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69 Lolo


 Articulo 

69     Lolo: Del dolor a la esperanza, de la ceguera a la luz.

Este artículo es un pequeño homenaje a Manuel Lozano Garrido: Linarense, periodista, hombre de bien. Que supo vivir: totalmente enfermo del cuerpo y vitalmente sano en el alma.
Para que la culminación de su proceso de beatificaci6n sea pronto una gratificante y estimulante realidad.
El mundo de hoy inmerso, en tantas ocasiones, en una desesperanza desconcertante, metido en rutas, caminos o autopistas que solo conducen al abatimiento, al hastío: son caminos rápidos que se recorren a velocidad de vertigo, pero que no conducen a ningún sitio, son como fuegos de artificio, aparatosos, espectaculares, deslumbrantes, pero fugaces, pasajeros que dejan en el aire solo el desolador olor de la pólvora quemada. Este mundo de hoy que vive, como digo, cada día tan fugazmente, sin que nada le deje poso, desilusionado por no saber a donde va, necesita un hombre -muchos hombres- que le ayuden como J. Pablo II, por ejemplo, a cruzar el umbral de la esperanza; necesitamos hombres de la calle que nos hablen: de grandes ideales, de proyectos nobles, de Eternidad, de Dios, No solo necesitamos Santos en los altares, que los tenemos, necesitamos “Lolos” de carne y hueso, hombres entregados, seres humanos cercanos, hombres y mujeres de hoy que lleven al mundo la garra de Dios.
No necesitamos solo predicadores de púlpito que desde el templo, recogidos en un ambiente que les favorece, nos hablen de lo humano y de lo divino, necesitamos el ejemplo -el ejemplo testimonial- de un hombre o de una mujer que desde su vida limpia nos hable de esperanza.
-Lolo, desde su incapacidad, desde la mutilación de un cuerpo maltrecho, supo dejarnos un mensaje que rompía con las endebles estructuras de lo mundano y llegaba hasta la rica inmensidad de los valores eternos.
-Lolo, desde el sagrado púlpito de su propio dolor habló al mundo de las maravillas del mundo interior.
-Lolo, desde la Cátedra, desde el Paraninfo -doctorado como estaba en el tesoro del Amor Divino, por haber obtenido sobresaliente en la difícil asignatura del dolor- nos hablo y nos habla hoy, con más fuerza aún, del auténtico valor de la única Vida.
-Lolo, hoy, desde su silla de ruedas, nos habla, con fuerza, del dulce sabor de la Esperanza.
Hoy, necesitamos jóvenes que no se dejen imbuir por la pasajera fascinación de la “fiebre del sábado noche” o de las locas noches en las que, hasta altas horas, se sumergen en las peligrosas rutas del “bakalao”. Y por el contrario necesitamos que esos mismo jóvenes, con la bravura que lleva consigo la plenitud de su existencia, nos ofrezcan el ejemplo de
su vida cotidiana llena de valores humanos. Eso también hizo Lolo, desde su juventud se fue preparando para poder decir sí a lo que Dios le iba
pidiendo, y de ese “sí”: incondicional, valiente, decidido, saco las fuerzas para decirlo, con la exigencia que Dios quería, cuando –poco después- tuvo que hacerlo para afrontar la: dura, larga y cruenta batalla del dolor.
Lolo dijo sí a Cristo y sabía que con Él tenía que llevar La Cruz, sabía que con Él tenía que recorrer, uno a uno, los peldaños de una vía tremendamente dolorosa, para llegar al terrible final de un Gólgota despiadado, en donde Él -Soberano Señor- Él, dueño absoluto de todo lo que existe ofrecería al mundo el testimonio supremo. Allí se efectuó la “reconquista del hombre”, su rescate. Y Lolo lo sabía, sabía que Cristo era así, y él si aceptaba, tenía que unirse al dolor de su Señor: pero Cristo era su amigo y no se pudo resistir a la fuerza impetuosa de una gran amistad, sabía que su Señor iba a poner, dolorosamente, a prueba la calidad, los quilates, la categoría de su amor, pero no le importaba.
Lolo dijo sí, aunque, como os decía, sabía que Cristo Jesús le quería muy cerca de Él pero le quería en el Getsemaní de una prueba que humanamente resultaría interminable. El Señor le dijo a Lolo: coge tu cruz de cada día y sígueme, coge tu silla de ruedas, coge tu cuerpo dolorido, coge tu severa invalidez, coge tu cegera, coge....
Lolo sabía, podía intuir -pues para ello estaba preparador, que o elegía a Cristo y se abrazaba con El a la Cruz, abriéndosele de esta manera un panorama inquietante: pero esperanzado, lleno de una brillante luz, pero con noches terribles de oscuridad, en donde al final la luz de la vida culminaría su existencia, o si dejaba esta opción desconsolado viviría, abatido por una mediocridad existencial que le hundiría en un atroz suplicio. Lolo escogi6 lo mejor: ¿y nosotros? ¿Seguimos tras Lolo las huellas de Cristo? ¿O por el contrario cogemos el camino rápido y cómodo, lleno de aparentes fantasías, pero infecundo, estéril, repleto del triste desaliento de lo que a nada conduce?

Publicado en Iglesia en Jaén el 17 del 5 del 1998



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58 Lolo


Artículo Feria Linares

58      Lolo : Tras el ii aguijón ii del dolor se abre la gozosa puerta de la esperanza           
                                            
El santo no tiene que ser y no es de hecho un personaje lejano, aislado, metido en un caparazón que le hace inasequible. ¡El santo! no es un ser perfecto, desde que nace, al que no le cuesta vivir las contrariedades del hoy, del cada día; al que no le cuesta progresar en la virtud. El santo vive a nuestro lado y lo vemos caer, pero se levanta con prontitud, y lo vemos luchar a cada instante para ser mejor, para agradar, para servir, para ofrecer a los demás el semblante amable de la auténtica felicidad. ¡El santo! puede ser, y lo es en muchos de los casos, tu vecino, nuestro vecino, puede ser nuestro compañero de trabajo, nuestro amigo, nuestro hermano y si queremos, más cercano aún, podemos ser nosotros mismos.
En esta línea de santidad: cercana, amable, atractiva, contagiosa, en Linares tenemos un personaje que ya forma parte de nuestra reciente historia, de un ser lleno de bondad, entrañable, amigo de sus amigos, entregado en plenitud a la noble causa de un gran ideal. Para él alcanzar a Cristo era una meta, una “empresa” fascinante, un deseo impetuoso.
Lolo con el sufrimiento supo esculpir una obra maestra, se convirtió -a través del dolor- en artesano del amor, parecía tener el carisma para ofrecer generosamente la perenne huella que el sufrimiento dejaba en él. Dios con "despiadada crueldad” parecía cebarse sobre su hijo, predilecto entre los predilectos, a él, a Lolo, -Dios- le pidió el holocausto permanente, ¡le pidió! cada día un poco más, hasta hacer de él un “Ecce Homo” en máximo grado. Pero para que la santidad sea un hecho no solo se descubre lo que Dios pide, sino también la calidad de la respuesta que se da, la suya -la de Lolo- fue heroica. Lolo y Dios,
Dios y Lolo, llegaron a sintonizar en la onda del amor, Dios pedía Lolo daba, Dios pedía más, Lolo daba más, era un perfecto sincronismo, la compenetración más conseguida. Dios “aplastaba” a su amado hijo y el hijo entendiendo el sabio lenguaje del amor Divino respondía prontamente,
diligentemente; el “hágase” brotaba con facilidad, porque Lolo sabía que Dios siempre sabe más. Yo leí una vez que lo importante a la hora de hablar de santidad -y de entenderla- no era el “yo hago” sino el  “hágase en mí”, eso hizo María y siete espadas de dolor inmenso atravesaron su alma, pero gracias a ello recibió la excelsa corona de la maternidad Divina, eso hizo también Lolo y el aguijón del sufrimiento fue una constante, permanente, en el panorama de su vida, pero gracias a esto -son los caminos del Señor- esperamos podrá alcanzar en la tierra la gloria de los altares, gloria que ya merecidamente habrá alcanzado en el soberano Reino de su Rey y Señor Jesús.
Lolo ha sabido hacer, con su propia vida, un credo del sufrimiento, del dolor y como testamento -sellado con su propia sangre- lo dejo escrito
El dolor, para nuestro querido Lolo, era también “autopista” para llegar a Dios y esto así mismo lo dejo escrito, para que grabado en nuestra alma sirviera de estimulante bálsamo cuando la adversidad llegara a nosotros.
Siempre he pensado que el ser humano que entiende el valor sagrado de la cruz, está más capacitado para descubrir el panorama de la resurrección.
Por eso cuando el dolor se ofrece a Dios, no resignadamente como si fuésemos víctimas de un infortunio desafortunado, sino generosamente, la paz inunda el alma; esa paz era la que transmitía la vida de Lolo, a su lado se respiraba el, aire puro de la concordia, a su lado se dibujaba en el horizonte el rostro amabilísimo del gozo imperecedero. Para él alguien escribió: “Un bravo para los hombres que unen”, cualquiera hoy podría decir: ¡ole!, al hombre que con la bravura –de castiza raza- que da la fuerza del amor, ha conseguido remover el corazón de tantos hombres”,  ha sabido unir fuertemente, construir una cadena de solidaridad en la cual cada eslabón llevaba el sello de su dolor, de su “hágase” incondicional, y eso no se rompe, nunca se puede destruir lo que se construye sobre la robusta roca de una vida santa.
Su silla de ruedas es una muestra de cómo él sin andar hizo camino, no hizo camino al andar, sino que como digo precisamente sin andar, en el sentido físico, con su silla de ruedas fue capaz de recorrer el inmenso firmamento que con Dios pudo descubrir, él pudo hacer miles de kilometros por las “autopistas” de Dios, el rompió con su fe las ataduras de lo humano y se introdujo en la indescriptible dimensión de un Dios que ama. Cogido a su silla de ruedas descubrió la formula l de un corazón acelerado por el amor, el freno de su silla de ruedas no podía frenar el caudal veloz de sus deseos de querer. Lolo convirtió su silla de ruedas en el trono de su santidad personal. En la peana, junto a él, podría aparecer “su silla” como signo de su identificación con Cristo.
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Dios –además- permitió la deformación de todo su cuerpo para que en el solo brillara la luz intensa de su vivir Divino, y dispuso también, dentro de su providencial plan de salvación que quedara ciego para que viviera descubriendo y dando -como hizo- el tesoro escondido en los entresijos de su corazón enamorado, no necesitaba ver, ni podía ya ver porque había quedado fascinado por la “Luz”, había sido sobrecogido por el ímpetu sobrehumano del resplandor Eterno.

Publicado en Diario Jaén el 28 del 8 de 1997




222    LOLO: Escritor, enfermo y Santo


Hace muchos años un amigo me dijo hay unos libros estupendos escritos por Manuel Lozano Garrido, léelos y te entusiasmaras; así lo hice y la verdad es que encontré un nuevo aliento de vida, una nueva vibración, un nuevo entusiasmo. Años después otro amigo me dijo: ¿porque tú que tienes habilidades para escribir no escribes sobre la vida de Lolo? y empecé a escribir y no me resultó difícil porque Lolo tiene grandes escritos, grandes mensajes y un gran tesoro: humano y espiritual y sobre ellos es fácil escribir. 
En otra ocasión una persona me dijo: Lolo tiene un mensaje estupendo que conviene transmitir y me puse manos a la obra y así, poco a poco,  fueron sucediendo los acontecimientos que me acercaron a la vida de esta increíble persona: Lolo. Lolo es una persona ejemplar al cual vale la pena imitar, descubrir, interiorizar, meditar. Y ahora para Linares y para la Iglesia entera llega el gran acontecimiento. Lolo va a ser beatificado. Gran acontecimiento para la historia de la ciudad, gran acontecimiento para nuestra tierra de Jaén. Y de nuevo me encontré con un amigo, un gran amigo: Juan Miguel Gascón Álamo y me dijo hay que preparar una exposición que refleje fidedignamente la vida de Lolo y cuento con tu colaboración. De nuevo la historia de nuestro personaje y una petición. Y en este caso la petición me venía de un gran amigo Juan Miguel. El era, junto con su esposa Mari Carmen Gallego, el encargado de preparar esta gran exposición. Había que preparar una  exposición que diera a  nuestro personaje la identidad precisa: ante todo la santidad. El mensaje de Lolo es un mensaje de santidad, un mensaje de hombre de bien, un mensaje de escritor que escribe para transmitir la enseñanza del Señor Jesús. En estos tiempos en que impera la superficialidad, tiempos en los que huimos de las dificultades, en las que huimos del dolor, en las que nos alejamos del sufrimiento, en esta época Lolo nos dice: "aprende a sufrir amando y aprende a amar sufriendo. Aprende a amar y aprende a sufrir. Sufrir y amar no son incompatibles. Yo cada día aprendo el camino de mi amor siguiendo las huellas del sufrimiento. No puedo amar sin sufrir ni sufrir sin amar". Juan Miguel, Carmen de nuevo me habéis unido a la vida de Lolo y yo os lo agradezco porque la vida de Lolo es un ejemplo muy válido para vivir con sentido positivo una vida que a veces puede resultar muy difícil y penosa. Gracias Lolo tu testimonio de amor, de cariño hacia los demás, de valentía ante la adversidad, de saber mirar al cielo, es un testimonio muy válido en estos tiempos de ambigüedades, en estos tiempos en los que el placer infecundo ahoga nuestras vidas.

  

Publicada en el diario Jaén el día 13 de mayo 2010


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221    Un nuevo beato de Linares

www.diariojaen.es Domingo, 2 de Mayo de 2010
Cartas de los lectores 

Desde Linares. Durante los próximos días en Linares se hablará de un personaje singular: Manuel Lozano Garrido denominado por todos con mucho cariño: Lolo. No es una cosa habitual que en una ciudad se celebre una beatificación pero Linares de nuevo haciendo gala de su talante de ciudad, con valores humanos y espirituales, ha tenido la gran suerte de dar acogida a esta celebración.
Lolo
Los ciudadanos de Linares tenemos mucho que aprender de Lolo: su enseñanza, su mensaje, sus escritos, su vida, su resistencia al dolor son valores que hacen de él un personaje muy especial. De Lolo emana el olor de la santidad. Los hombres que han estado muy cerca de Dios tienen un carisma muy especial y eso sucede con nuestro querido amigo. Yo durante mucho tiempo he leído y he escrito sobre Lolo, para mí no es un personaje anónimo, y sí por el contrario un personaje apasionante. Muchos como él hicieron del dolor un camino para llegar al cielo. Ese fue el camino de Lolo, un camino lleno de aspereza, lleno de dificultades, lleno de espinas. Dios permite que determinadas personas sufran de una manera especial y que encuentren en el dolor su herramienta de trabajo, su quehacer diario, el pan de cada día. Lolo supo sufrir y supo amar, supo amar sufriendo o supo sufrir amando. El camino de su vida: el sufrimiento, el fin de su vida: el amor. Lolo cogió su silla de ruedas y se encadenó a ella y encadenado hizo de su vida una gran ofrenda a su Creador e hizo también que su ejemplo sirviera de generación en generación. En estos días se está preparando, con el motivo de su beatificación, una Exposición con todo aquello que tiene relación con la vida de Lolo: sus libros, sus enseres, sus cuadernos, sus cosas más íntimas y personales que pueden servirnos para conocer a este hombre santo. La exposición estará situada en el colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón, desde el día 15 de mayo hasta el día de su beatificación. La dirección de dicha exposición estará a cargo de Juan Miguel Gascón Álamo. Por lo tanto tenemos una oportunidad para poder contemplar todo aquello que nos acerque al personaje singular, al hombre de Dios, al cristiano: auténtico, convencido, íntegro. En estos tiempos en los que no está de moda ser cristiano, Lolo nos dice con su vida y con sus escritos que ser cristiano vale la pena. Vale la pena, vale la pena, vale la pena. Palabras estas que oí reiteradamente a otro hombre santo, a otro santo que ha llenado el mundo con sus enseñanzas sobre la santidad. Señor ayúdame a seguir el mensaje de Lolo, a seguir sus enseñanzas, a seguir su vibración apostólica, a seguir su ejemplo, a seguir su capacidad de trabajo, a seguir su capacidad de amar. Amar, amar, amar, este es el gran secreto. Amar a Dios y amar a la persona, a todas las personas.
RAFAEL GUTIÉRREZ AMARO




Publicado en www.diariojaen.es


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Articulo 

El fue un hombre que supo, quiso y pudo ofrecer a Dios su constante dolor, el dolor de una larga y penosa enfermedad;  y fue un hombre que, a su vez, supo vivir inmerso en la alegría;  alegría que entrego a los demás como ofrenda a un Dios que a pesar de todo sabia que le amaba. Es el ejemplo de un gran hombre.

135     Lolo :

“Un Linarense, un escritor y un hombre ejemplar”

El 3 de noviembre de 1971 Lolo voló muy alto, como ave que había nacido para disfrutar del contacto con las estrellas,  como "ciego" que necesitaba el resplandor de  la luz.  Se fue impetuosamente, como hijo que esperaba el tierno encuentro con su Eterno Padre; se lanzó al paraíso como hombre santo que conocía la trascendencia de la virtud y deseaba con toda la fuerza de su alma dar el salto desde la esperanzada espera: virtud pasajera, al vértice incuestionable del existir que está en la caridad: virtud permanente, eternamente permanente.
Lolo ya había exprimido el caudal de la fe, había colmado su vivencia de la esperanza, sabiendo hacer de su espera un sabroso acontecimiento, y ya necesitaba en el paraíso de los elegidos de Dios vibrar intensamente, como lo había hecho cada día en la tierra, con su Divino Amor.
Lolo recibiendo la Comunión
¡Y así! Así se  nos fue, se nos fue  paladeando el cáliz del dolor, pero gozando dichosamente de la espera, porque sabía que con el valioso "billete" de su gran esperanza "compraría" al fin su paso dichoso a la Eternidad. Con las alas de la virtud Lolo voló, con su fe imperturbable Lolo subió, colocando su existir en el celeste firmamento, lugar en el que uno no solo existe si no que, allí, ya uno es, adquiere la sublime categoría del ser que solo de Dios procede y solo Él otorga.
Lolo como todos los Santos entendió que Dios le había llamado, pero a él, no para aventuras deslumbrantes, no para vivencias sobrecogedoramente emotivas, Dios a Lolo lo sacó de cuajo, separándolo de la vivencia de toda clase de placeres y lo colocó junto a Él: En el pináculo de la cruz. Lolo pudo renegar de su condición de: "esclavo del dolor" y huir de Dios, buscando cobijo en las frondosas estepas de otros  placeres menos espirituales; Lolo pudo intentar escapar, abandonar a Dios y destituirle -en su interior- de su soberanía, por haber hecho de él un Santo Job de este siglo XX. Muchos con su dolor hicieron eso, abandonaron a su Dios y con ello compraron, no la gloria, pero sí mercancías perecederas que le traerían -momentáneamente- un poco de fugaz felicidad, pero que al fin dejarían en ellos una atroz y cruel desesperanza. Él pudo pero no quiso, no quiso cambiar la Eternidad por baratijas caducas y pasajeras; no solo no quiso, sino  que se  abrazo a la Cruz y acompañó a su Señor con el deseo inquebrantable de aliviar el duro peso de  la cruz de su Amado.
Lolo el dolor lo supo transformar en contagiosa alegría; Lolo reconvirtió su ceguera y de ella extrajo el rico tesoro de  la espléndida y maravillosa luz; Lolo cogió el desánimo, la desilusión y lo transformó en esperanza, esperanza: vital, activa y efectiva; Lolo cogió su tristeza, su pena y la transformó en fiesta, fiesta para su alma, fiesta emotiva para sus gentes y fiesta espectacularmente grande para todos; Lolo cogió su vida anodina  y rutinaria y la transformó en un viaje fascinante por parajes increíblemente bellos, sus escritos son valiosos testimonios de esa fascinación viajera; Lolo cogió su inmovilidad, su dolor y con ella voló por lugares cautivadores, lugares repletos: de ensueño, de esplendor, de belleza, de hermosura, de Dios...
Lolo hizo eso ¡quiso! ¡Supo! ¡Pudo!  ¿Y nosotros que hacemos? ¿Que pretendemos llegar a ser? : ¿Mediocres revestidos de  vulgaridad?
¿Cobardes llenos de estériles miedos y  de perezosos o raquíticos proyectos? o ¿santos: inmersos en Dios, llenos de Dios, ansiosos de Dios? 

Publicado en Boletín de Lolo       12-1999

El placer de escribir

  • El Beato José María Escrivá de Balaguer, hoy es San Josemaría 
  • Lolo es hoy Beato Manuel Lozano Garrido



133  Las raíces de un escritor


     
Después de varios años de trabajo intenso, de varios años en los que la escritura: el dulce placer de plasmar por escrito lo que se siente, lo que se piensa, lo que se hace, lo que se ama; ocupa un lugar importantísimo en mi ser. Ya, puedo decir, sin el temor de ser considerado un ingenuo, que escribir es para mí algo más que un fugaz y repentino entretenimiento. ¡Ya!, escribir es para mí como una forma especialmente bella de existir, como un modo genuino y peculiar de ser, como una pasión que necesita expandirse, extenderse, comunicarse. No es algo efímero, insustancial; es algo tan profundo como hermoso, tan valioso como real, tan extraordinario como cotidiano, tan necesario como placentero...

Y en ese camino recorrido: publicados, un centenar -largo- de artículos de prensa, en forma -la mayoría- epistolar. En ellos el alma deja descubrir a los demás: algo de su vibración interior; algún sucedido de este mundo nuestro, tan llenos: de contrastes, de hechos cotidianos, de  vida, de...
También, ese puzles que configura mi "creativa" obra escrita lo componen varios cientos de cartas personales, escritas con el corazón y de las que soy consciente: de que han calado en el sentir, y en el ser de aquellos a los que iban dirigidas. De ellas, sobre todo,  me siento muy, muy orgulloso.
Pues bien, en ese panorama personal como escritor, hay varias personas que han impulsado  mi acción; que han sido, en gran parte, causantes de  que en mí prendiera la llama  de este vehemente deseo literario, que hoy invade mi ser.
El primero: El Beato José María Escrivá de Balaguer, insigne personaje de en nuestra teoría actual; admirable sacerdote, que ha llenado el mundo del perfume embriagador de  su  cautivadora doctrina: la doctrina de un Jesús: vivo, real, cercano, divino...
Este gran hombre escribía: "A pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la humildad  es la verdad..., sin  garabato), querría escribir unos libros de fuego que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey." [1]
En segundo lugar, otro personaje en el que pude encontrar un apoyo moral para seguir, con ilusión, por este camino literario fue y es Lolo: un Linarense, escritor y periodista; un cristiano; un hombre de bien; un ejemplo de abnegación, trabajo y sacrificio. Él, escribía esta frase, que resume el porqué de su vibrante labor literaria: "Ahora, de pronto, al fin  caigo  y digo aprisa la razón de este impulso que cada mañana me lleva a escribir y que no es más que  la necesidad de ir ensanchando la semilla de eternidad que Dios puso en mi secreto de  hombre." [2]
Por otro lado, entre esas personas están: mi padre, al que tan gratamente procuro devolverle el valioso tesoro de ciencia, de ejemplo, de virtud que de él he recibido. También mi querida: Julia que se esmera en retocar una y otra vez la obra escrita para darle – siempre- el " brillo " adecuado. Y están mis amigos; un ejemplo de ellos, es José Luis, que supo decirme en el momento adecuado:
¡ tu, sí quieres, puedes! Y Juan Miguel, que desde su cátedra: tan llena de cultura, como de valía personal, me lee habitualmente; dándome ese incondicional ánimo, que todo ser humano necesita.
Y para finalizar, entre esos personajes que han impulsado mi labor literaria estas tú: Querido lector, tú, desde el anonimato, haces que
yo sienta el fuerte deseo de seguir escribiendo.
¡Y por qué con fuerza lo siento, con fuerza lo hago! A todos: gracias.

Publicado en Diario JAÉN     27 - 12 - 1999



[1] Apuntes íntimos. 7 de agosto de1931

[2] Las estrellas se ven de noche.




92    Lolo y Sánchez Caballero

Lolo es un personaje excepcional en el que brilla con especial fuerza  el aroma del amor a la vida, vida ricamente fecundada por  la semilla del dolor. En Linares es un ejemplo vivo de seguimiento a Jesucristo, muchos son los que animados por el aliento de su vida vibrante han entendido el signo de una esperanza sobrecogedora, cautivadora y enriquecedora. Y entre ellos, entre estos Linarenses que han descubierto en Lolo el esplendor de su valioso mensaje está Juan Sánchez Caballero. Él, Juan, acaba  de pasar de la fugaz transitoriedad de  la vida presente, al gozo permanente de una Eternidad llena de Dios; y allí, en el cielo, ya, se habrá encontrado con Lolo. Con Lolo su amigo, su consejero, su brújula, su luz...
El abrazo, lleno de satisfacción emotiva  habrá sobrecogido a unos y a otros, y el cielo se habrá llenado de fiesta al contemplar el sincero amor de esos grandes amigos. Entiendo y creo, que en el cielo el amor adquiere la inédita cumbre de lo increíble, allí los sentidos sobran, los miembros físicos  "estorban", pero el corazón, nuestro corazón, se engrandece,  adquiere la dimensión infinita que de Dios emana y que Él gratuitamente comunica.
El cielo ya - además- cuenta con un nuevo cronista; mientras que Linares llora su ausencia, la ausencia de su juglar Sánchez Caballero y descubre el hueco que deja este hombre volcado en aportar siempre algo nuevo a nuestras ricas tradiciones, a nuestra historia, a nuestro patrimonio cultural y humano; el cielo - por el contrario- se  enriquece con un nuevo cronista, que -allí- escribirá a diario las maravillas de Dios, las maravillas de la Eternidad. Él: Juan, con su sagacidad y acompañado del buen hacer de su gran amigo Lolo deleitarán a Dios descubriendo esa anécdota, explicando ese detalle, relatando ese hecho. Y Dios con Juan y con Lolo disfrutará, descubrirá, en ellos, la realidad de la aventura del amor que hicieron vida con su vida ejemplar en la tierra y se llenará de gozo comprobando las maravillas de su obra  terrena.
Juan, lleno ya de la infinitud de  lo permanente escribirá la obra y milagros de Lolo y los presentará a Dios, para que Él mande con urgencia el llamamiento a la tierra y Lolo sea colocado en la “peana” de la santidad que todos tanto anhelamos.

Juan: querido Juan, no te duermas deleitándote en la contemplación de la maravilla de esa tu nueva vida y ocúpate, también, de que Lolo sea coronado en la tierra con la regia corona de ese santo galardón que todos esperamos. Juan,  en el cielo, Linares necesita un cronista, y Lolo tu gran amigo necesita un narrador de sus vivencias y un intercesor que acredite la bondad de sus acciones. Todos contamos contigo, vivimos contigo, necesitamos que tú nos hagas llegar las grandezas celestes de ese paraíso en el que vives. Por favor escribenos la crónica inédita de la gran aventura que acabas de descubrir. El cielo te habrá fascinado, ¿verdad? ¡Cuéntanoslo!   Un abrazo


Publicado en Diario JAÉN    20 -  12 - 1998


88    ¡Quiero descubrir tu primavera!



Lolo, quiero la primavera de vida entusiasta que tú me ofreces; quiero ver tu jardín y en él poder descubrir tu flor, tu rosa llena de hermosura, pero llena también, como no, de esas espinas que se clavan con fuerza en el alma: son las espinas de tu cruz. Quiero conocer  el aroma embriagador de tu virtud, probar la sal cautivadora de tu cariño, compartir contigo el sabroso ingrediente de tu virtuosa esperanza. ¡Lolo, quiero! ¡Quiero  de ti!: tu aceptación plena, tu libertad del alma, tu permanente gozo interior;  quiero tu fidelidad, tu firmeza, tu constancia  en el amor. Quiero esa "ceguera" tuya, desde la que descubriste la luz Quiero tu: "hágase", tu "Aquí estoy Señor porque me has llamado". Quiero Lolo descubrir contigo la aventura del dolor, la aventura de tu bondad, la aventura de la gracia, la aventura  de la fe, la aventura de tu Dios. Quiero tu increíble capacidad de transformar el dolor en esperanza. Con tu ejemplo: Lolo, el mundo ha de cambiar de rumbo, las estrellas han de  brillar más, el cielo tendrá que redoblar su hermosura. Porque tú, querido Lolo, has sido: brújula potente que nos orienta en el camino y amor espléndido que nos cautiva y llena de paz.



Publicada en Diario JAÉN            6 – 11 - 1998

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9 de Agosto de 1998    78 Aniversario de su nacimiento 


84    LOLO: LA BELLEZA DE UNA LUZ RESPLANDECIENTE




La personalidad, las cualidades,  el grado de virtud,  el deseo de  Dios, su proyección apostólica, su obra literaria, su "hágase" lleno de generosidad, su conformidad ante la adversidad, su conocimiento del Amor de Dios, fueron tan grandes que es fácil proponerse hablar y escribir de él. Lolo dejó dibujado en la tierra  el rostro amabilísimo de Dios. 
Y para ello utilizó su propia sangre. Como digo, escribir de Lolo es fácil teniendo en cuenta su riqueza interior. Su interior, su alma es un tesoro de incalculable valor. Y, de allí, se pueden sacar: hechos, vivencias, experiencias, diálogos amorosos, detalles... se puede sacar: la santidad del día a día, el dolor reiteradamente ofrecido, la ofrenda amable, la transparencia de su alma, la incandescencia de sus aspiraciones apostólicas. Y eso me propongo: entretejer, con la maestría de un humilde aprendiz, el tapiz de su vida, colocar ese detalle suyo ejemplar y vivificante en el lugar que le corresponde, para que sirva de impulso a nuestra santidad personal; quiero en el tapiz de su vida colocar lo sublime y  lo cotidiano, lo excelso y lo de cada día, lo heroico y lo que carece de brillo; y todo sin que de la impresión de una vida doble: por un lado lo humano y por otro lo divino. ¿Quisiera? ¡al menos, eso pretendo!: engarzar la preciada joya de su divina virtud con el oro de su gran humanidad; pretendo que sobre el fondo de su bello tapiz, resplandezca al unísono lo humano y lo divino; que lo humano sea la sombra de lo divino, en una sintonía perfecta de un color íntegramente conseguido y que lo divino dé la adecuada y bella profundidad a aquello que de humano y bueno hay.  Espero poder conseguir, en estas pinceladas que estoy dedicando a tan gran personaje, conciliar lo humano y lo divino. Hacer ver al que esto lee, que el mérito del actuar de este hombre de Dios es el haber encontrado el valor divino del acontecer humano.
Lolo para saltar a lo eterno, para encontrarse con Dios, coge lo que tiene a su alcance: su silla de ruedas, su cuerpo maltrecho, su pluma, su afable trato con el amigo, su "ajetreo" cotidiano. Él, como el burro de noria, da vueltas interrumpidas a la rutinaria cotidianidad, pero lo hace poniendo el condimento insustituible de su gran amor, por ello de cada vuelta, en vez de sacar la escalofriante sinrazón de una vida anodina, saca el agua con la cual no tendrá ya más sed, porque salta hasta la Vida Eterna.
¡Que genialidad la de los hombres de Dios! ¡Que genialidad más asombrosa la de los Santos! ¡Y que genialidad tan exquisita la de Lolo! Él supo sacar agua viva de la seca aridez del desierto.
--¿Y tú, qué has bebido el agua fresca que mana del manantial de su valioso testimonio?
--¿Y tú  qué te has rozado con él, obteniendo siempre el emotivo sobresalto de su candorosa sonrisa? 
--¿Y tú, qué has leído ese el libro suyo, y ese otro...?
Todos fueron escritos a fuego y condimentados con el cilicio fecundo de su pesada cruz.
--¿Y tú, como te digo, que has hecho ? ¿Qué hemos hecho?      ¿Que estamos haciendo con el caudal fecundo de su rica doctrina? ¿Que estamos haciendo con su ejemplo?
--¿Para que nos sirve su dolor: para que todo eso? ¿Nos sirve sólo para elaborar el estandarte de su santidad y crear el emblema con los claros perfiles de un hombre de Dios? ¿o además? ¿Nos sirve también, y para eso debe servir -fundamentalmente-, para adentrarnos, como él, por los caminos de la entrega? ¿Nos sirve para coger cada día la Cruz y subir con Jesús los múltiples peldaños de la vía dolorosa? 
¿Tienes la estampa de Lolo? ¡Encomiéndate a él! ¡sé perseverante en pedir! Pero ante todo no te olvides de seguir la estela luminosa de su vida: tú vida junto a la suya brillará con luz resplandeciente en el espléndido firmamento de nuestro Dios. ¡En Él, esta!: ¡la Majestad! ¡el Señorío! ¡la Sublimidad! ¡el Cariño! ¡la Ternura! y  como colofón: ¡El Amor!


Publicado en Boletín de Lolo   9 -- 1998