta opción desconsolado viviría, abatido por una mediocridad existencial que le hundiría en un atroz suplicio. Lolo escogi6 lo mejor: ¿y nosotros? ¿Seguimos tras Lolo las huellas de Cristo? ¿O por el contrario cogemos el camino rápido y cómodo, lleno de aparentes fantasías, pero infecundo, estéril, repleto del triste desaliento de lo que a nada conduce?

Publicado en Iglesia en Jaén el 17 del 5 del 1998



 Pulsar, ampliar y leer

92    Lolo y Sánchez Caballero

Lolo es un personaje excepcional en el que brilla con especial fuerza  el aroma del amor a la vida, vida ricamente fecundada por  la semilla del dolor. En Linares es un ejemplo vivo de seguimiento a Jesucristo, muchos son los que animados por el aliento de su vida vibrante han entendido el signo de una esperanza sobrecogedora, cautivadora y enriquecedora. Y entre ellos, entre estos Linarenses que han descubierto en Lolo el esplendor de su valioso mensaje está Juan Sánchez Caballero. Él, Juan, acaba  de pasar de la fugaz transitoriedad de  la vida presente, al gozo permanente de una Eternidad llena de Dios; y allí, en el cielo, ya, se habrá encontrado con Lolo. Con Lolo su amigo, su consejero, su brújula, su luz...
El abrazo, lleno de satisfacción emotiva  habrá sobrecogido a unos y a otros, y el cielo se habrá llenado de fiesta al contemplar el sincero amor de esos grandes amigos. Entiendo y creo, que en el cielo el amor adquiere la inédita cumbre de lo increíble, allí los sentidos sobran, los miembros físicos  "estorban", pero el corazón, nuestro corazón, se engrandece,  adquiere la dimensión infinita que de Dios emana y que Él gratuitamente comunica.
El cielo ya - además- cuenta con un nuevo cronista; mientras que Linares llora su ausencia, la ausencia de su juglar Sánchez Caballero y descubre el hueco que deja este hombre volcado en aportar siempre algo nuevo a nuestras ricas tradiciones, a nuestra historia, a nuestro patrimonio cultural y humano; el cielo - por el contrario- se  enriquece con un nuevo cronista, que -allí- escribirá a diario las maravillas de Dios, las maravillas de la Eternidad. Él: Juan, con su sagacidad y acompañado del buen hacer de su gran amigo Lolo deleitarán a Dios descubriendo esa anécdota, explicando ese detalle, relatando ese hecho. Y Dios con Juan y con Lolo disfrutará, descubrirá, en ellos, la realidad de la aventura del amor que hicieron vida con su vida ejemplar en la tierra y se llenará de gozo comprobando las maravillas de su obra  terrena.
Juan, lleno ya de la infinitud de  lo permanente escribirá la obra y milagros de Lolo y los presentará a Dios, para que Él mande con urgencia el llamamiento a la tierra y Lolo sea colocado en la “peana” de la santidad que todos tanto anhelamos.

Juan: querido Juan, no te duermas deleitándote en la contemplación de la maravilla de esa tu nueva vida y ocúpate, también, de que Lolo sea coronado en la tierra con la regia corona de ese santo galardón que todos esperamos. Juan,  en el cielo, Linares necesita un cronista, y Lolo tu gran amigo necesita un narrador de sus vivencias y un intercesor que acredite la bondad de sus acciones. Todos contamos contigo, vivimos contigo, necesitamos que tú nos hagas llegar las grandezas celestes de ese paraíso en el que vives. Por favor escribenos la crónica inédita de la gran aventura que acabas de descubrir. El cielo te habrá fascinado, ¿verdad? ¡Cuéntanoslo!   Un abrazo


Publicado en Diario JAÉN    20 -  12 - 1998


91  La Constitución: ¡Ya tiene veinte años! FELICIDADES

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La Constitución:
&  Ha de ser sólido y firme fundamento de la  estabilidad.
&  Ha de ser pilar robusto, columna que soporte el peso de nuestra anhelada paz. 
&  Ha de ser eslabón prioritario en la cadena de la libertad

Ha de ser:
&  Educación para el ignorante
&  Riqueza para el pobre
&  Aliento para el decaído
&  Prosperidad para el que trabaja
&  Trabajo para el desempleado

Ha de  ser, ¡Cómo no!:
&  Esperanza para tu desaliento
&  Estímulo para tus proyectos
&  Corona para tus triunfos
&  Sosiego para  tus inquietudes.
&  Seguridad para tu vida

La Constitución ha de ser:
&  Respeto mutuo
&  Comprensión
&  Solidaridad
&  Amistad

La Constitución ha de ser:
&  Potente luz, que sobresalga entre  las tinieblas de la opresión.

La Constitución ha de ser fundamentalmente:
&  Un canto a la vida: Un canto a la vida del no nacido, del mendigo, del indigente, del miserable,  del indefenso,  del que aunque nada  tiene todo lo merece por el solo hecho de  ser lo que tan dignamente es: Persona, ser humano, criatura. ¡Todos tenemos un derecho inapelable: La vida!

La Constitución ha de ser al fin:
&  Flor hermosa en  el bello jardín de nuestra querida y amada democracia



Publicado en Diario JAÉN    12 -  12 - 1998



90   Lo invisible vale la pena


El amor existe pero no se ve; la ilusión engrandece y ensancha el alma pero tampoco se ve; la esperanza nos brinda horizontes  insospechados, pero ella, aunque espléndida de  verde se vista -imitando el resurgir mágico de la primavera- tampoco se ve, pero,  sin  ella, que difícil resulta recorrer el -tantas veces- arduo camino de la vida; la ternura nos sobrecoge, nos cautiva, llena nuestra vida de algo entrañable, pero tampoco se  percibe por los sentidos; y tantas cosas como: nos apasionan, nos impulsan, nos fortalecen, nos llenan de un aliento que da a nuestra vida un toque de exquisita distinción, ¡Pero, nada de esto se ve! Aunque es evidente que no se ve, igual de evidente es que todo eso existe; existe con tal fuerza que somos en la medida que ellas son. Sin estas invisibles vivencias el ser humano sería todo menos ser humano. Sería un monstruo alejado de la dignidad que le caracteriza, sería una bestia inmunda, un ser despreciable y abominable. Cada uno de nosotros sin estos aditamentos invisibles nos repudiaríamos a nosotros mismos.

La belleza más sublime, más sobrecogedora, no la perciben los sentidos, sino que la percibe el alma, la percibe el espíritu; lo invisible de  la belleza o dicho de otra manera la belleza invisible pertenece a un estadío superior al de la belleza sensitiva. Lo que nos llega a través de los sentidos acaba al fin llevando el peso de la caducidad, lo que nace del alma: La felicidad, el amor, el gozo, la paz, la ilusión, la pasión y el cariño, son dones que como hemos dicho no se ven pero se persiguen, se  sienten, se anhelan, se buscan, se desean, se necesitan, con tal vigor que lejos de ellos el ser humano quedaría  reducido a un ser que dejaría de ser lo que es, al quitar de él lo que aunque no se ve forma parte de ese espíritu que siendo como lo es  inmaterial impulsa y mueve.
Es  cierto que sin el cuerpo, el ser humano, como tal, no se movería, no existiría, pero también es evidente que alejado de esta mencionada fuerza invisible el movimiento y  la existencia serían, sólo, la triste caricatura de una vida en plenitud. Un murciélago, un reptil, un escorpión, un insecto, se mueve, existe, vive, pero carece  de ese aliento que da a la vida del ser humano su grandeza, su supremacía y su peculiar soberanía. De  igual manera que lo más sublime, lo más excelso, es invisible y su existencia en el ámbito de su no-percepción sensible  es lo que le da la grandeza. Dios puesto que es inmensamente grande y sublime se desdibuja y desaparece de la percepción de los sentidos para existir en su plenitud y ser descubierto, con todo su esplendor, a través de los ojos del alma, el espíritu descubre la magnitud grandiosa de su Dios, de su Señor; allí, en los entresijos del alma, las excelencias de Dios aparecen con toda su majestad y también con toda su paternal ternura. Siendo Dios como es la "sal" primordial de nuestro mundo, Él: Dios como ella: la sal, cuando se saborean no se ven. ¡Prueba! ¡Saborea! ¡Descubre!...
Vive intensamente la invisible experiencia de la fe, alimenta la también, invisible fascinación de la esperanza y conduce el timón de tu vida, con el insólito ingrediente del amor: un amor invisiblemente eficaz, que siempre, siempre nos satisface positivamente y nos embriaga. 


Publicado en Diario JAÉN    20 -  11 - 1998

89  Año 1928: “El amanecer de una nueva esperanza

Lleva setenta años. Setenta años, que son el fruto inequívoco de la santidad de  un Fundador y Padre.
Setenta años que son el tesoro para unos hombres y mujeres que buscamos el claro horizonte de la verdadera libertad.
Setenta años llenos de  luz, de faro potente, de resplandores, de incandescente fogosidad.
San Josemaría fundador del Opus Dei
Setenta años de esperanza, de una esperanza embriagadora, que cruza contundentemente el umbral de lo caduco y se adentra con valentía en las bellas rutas  de la placentera eternidad.
Setenta años dichosos que hemos vivido bajo la divina protección de una Obra. Una Obra que tiene: un sello, una marca, un distintivo, un fin. Un fin: preciso, claro, nítido, contundente...
Una obra que al fin seguirá siendo fuerte: más fuerte aún, más robusta, si al llegar a los cien años sus miembros: aupados con firmeza en nuestra fidelidad a Jesucristo y su doctrina, y en la fuerza contundente del carisma recibido, seguimos diciendo, pensando y sintiendo, que: vale la pena, vale la pena, vale la pena...
Esta carta va dirigida a  los hombres y mujeres de Jaén, ¡tantos y tantos ya! Que han captado la fecundidad de la semilla de esta Obra, y viven de la rica savia del espíritu: divino y humano, que de ella emana.


Publicado en Diario JAÉN    13 -  11 - 1998

88    ¡Quiero descubrir tu primavera!



Lolo, quiero la primavera de vida entusiasta que tú me ofreces; quiero ver tu jardín y en él poder descubrir tu flor, tu rosa llena de hermosura, pero llena también, como no, de esas espinas que se clavan con fuerza en el alma: son las espinas de tu cruz. Quiero conocer  el aroma embriagador de tu virtud, probar la sal cautivadora de tu cariño, compartir contigo el sabroso ingrediente de tu virtuosa esperanza. ¡Lolo, quiero! ¡Quiero  de ti!: tu aceptación plena, tu libertad del alma, tu permanente gozo interior;  quiero tu fidelidad, tu firmeza, tu constancia  en el amor. Quiero esa "ceguera" tuya, desde la que descubriste la luz Quiero tu: "hágase", tu "Aquí estoy Señor porque me has llamado". Quiero Lolo descubrir contigo la aventura del dolor, la aventura de tu bondad, la aventura de la gracia, la aventura  de la fe, la aventura de tu Dios. Quiero tu increíble capacidad de transformar el dolor en esperanza. Con tu ejemplo: Lolo, el mundo ha de cambiar de rumbo, las estrellas han de  brillar más, el cielo tendrá que redoblar su hermosura. Porque tú, querido Lolo, has sido: brújula potente que nos orienta en el camino y amor espléndido que nos cautiva y llena de paz.



Publicada en Diario JAÉN            6 – 11 - 1998

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87  Años de juventud: Andújar 

Me viene con fuerza a la mente  el recuerdo de  unos años en los  que en España sucedieron acontecimientos trascendentes, de eso hace ya veinticinco  años. Franco era presionado por todo el mundo para que dejara la potestad, el gobierno, el "trono". Un trono que no era de la realeza: monárquico, pero era un trono de un poder  implacable, ganado en el campo de batalla y sostenido después por la fuerza arrolladora  de los acontecimientos.
En estos años: prósperos, esperanzadores, llenos de zozobra, de intentos para democratizar España; llegó la hora de Dios y bajo la contundencia de su poder quedó destronado el, en ocasiones controvertido, Jefe de todo un Estado: el rasero de la muerte no entiende de poderíos temporales, ni de Reyes, ni de Jefes, ni de riquezas.
¿Y después? Después empezó para España el periodo de la transición, período lleno de incógnitas, de interrogantes, de desafíos y de esperanzas. De esperanzas en que todo, absolutamente todo, trajera la paz, la concordia y la prosperidad; y que el obligado cambio no viniera cargado de desordenes, caos y desunión.
En aquella época, yo, era un joven universitario y junto a otros: universitarios y  bachilleres empezamos a organizar: charlas, tertulias, meditaciones, encuentros culturales, etcétera.
¿Y qué nos interesaba a los que frecuentábamos estas actividades? Nos interesaba la sociedad, la enseñanza, la ética, el ser humano, la vida con sus interrogantes... ¡Y nos interesaba: Dios! Un Dios que, entendíamos nosotros, tenía que aunar con perfección todo lo humano y lo divino. Un sacerdote don Juan Cabrero, que ya disfruta de la  presencia de ese  Dios: Sr. y dueño de todas las  perfecciones, con frecuencia nos hablaba  y  lo hacía con fuerza y con garra. Y nos hablaba de Dios y del hombre, en una sintonía perfecta y con un efecto arrollador. Nos hacía entender que Dios no nos separa del hombre, sino que  nos funde con él: en una entrañable piña de  amor. En otros casos eran tertulias o charlas organizadas por laicos, a esas tertulias y charlas de, evidente, alto nivel cultural y moral acudíamos para que nuestras inteligencias: jóvenes y apasionadas entonces, "absorbieran" el conocimiento, con el afán inquebrantable de aprender: de aprender para saber, de saber para ser.
Parroquia de San Eufrasio. Andujar
De aquel entonces unos nombres: Paco, Julio, Toni, Santiago, Paco, Juan Carlos, Eduardo, Luis Fernando y mi querido y entrañable Paco Peña, con el que comparto, aún hoy, una amistad sincera y efectiva, llena de la solidez inherente a un pasado fecundo.
Todos desde el trampolín de la universidad, hoy ocupamos un digno puesto en la sociedad. Todos -cada uno desde un lugar distinto- impregnamos de lo que aprendimos  este mundo nuestro de hoy. Y todo aquello a nosotros nos sirvió, además, para al menos embellecer: la cultura, la sabiduría, el arte, la ciencia, etcétera. Embellecer, como digo, todo eso con el ingrediente imprescindible de la trascendencia. Dios dejó en ese tiempo en nosotros el sello de un estilo de vida peculiar y quedamos marcados con el signo inequívoco de una vibrante esperanza. Esperanza que llevaba un dulce y cautivador aroma con hondo "sabor" de Eternidad.


 
Publicado en Diario JAÉN    1 -  11 - 1998

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86      “EL ÍMPETU DE UN HURACÁN”


Hace veinte años -ya- de ese 16 de octubre de 1978 en el que se renovaba, con la fuerza irresistible de una tradición viva, el rito de la fumata en la plaza de San Pedro del Vaticano, pero ese año no fue exactamente igual. Es cierto que como siempre - al fin- el humo fue blanco, pero el aire que removió ese humo no vino del occidente europeo: tradicionalmente cristiano; el  humo - más bien el impetuoso huracán- vino de Polonia; y vino lleno de presagios que auguraban ya entonces una primavera de esplendor para una iglesia que necesitaba renovar el apoyo de la roca firme, necesitaba  renovar el ancla  de la tradición y el timón de la ortodoxia;  pero que necesitaba también la sabiduría humana y divina, el talento magistral de un hombre que habiendo surgido de un país sometido a diversas pruebas: ¡Muy, muy duras! ¡Muy, muy contradictorias! ¡Muy, muy difíciles!; aunaba en su persona: vivencias, experiencias y hechos; todo ello de una época y de unas circunstancias históricas de las que podría sacar esa luz: nueva, brillante, deslumbrante y resplandeciente, que pudiera romper el hielo de tanta frialdad, el muro de tanta incomprensión, el telón vergonzoso  de tanta intolerancia.
Juan Pablo II
Un año más  en el Vaticano sonó  con firmeza inquebrantable el: “Habemus Papa”, pero esta vez el "habemus", rompió todo esquema de pronóstico fácil y quedó, en el instante, entrecortado por la emoción: Emoción mezclada con la incredulidad y una inquietante y esperanzadora expectación;  para abrirse, después del  primer sobresalto,   sobresalto divino,  a una nueva era llena de gozosa esperanza, llena de aires renovadores de la paz: en el alma y en el mundo; aires de concordia, aires en definitiva de fe: una fe  viva, valiente, profunda, comprometida...
Karol Wojtyla gracias por dejar en el mundo las delicias de Dios. La esperanza que nos dejas, cada día, es el testamento increíblemente hermoso de tú herencia, de  tú rica prolífera , genuina y peculiar herencia.
Juan Pablo II, yo me  siento heredero, orgullosamente  heredero de tu sabiduría humana y divina. De ella ha brotado, con fecundidad, en todo el mundo la vida: una bella y espléndida vida, vida en flor, vida entre las vidas, vida sellada en el horizonte con un signo luminoso y alentador: Jesucristo.


Publicada en Diario JAÉN   24 del 10 de 1998       

85    PINCELADAS de CARIÑO.

Este año la Parroquia de San Agustín de Linares  celebra su cincuenta aniversario. Cincuenta años en los que los Padres Salesianos han llenado del Auxilio maternal de María el corazón de los Linarenses, y además han proyectado el rostro amable de Cristo en las vidas de tantos y tantos jóvenes. Pues bien, por ese motivo, en estos días la parroquia ha recibido, con inédito esplendor, la visita de la Madre de Linarejos. Visita en la que ha sobresalido: el calor humano de un pueblo que ama a la Madre y el aire puro de  una espiritualidad manifiestamente rica; rica en: autenticidad, en cariño, en deseos de imitar sinceramente a Jesús por el inequívoco camino de una Madre guapa: su Madre Bendita  de Linarejos.
Parroquia de San Agustín de Linares 
Muchos han sido los detalles: detalles entrañables de familia; detalles de  un sentimiento emotivo puesto al servicio de una noble causa, de un gran ideal; detalles de un pueblo, de una ciudad que se hace una piña de fervor junto a su Patrona; detalles del arte exquisito de  la música, que en estos días han manifestado su riqueza, abundante y prolifera riqueza junto a su pueblo, junto a sus gentes, junto a su Virgen  Bendita; detalles  de gente que han ofrecido: Su generosa ofrenda, su súplica, su emotiva oración, sus lágrimas; y todo ha salido de lo más hondo de los corazones y se ha manifestado públicamente como muestra de un  amor efectivo, de un amor que necesita comunicarse; detalles de deseos de conversación, de deseos sinceros de amar más y mejor a todos...
 Virgen de Linarejos.
Nada ha sobrado ni nada ha faltado. 
Los Padres Salesianos han puesto en evidencia - grata evidencia- su tierno, real y efectivo cariño hacia la Virgen; cariño que han aprendido del ejemplar  y fervoroso testimonio de su gran Fundador. Los feligreses hemos brindado, a todos, el calor festivo de unos días de regocijo interior, hemos "prestado"  un lugar de acogida   en nuestra casa, en nuestra parroquia y lo que es más importante  en nuestros corazones. Todos hemos hecho que la parroquia de San Agustín, en estos días, se haya convertido en un foco potente de luz, de  luz que se  ha desbordado en el alma  y nos  ha llenado de paz, de una paz serena, emotiva, divina, eterna...


Pinceladas de cariño   o 
La parroquia de S. Agustín celebra sus 50 años 

Publicada en Diario JAÉN            15 – 10 - 1998
Publicada en IGLESIA EN Andalucía  15-11 - 1998




9 de Agosto de 1998    78 Aniversario de su nacimiento 


84    LOLO: LA BELLEZA DE UNA LUZ RESPLANDECIENTE




La personalidad, las cualidades,  el grado de virtud,  el deseo de  Dios, su proyección apostólica, su obra literaria, su "hágase" lleno de generosidad, su conformidad ante la adversidad, su conocimiento del Amor de Dios, fueron tan grandes que es fácil proponerse hablar y escribir de él. Lolo dejó dibujado en la tierra  el rostro amabilísimo de Dios. 
Y para ello utilizó su propia sangre. Como digo, escribir de Lolo es fácil teniendo en cuenta su riqueza interior. Su interior, su alma es un tesoro de incalculable valor. Y, de allí, se pueden sacar: hechos, vivencias, experiencias, diálogos amorosos, detalles... se puede sacar: la santidad del día a día, el dolor reiteradamente ofrecido, la ofrenda amable, la transparencia de su alma, la incandescencia de sus aspiraciones apostólicas. Y eso me propongo: entretejer, con la maestría de un humilde aprendiz, el tapiz de su vida, colocar ese detalle suyo ejemplar y vivificante en el lugar que le corresponde, para que sirva de impulso a nuestra santidad personal; quiero en el tapiz de su vida colocar lo sublime y  lo cotidiano, lo excelso y lo de cada día, lo heroico y lo que carece de brillo; y todo sin que de la impresión de una vida doble: por un lado lo humano y por otro lo divino. ¿Quisiera? ¡al menos, eso pretendo!: engarzar la preciada joya de su divina virtud con el oro de su gran humanidad; pretendo que sobre el fondo de su bello tapiz, resplandezca al unísono lo humano y lo divino; que lo humano sea la sombra de lo divino, en una sintonía perfecta de un color íntegramente conseguido y que lo divino dé la adecuada y bella profundidad a aquello que de humano y bueno hay.  Espero poder conseguir, en estas pinceladas que estoy dedicando a tan gran personaje, conciliar lo humano y lo divino. Hacer ver al que esto lee, que el mérito del actuar de este hombre de Dios es el haber encontrado el valor divino del acontecer humano.
Lolo para saltar a lo eterno, para encontrarse con Dios, coge lo que tiene a su alcance: su silla de ruedas, su cuerpo maltrecho, su pluma, su afable trato con el amigo, su "ajetreo" cotidiano. Él, como el burro de noria, da vueltas interrumpidas a la rutinaria cotidianidad, pero lo hace poniendo el condimento insustituible de su gran amor, por ello de cada vuelta, en vez de sacar la escalofriante sinrazón de una vida anodina, saca el agua con la cual no tendrá ya más sed, porque salta hasta la Vida Eterna.
¡Que genialidad la de los hombres de Dios! ¡Que genialidad más asombrosa la de los Santos! ¡Y que genialidad tan exquisita la de Lolo! Él supo sacar agua viva de la seca aridez del desierto.
--¿Y tú, qué has bebido el agua fresca que mana del manantial de su valioso testimonio?
--¿Y tú  qué te has rozado con él, obteniendo siempre el emotivo sobresalto de su candorosa sonrisa? 
--¿Y tú, qué has leído ese el libro suyo, y ese otro...?
Todos fueron escritos a fuego y condimentados con el cilicio fecundo de su pesada cruz.
--¿Y tú, como te digo, que has hecho ? ¿Qué hemos hecho?      ¿Que estamos haciendo con el caudal fecundo de su rica doctrina? ¿Que estamos haciendo con su ejemplo?
--¿Para que nos sirve su dolor: para que todo eso? ¿Nos sirve sólo para elaborar el estandarte de su santidad y crear el emblema con los claros perfiles de un hombre de Dios? ¿o además? ¿Nos sirve también, y para eso debe servir -fundamentalmente-, para adentrarnos, como él, por los caminos de la entrega? ¿Nos sirve para coger cada día la Cruz y subir con Jesús los múltiples peldaños de la vía dolorosa? 
¿Tienes la estampa de Lolo? ¡Encomiéndate a él! ¡sé perseverante en pedir! Pero ante todo no te olvides de seguir la estela luminosa de su vida: tú vida junto a la suya brillará con luz resplandeciente en el espléndido firmamento de nuestro Dios. ¡En Él, esta!: ¡la Majestad! ¡el Señorío! ¡la Sublimidad! ¡el Cariño! ¡la Ternura! y  como colofón: ¡El Amor!


Publicado en Boletín de Lolo   9 -- 1998


83                    Verano diferente ‘98

Las gentes de Granada tienen la impronta de la sublime sensatez; ¡Y ello!, Cómo fruto de la milenaria cultura que han recibido como herencia. Ellos han bebido del caudal inagotable de su riqueza histórica; y gracias a ello son capaces de organizar actividades que traspasan el umbral de los tiempos y se  adentran en el eterno firmamento de lo trascendente; y eso lo hacen por el cauce ordinario, no necesitan plagiar, ni imitar, ni copiar; porque tienen el arte, la inventiva y la capacidad de crear: bien impresa,  ¡Muy bien impresa! En el fondo de su alma.
  Verano Diferente en Sierra Nevada
Granada aúna, en tan poco espacio tantas maravillas, que su hermosura nos deslumbra y nos abruma.
En este lugar y con estas gentes es fácil que se pueda crear una obra genuina, con el sabor entrañable de lo hogareño y con el dulce sabor de lo que deja poso, porque simplemente: ¡vale la pena!
De nuevo, Sierra Nevada abrió sus puertas, en esta ocasión en el hotel Ziryab, al proyecto ambicioso de “verano diferente", un verano felizmente diferente  ¡ello,  era el fin!; un verano feliz y en familia, en donde los niños no dejarán de ser niños y disfrutarán del aíre puro de la Sierra, del aire puro de la convivencia y del aire especialmente puro del ingenio. Ingenio, por medio de unos juegos hechos con destreza, con esmero y con cariño. ¡Y todo: hasta la extenuación! Con el sobresalto de la emoción a cada instante.
¿Y los mayores? ¡Ellos! Mientras que los niños jugaban, podían convivir aprendiendo, y aprender conviviendo, a través de: audiovisuales,  trabajos en grupo, coloquios, charlas, etc. y todo ello para fortalecer los vínculos de nuestras familias. Familias que necesitan de ambiciosos proyectos, de nuevas y grandes ilusiones, de ejemplos vivos, y de una estimulante inyección de aprecio, de estímulo y de afecto.
¡Y todo ello! ¡Además! Para mantener inmaculada su imagen, la imagen: del sentido auténtico de  la familia. Imagen que algunos quieren manchar,  echando sobre ella el estiércol inmundo de su propia insensatez.
Y para llevar acabo este proyecto: un ideal, una fe y un deseo.
Un ideal importante: el amor a la familia. Tan importante, que se convierte en el motor que impulsa.
Una fe, y esta: firme e  inquebrantable, en un Dios, que diseña un universo feliz.
Y un deseo de conquistar el mundo: un deseo con garra, impetuoso...  para que a través: de la vida, de la paz, de la concordia... y a través de los valores estables: de la convivencia, del respeto y de la dignidad, el ser humano: "mujeres, hombres y niños" sean felices, ¡Muy felices! ¡Dichosamente  felices!
Y para ello, para que esta obra, esta actividad sea posible,  ¡posible y brillante! surgen: del anonimato, con un esfuerzo que sólo Dios ve, unas mujeres: Ángeles, Isabel, Julia, Estrella... y en la sombra de ese brillo, eficazmente anónimo, unos hombres: que aúnan; que impulsan; que esperan; que animan; que meten el hombro, para que el peso sea más llevadero: Juan Antonio, José Luís, Armando...
Y detrás de todo eso: una obra  ¡una Obra de Dios! Una gran obra, una obra, que por el hecho de ser, como lo es: divina y humana, tiene, y debe brillar: ¡Pero! Y eso es importante, muy importante, en lo escondido... 


Publicado en Diario IDEAL   17 -  9-   1998


82    El Auxilio de la 5ª Esperanza

Macarena
Un día de final de agosto en  Sevilla, un día veraniego, especialmente caluroso, algún termómetro llego a señalar 50º, ¡Preocupante! Muchos pasaban los 45º. Aire  irrespirable, bochorno abrumador. A la tarde las calles vacías ¡Pero yo, había llegado a Sevilla, decidido, para hacer, como peregrino, una romería de enamorado!, y ante la adversidad del calor busqué refugio en el dulce corazón de la Esperanza.


Esperanza Triana
En la Macarena encontré la fuerza irresistible de  ese primer aliento, aquello no era un simple refugio, aquello era un celeste paraíso, en donde una  bella Madre nos envuelve en su  deslumbrante hermosura. 

De allí a Triana. Un puente había hecho de nexo de unión entre las dos Sevillas: dos Sevillas pero un solo señorío; dos Sevillas pero un solo embrujo; dos Sevillas pero un solo corazón. ¡Corazón que late al unísono!  Y allí en Triana pausadamente recorrí la calle Pureza, con la nostalgia de  quien recuerda la pasión con que allí se viven los acontecimientos: el arte se respira, la devoción se palpa... y sumergido en la dulce  melancolía de tan profundos sentimientos, me encuentro súbitamente ante la sagrada imagen de  otra Esperanza. Otra Esperanza que  llena de luz cada “madrugá”. 
La O
Otra esperanza: viva, divina y encantadora. Salí de allí pensando que no hay límite en el cariño cuando:  el empuje, la fuerza... lo pone la Madre, y menos aún cuando esa Madre es de Triana y marinera... y de allí a la calle Castilla, en donde me esperaba  el encuentro con otra gran Esperanza sevillana: la O. La multiplicidad de  la esperanzada vivencia aumentaba en mí la dicha de un gozo indescriptible. Allí, la belleza y la hermosura la recogí en mi alma, para que la caldera de tan intensa vivencia estuviera encendida, en mí, durante largo tiempo.
Dejé Triana, para de nuevo en Sevilla, en San Roque, descubrir -otra vez- la estima inigualable de  la Esperanza, pero ésta, ¡además!, llena de gracia. 
Gracia y Esperanza
Tan llena de Gracia que, en breve, como tal, será coronada: coronada de Gracia y Esperanza. Yo allí, en aquel momento, adelantándome  al acontecimiento, la corone en mi alma, coloque sobre Ella  el oro puro del cariño sincero. Cariño de tantos y tantos como le aman. Y como colofón de este bello y cálido trayecto romero: La Trinidad, ¡allí! -yo- busqué, ¡sin encontrarlo!,  el quinto nombre para mi gran Esperanza. Un quinto nombre con el que Sevilla, en Semana Santa, el sábado, el duelo del día triste lo reviste del esplendor mágico de una nueva Esperanza. ¡Pero, la Esperanza allí no estaba!: ¡Me quede sobrecogido!, al no encontrar ese último refugio, esa última llama de ese amor vivo. 
Esperanza  Trinitaria
La capilla en obras impedía la soberana presencia de la Reina: Esperanza  Trinitaria. Salí del lugar cabizbajo: un poco triste, por no haber podido culminar mi esperanza romera. ¡Pero al salir!, ¡al alejarme de la Basílica!: miré hacia atrás, para mandar un beso a la escondida imagen, ¡Y allí vi: ¡Que en el cielo!, rematando el obelisco central del templo, había otra imagen: ¡Era María Auxiliadora! Recobre el ánimo, y caí en la cuenta de que la quinta Esperanza no se había perdido y venía especialmente en mi  auxilio. 
María Auxiliadora 
¡Caí en la cuenta!, de que la quinta Esperanza: era Auxilio esperanzado en la noche oscura, era Auxilio  en la adversidad, era Auxilio – especialmente -cuando la cruz se clava con fuerza en el alma. Descubrí, que para recobrar el aliento, ¡En estos casos, y siempre!, había que mirar al cielo. ¡Porque, allí en él! -como para mí hoy- esta  el maternal Auxilio de todos los cristianos. Allí está: La Reina, la Soberana, la Esperanza, la Gracia y el Amor...

En Sevilla: ¡ciudad de embrujo!, suceden estos acontecimientos singulares, que llenan nuestra alma del aliento irresistible de una esperanza: mágica, divina... y si no crees que esto puede acontecer: ¡ve! y ¡prueba! Seguro que en el cielo, de esta bella ciudad, encontrarás la causa inigualable de un  encanto embriagador.




Publicada en Diario JAÉN        14 del 9 de 1998