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587 Sevilla huele a Semana Santa.

587   Sevilla huele a Semana Santa.

En Sevilla en primavera florece con cautivadora belleza la Semana Santa.
El calor es intenso.
El olor a azahar se descubre en sus calles.
La bulla circula impaciente.
Una bulla infatigable que todo lo llena.
Es un sin parar motivador.
La mayoría buscan en la calle a Cristo y a su Madre; es la búsqueda impaciente de unos hijos que anhelan el encuentro con los suyos.
¡Y otros!:
·        Otros buscan el arte.
·        Otros la belleza.
·        Otros la tradición.
·        Otros un sinfín de detalles.
·        Otros una flor.
·        Otros un rostro, una lagrima, un semblante.
·        Y todos buscan algo suyo:
Algo muy, muy suyo: su esencia, su yo, su vida. 
El colorido en estos días es intenso.                                             
El fervor se respira.
El corazón se estremece.
El alma se  ensancha.
El amor se expande.
La emoción se vive.
El sentimiento aflora.
Y a Dios se le palpa.
Pasa cerca, muy cerca.
La hermandad y su unidad nos deleitan.
El cielo azul llena de belleza extrema este paisaje inigualable.
De cada rincón brota un manantial exuberante de vida plena.
Son muchos los lugares por los que Cristo y María pasan:
·        Balcones, ventanas, azulejos, esquinas, portales.
Todo engalanado.                                       
·        Y además en ellos: limpieza, blancura, esmero, amor.
Mucho, mucho, mucho amor.
La gente reza.
Se respira profundo, hondo.
El lamento se hace presente en la boca y en el corazón de muchos.
La oración se palpa.
El murmullo silencioso llena la calle.
Todo huele a lindo perfume.
Y un cumulo de sensaciones nos inundan.
Y en esas calles, todos haciendo piña.
La saeta, sin partitura, rota, se oye a lo lejos.
El Señor pasa de nuevo.
Alguien balbucea: ¿Es el mismo o es otro?
Y una voz entrecortada responde: Es el Señor: ¡El Señor de la vida!
No cabe ni un alfiler.
¡Pero tampoco cabe: un dolor, ni una tristeza!
Si cabe por el contrario: la pena. ¡Pero una pena! rellena de esperanza.
Si cabe el lamento, pero un lamento: sin desilusión, sin desanimo.
Y llenándolo todo, cabe: la alegría, una alegría reflexiva, meditada; y una alegría festiva, bien anclada en la fe.
Una alegría brillante.
Una emoción.
Una dicha.
Una paz.
Un deseo cumplido.
Una promesa.
Un algo sinigual.
Un Dios que pasa, pasa y pasa.
Una melancolía.
Un hola y un adiós: una vida.
Y calma, mucha calma….
Y mientras continúa el cortejo procesional.
La Cruz de Guía se va abriendo paso.
Los miles de nazarenos, con sus cirios encendidos, dejan en el lugar un regusto de tradición añeja.
A su vez el incienso nos deja en el ambiente un peculiar paisaje.
El suave pero profundo olor llama a la oración, es en sí mismo una oración viva.
Cristo con su cruz a cuestas se acerca.
Jesús sufre.
Él, se acerca en ese primer paso impresionante y en perfecta sintonía.
El Cirineo le ofrece ayuda, Jesús la agradece.
El paso se acerca despacio con el rachear sincronizado de sus costaleros.
No cabe más perfección, no cabe más cariño, no cabe más amor.
La semana Santa nos ofrece, en las calles, un clima de gran amor a Jesús.
De un amor verdadero y profundo, dé un amor entusiasta.
Y detrás los penitentes que cargan con sus cruces.
Una, otra, otra. Son cientos y cientos de cruces.
Peticiones, deseos, necesidades, agradecimientos.
Son cofrades anónimos que un año más quieren estar muy cerca de su Señor.
Y detrás, acompañada de un bello e interminable séquito, María.
El capataz golpea el llamador con fuerza. Tres golpes secos.
Y se oye una voz: ¡Al cielo con ella!
Y la Virgen sube por amor.
El amor de sus costaleros lo hace posible.
La candelería se estremece.
El bello palio dibuja su hermosa silueta entre las estrellas del firmamento.
Es un instante, pero un instante de belleza sin igual.
Y detrás la música.
Esa música que entrelaza lo humano con lo divino.
Y con la música el adiós.
Ese triste adiós que nos deja perplejos, pero que va acompañado de un fuerte color a esperanza.
Esa esperanza que no defrauda y que nos acompañará todos los días por esos caminos de la vida.
Esa esperanza que nos deja atónitos cuando la vemos en los bellísimos ojos de la Macarena o de la Trianera o de la Esperanza Trinitaria o de la O
Y con esa esperanza decimos adiós, un corto adiós.
Pues justamente dentro de once meses se abrirá de nuevo el portón del teatro Maestranza; y de nuevo el  pregonero, pregonera de una manera entusiasta el caminar de Jesús y de la Virgen María por las bellas y engalanadas calles de nuestra querida Sevilla.
                                                                                                         

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   19 de abril de 2017  

508 A la Macarena.

508   A la Macarena.

“Te fuiste para cuatro días y tardas siete en volver madre mía Macarena no nos lo vuelvas a hacer” 
En la calle Parra de Sevilla hay unos azulejos que nos hablan de Marta Serrano, la Saetera. Allí vivía y allí cada año se paraba la Macarena a escuchar su saeta.
Estos azulejos pertenecen a las saetas de 1964 que le cantó en el camino a la Coronación Macarena.
Coronación que se iba a celebrar en la Plaza de España, pero las inclemencias del tiempo no acompañaron y se celebró en la Catedral. Debido a que seguía lloviendo la Macarena se tiró una semana en la Catedral, lo que provocó que los macarenos regañaran cariñosamente a su Virgen con aquella saeta.
Y ahora la repito como recordatorio del cariño de estos castizos hijos de Sevilla. Buenos hijos, que con un amor apasionado saben querer a la Madre, y saben expresarlo bella y fervorosamente, haciendo de esas palabras: un cántico vibrante, una oración encendida, un lamento lleno de vida y de pasión:
·        “Te fuiste para cuatro días y tardas siete en volver madre mía Macarena no nos lo vuelvas a hacer”. 

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
20 de julio de 2016.




460 El fervor Macareno de la calle Parras.

460   El fervor Macareno de la calle Parras.

La calle Parras debe su nombre a este arbolado singular que abundaba en los muchos huertos que se ubicaban en el barrio de los Macarios. Populoso barrió este, que es el de la Macarena, y que en esta mañana de Viernes Santo se engalana con aires marianos para esperar a la Virgen de la Esperanza.
La calle Parras va de Relator a Escoberos. Y parece una Vía Romana por donde las más insignes legiones de la Roma Imperial escoltaban con belleza y esplendor inigualable al Señor de la Sentencia y a su Santa y queridísima Madre.
Una calle de trazado recto, en una vía que se llamaba así, Parras, ya en el lejano siglo XV. 
En el “Nº 36” nos recuerda un azulejo que allí nació Juanita Reina, la cantaora macarena más universal.
Y en un balcón de esta misma calle, el del “Nº 22”, le cantaba Marta Serrano a su Virgen, en esa emotiva mañana del Viernes Santo. En este balcón luce un azulejo en recuerdo de esta saetera del alma que tanto lloró a causa de lo que la Virgen tardó en volver, a causa de la lluvia, de la Catedral tras su Coronación:
·        "Te fuiste por cuatro días y tardaste siete en volver,
Madre mía Macarena no nos lo vuelvas a hacer" 
Así decía aquella bellísima saeta.
Una saeta que era siempre muy esperada por los macarenos, con la que se encogían de vibrante entusiasmo los corazones de las gentes y con la que las lágrimas regaban fluidamente sus bellos y emotivos rostros. Y así quedo la leyenda enluciendo hasta el fin de los tiempos, en un azulejo, esa singular fachada.
La calle Parras es durante todo el año bastión donde carga las pilas el más ortodoxo y ancestral macarenismo.
El bar “La Tertulia” que fue de Miguel Loreto, capataz del paso del Señor de la Sentencia; y que hoy tiene como ilustres invitados a la Cofradía de San Gil y a la Virgen de la Esperanza y más entrañablemente aún acoge a la incomparable y sinigual Centuria Romana. Es esta una tabernita que posteriormente regentó un armao, y en donde sus pequeñas dimensiones hacen que se intensifique la grata y apasionante tertulia cofrade.
Y de allí a una casa mítica en la historia y en la leyenda de esta calle, el hogar de Enrique Pavón, un macareno del machamartillo. Enrique Pavón hizo fortuna por sus derribos de las casas viejas de antaño, en unos años en que estaba de moda derribar. Enrique, sevillano castizo, amigo de toreros y de flamencos, hizo de la piqueta un modus vivendi que le dio para vivir desahogadamente. Como anécdota, la entrevista que Francisco Correal le hacía en un periódico sevillano, allá por los 80, y que tituló así:
·        "La única vez que entré en la Universidad fue para tirarla". 
Y en la casa “Nº 33”, cantaron y cantan insignes saeteros al paso de la cofradía macarena:
·        Manolo Mairena, Rocío Jurado, Juana Reina, Mercedes Cubero, Pili del Castillo y más recientemente Pastora Soler.
Todos le han rezado cantando a la Reina de San Gil.
Entre las singularidades destaca que más de una mañana de Viernes Santo, Manolo Mairena, el sabio genio de la saeta durante muchos años, le cantó a la Macarena vestido con la túnica, blanca y morada, de su cofradía de los Gitanos.
La calle tiene un emblemático edificio señorial, que hace esquina con Sagunto y que sobresale del conjunto, es una casa palacio de 1900 obra de Espiau. Hoy día es el Hotel San Gil, catalogado entre los cien edificios mejor conservados de la ciudad.
Una singularidad más de esta calle tan macarena es que tiene una carbonería. Sí, ciertamente existe una carbonería de las de toda la vida, y en ella venden desde cisco picón a carbón mineral o a especiales para barbacoas. Está en la esquina con Relator y ni que decir tiene que en esta mañana inigualable aquello es una “negra” explosión de macarenismo.
También en el “Nº 8” hay un azulejo que recuerda a un ilustre macareno, un médico y humanista de mucha fama en la Sevilla de posguerra, el doctor Andrés Tirado Figueroa.
En el “Nº 9”, existe una placa adosada al balcón y que conmemora que allí estaba ubicado el convento de San Basilio, enclave histórico donde se fundó la Hermandad de la Macarena en el año 1597.
Así es la calle Parras, un enclave trascendental en el discurrir de la cofradía macarena; y donde la llama viva del macarenismo luce con tertulias de todo tipo a lo largo del año. Lugar archiencantado; relatado por exégetas; y por cuantos han estado allí, y que encumbrados por la emoción vivida, por la profundidad del sentimiento cofrade, se han visto capacitados para:
·        Narrarlo, pregonarlo, anunciarlo, cantarlo y vivirlo. 
Aunque la Macarena es excelsa por donde vaya; Parras es lugar especialísimo para entender a la perfección en qué consiste ese cortejo de merino, terciopelo y ricos plumajes que tiene como cima de belleza su excepcional palio y sobre todo lo que bajo él se cobija.
Y allí, en Parras:
·        En ese viernes de dolor y esperanza.
·        En ese viernes de Gitanos y de Angustias.
·        En ese viernes de Tres Caídas.
·        En ese viernes de Esperanza marinera y trianera.
·        En ese viernes de: Silencio, de Calvario y de Supremo Poder.
·        En ese viernes de recogimiento penitente y de un Mayor Dolor.
·        En ese viernes de: Carretería, de Conversión y de Soledad de María
·        En ese viernes de: Calle Castilla, Cachorro y Guadalupe.
·        En ese viernes en el que la O callejea con señorial humildad de Triana a Sevilla.
·        En ese viernes de triste Mortaja y luto silencioso.
·        En ese viernes en el que la insigne cofradía de San Isidoro y Loreto sale de su colegiata.
En este viernes de dolor amargo, todavía nos queda un luminoso rayo de tierna y delicada esperanza, pues procedente de Relator y tras pasar por Amargura llega la Macarena, callejeando –como Ella sabe- con solemne belleza y con deslumbrante seriedad.
Quien no haya visto a la Macarena por Parras:
·        No ha visto a la Macarena.
·        Ni conoce Sevilla.
·        Ni sabe el sagrado porqué de una mágica y fervorosa madrugá.  
Y bien se puede afirmar que, en el itinerario de la cofradía, esta calle es -sin duda de ningún tipo- algo así como la Calle Mayor del macarenismo: andaluz, sevillano y universal.
¡Golpe de martillo! ¡El capataz contiene la emoción! ¡Una voz rota resuena!:
·        Costaleros estamos en Parras, en la calle Mayor. El inmenso gentío nos estruja. Los corazones laten con fuerza. Y vosotros valientes ya sabéis. Es la Madre y Sevilla vibra. ¡Esta…. Es! ¡Al Cielo con Ella!
Y la Virgen impulsada por el amor sube. Y los corazones de nuevo se descomponen por la grata vivacidad de lo acontecido. Y el que sabe y puede: reza. Y el que no mira absorto. Todos entienden la grandeza singular de lo que aquí sucede.
Y tu Virgen Macarena sigues, y sigues hacia adelante, buscando y ofreciendo a la vez, las deliciosas caricias de un amor eterno.
Fuente: Luis Carlos Peris.


Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital  22 de mayo  2016

449 Santa Ángela de la Cruz.

449   Santa Ángela de la Cruz.

En estos días de semana Santa en Sevilla, he venido impregnado del cariño de los sevillanos a una mujer nacida en Sevilla en el siglo XIX. Una mujer inculta en sus orígenes y muy pobre, pero que fue modelada por Dios para que alcanzara las altas cimas de la santidad.
Ella tenía claro que la Santa Cruz de Jesucristo era también para ella el trono de su realeza. Y con la cruz, esa cruz redentora, conquistó el mundo y conquistó los corazones de millones de personas. Sevilla desde siempre se rindió ante la evidencia; y vio en aquella mujer sencilla las huellas de Dios.
Su carisma era la entrega generosa, el sacrificio constante y silencioso, la humildad callada, y la persistencia de la oración.
De día y de noche, con frío y con calor, acompañadas por el bullicio de la ciudad o en la oscura soledad de la noche, con sueño o sin sueño, así un día y otro caso las Hermanas de la cruz recorrían Sevilla:
·        Sólo con una consigna: Amar.
·        Y sólo con una recompensa la Cruz de Cristo.
Y con el mismo amor y la misma consigna las Hermanas recorren hoy el mundo, y lo hacen cómo siempre con su macuto vacío de bagatelas pero lleno de Dios.
Ángela Guerrero González nació en Sevilla, España, el 30 de enero de 1846. Ángela era humilde, sencilla, muy alegre, devota y gran trabajadora; había tenido un buen ejemplo en sus padres.
Para ayudar a los suyos comenzó a trabajar a los 12 años en el taller de una zapatería. Su formación fue muy precaria debido a la falta de recursos de su familia. Apenas pudo aprender a leer y escribir, pero su finura espiritual se hizo patente. Así, mostraba rotundo desagrado ante conversaciones poco delicadas, teñidas por descalificaciones y blasfemias. Y, al menos en su presencia, sus compañeros se abstenían de proferir palabras malsonantes e improperios. Además de poner coto a la afilada lengua de los empleados, la santa les convencía para que rezasen el rosario.
Éstos y otros rasgos de su virtud llegaron a oídos del padre Torres Padilla, quien le ayudó a dilucidar su vocación y a madurarla, orientándola hacia la vida apostólica. Tenía entonces 16 años.
Al salir del trabajo visitaba hogares sumidos en la pobreza, frecuentaba las iglesias y rezaba en sus altares. Los menesterosos de su barrio recibían sus limosnas.
Cuando en 1865 Sevilla fue abatida por el cólera, diezmando a las familias que vivían en los «corrales de vecindad», Ángela, que ya tenía 19 años, se desvivió para asistir a todos. Entonces abrió su corazón al padre Torres diciéndole que quería hacerse monja.
Pero esta mujer audaz tenía un cuerpo menudo y era de complexión débil, así que:
·        Cuando tocó la puerta de las Carmelitas Descalzas del barrio de Santa Cruz no fue admitida. Se temió que no pudiera soportar los rigores de la vida de clausura.
·        Más tarde, fue postulante con las Hermanas de la Caridad. Sin embargo, su mala salud la obligó a salir del convento.
De modo que, en la calle nuevamente, Ángela partió con esta convicción: 
·        «Seré monja en el mundo».
·        Y ante los pies del Crucificado hizo privada consagración de su vida el 1 de noviembre de 1871.
Los dos años siguientes maduró su anhelo de vivir clavada, y subrayó esta expresión, junto a la cruz de Cristo, llamándose Ángela de la Cruz.
En 1873 formuló los votos perpetuos.
En su corazón ya bullía ese anhelo de:
·        «Hacerse pobre con los pobres». A ellos los llamaba sus señores.
·        Y fundar la «Compañía de la Cruz».
Con toda su confianza puesta en Cristo, en enero de 1875 comenzó a dar forma a este sueño:
·        Se unieron a ella tres mujeres que se distinguían por su bondad y sencillez, y compartían el espíritu de pobreza.
·        Un cuarto con «derecho a cocina» fue su «primer convento».
Desplegaron una ingente labor asistencial realizada a tiempo completo, de día y de noche, que tenía como objetivo a los necesitados pobres y enfermos; limpiaban sus casas y les daban consuelo. En medio de la labor pastoral realizaba duras penitencias y mortificaciones. Vistieron un hábito y a Ángela pronto la llamaron «Madre»:
·        En 1876 el cardenal Spínola les dio la bendición.
·        Y en 1894 ella mantuvo un encuentro con León XIII que aceptó su obra.
·        Obra aprobada después por Pío X en 1904.
Sevilla y toda Andalucía acogió con gratitud y cariño a esta pobre «zapaterita, negrita, y tontita», como ella misma se definía, a la que acompañaba fama de santidad por sus virtudes y prodigios.
Su forma de vida austera y mortificada suscitó numerosas vocaciones entre las jóvenes. Abría los brazos no solo a los pobres, sino también a potentados que solicitaban su atención, consejo y apoyo.
Su amor por los necesitados le instó a realizar un gesto que otros santos tuvieron, como Catalina de Siena:
·        “Succionar la supuración de las llagas de una enferma que se hallaba a punto de morir, y que sanó poco tiempo después”.
Fue agraciada con visiones. Su itinerario espiritual estuvo marcado por grandes purificaciones que la condujeron a las más altas cimas de la mística, coronada por el desposorio espiritual.
Una trombosis cerebral que padeció en 1931 la dejó casi paralizada:
·        Y el 2 de marzo de 1932 voló al cielo.
Lo último que se le había oído decir antes de perder el habla, fue: 
·        «No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera…». 
La beatificó:
·        San Juan Pablo II en Sevilla el 5 de noviembre de 1982.
·        Y sucedió entre el delirio de las gentes que no ocultan su devoción por esta «madre de los pobres» como es conocida.
La canonizó:
·        El mismo Juan Pablo en Madrid el 4 de mayo de 2003.
Su fiesta litúrgica es el 5 de noviembre.
Pobre con los pobres, así vivió esta humilde monja que quiso por encima de todo estar clavada a la cruz de Cristo.
Y este signo de la cruz fue el que:
·        Vinculó a su nombre.
·        Dio a su fundación.
·        Y marcó su quehacer apostólico.
Fuente: Zenit


Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital  8 de mayo  2016

435 Mientras él sonríe, yo no me canso.

 435   Mientras él sonríe, yo no me canso.

"El día que Pablo no disfrute, colgaré las zapatillas". Esto lo afirma  José Manuel Roás Triviño que es todo un símbolo para los aficionados al “running”.
Él también nos dice:
·        Yo pongo los pies a su felicidad.
Él, es profesor y padre de familia, desde hace ya algunos años es un habitual en los circuitos sevillanos, y corre acompañado de su hijo Pablo, afectado por la enfermedad de West.
Son las nueve de la mañana del domingo y padre e hijo logran llegar justo a tiempo para tomar la salida del XXX Maratón de Sevilla.
José Manuel y su hijo sueñan con correr los 42,195  kilómetros.
Él nos dice:
·        "Lo máximo que hemos hecho hasta ahora han sido 20 kilómetros, así que imagínate el reto que supone completar una maratón, que es el doble. Somos un equipo: él disfruta, yo disfruto".
Los primeros ya van lanzados en busca de la meta, y continúa:
·        "Si yo tuviera el cuerpazo de los de delante, también intentaría ganar, pero tan feliz puede ser el que gane hoy como nosotros".
Quien afirma esto tiene sus esperanzas en todo lo contrario a los grandes corredores que hoy se disputan el primer puesto de la prueba: alargar el camino al máximo, exprimirlo y disfrutar un año más de una experiencia que va mucho más allá del ámbito estrictamente deportivo.
El tiempo acompaña y el carrito de Pablo ya es empujado por su padre a través del circuito sevillano, uno de los más llanos de Europa, pero en el que, apunta José Manuel:
·        " Como en la vida, siempre existe alguna pendiente”.
Los kilómetros van cayendo y la voz de José Manuel, al igual que sus delgadas piernas, no se detiene en ningún momento: "¡Vamos, Pablo!" Exclama una y otra vez, como una eterna letanía que obtiene por respuesta sonrisas y gritos por parte de Pablo. Este, excitado, no deja de sentir el aliento de su padre durante todo el recorrido. "Saluda, saluda", exclama el padre, y Pablo alarga su brazo hacia quienes de manera continuada durante todo el recorrido le aclaman, y esto se repite una y mil veces.
José Manuel es profesor de Geografía e Historia.
Un héroe al que admiran sus  alumnos:
·        Hago lo que todo padre quiere hacer con su hijo:
o   Y reír, reírme mucho. Reír es vivir.
·        ¡Y Pablo, cuando corre, ríe, chilla... disfruta muchísimo!:
o   Mientras él sonríe, yo no me canso.
·        Pero es cierto que somos un equipo diferente. Entiendo que muchos se nos queden mirando. ¡Yo también miraría! 
Piensa que su carrera lleva un mensaje:
·        “Esta carrera lleva un mensaje para las familias con otros Pablos a las que quizá les cuesta más sobrellevar toda esta gran dificultad”.
Cuando ambos corren, la exigencia física para José Manuel, claro, se redobla:
·        "Mis pies son los suyos, y eso me llena. Pero claro que será duro aguantar tantas horas. Tendré que ir cambiando de postura porque se me cargan mucho los brazos, incluso los glúteos, por el esfuerzo de empujar".
Pablo 'corre' sentado en una silla de ruedas común que le cedió un buen amigo cuando su hija pequeña, Celia, falleció después de que se le complicara su enfermedad. José Manuel se emociona al recordarla mientras explica que debe ir muy pendiente de agujeros, baches y demás trampas del camino para evitar que las ruedas caigan en alguna de ellas. Cualquier descuido puede resultar fatal. "Mi idea es buscar una silla específica para correr con Pablo, con mayor amortiguación y más preparada".
Resta la parte más complicada, aquella que quienes conocen la prueba afirman que se corre con el corazón, y eso es lo que hace José Manuel, pequeñas paradas ante inesperados calambres se intercalan con asombrosas zancadas tras cada grito de Pablo, y nos dice:
·        "¡Cómo voy a parar, las mías son sus piernas!".
El Estadio Olímpico de Sevilla se antoja cerca y la hazaña, una vez más, al alcance. Un largo túnel, ya en el interior del estadio, da acceso al tartán y a todo un universo de sensaciones, y nos relata:
·        “Pero cuando empiezas a ver la entrada al Estado Olímpico todo empieza a cambiar, y la vuelta al mismo y la entrada en meta fue una experiencia indescriptible. Lo abracé y empecé a decirle que lo habíamos conseguido y me eché a llorar…”. 
Así, con el resto de su familia en la meta, celebraron juntos un logro más, demostrando que cuando las cosas se hacen de corazón y para hacer feliz a los demás, nada es imposible. Pablo mientras: grita y sonríe.
Su padre sabe que una vez alcanzada la meta buscarán otros caminos:
·        "Nuestro sueño es correr el Maratón de Londres, donde todos corren por una causa, pero es muy complicado hacerse con un dorsal".
Pablo lo mira, se siente capaz de cualquier hazaña.
José Manuel insiste en aclarar: 
·        "No soy un héroe, como me llaman algunos, solo soy un padre feliz de ver disfrutar a su hijo".
Esto último es lo verdaderamente importante para José Manuel, que por mucho que pueda pensar la gente, considera a Pablo el milagro de su vida y el de toda su familia;  familia que se entregan en cuerpo y alma para superar cualquier tipo de adversidad.
Y, aunque desde que naciera Pablo lo considera una bendición, antes él no era así. José Manuel se define como una persona muy autosuficiente y bastante independiente y emprendedora, pero que gracias a su hijo Pablo ha sabido apreciar lo que es para él el gran secreto de la vida:
·        “Entregarse en cuerpo y alma a los demás, porque eso es lo que realmente al final te va a hacer feliz”.
Cuando nació su hijo se dio cuenta de que no había que tener miedo, pánico o terror, sino todo lo contrario. Supo que la naturaleza le había dado la oportunidad de crecer aún más como persona:
·        Pablo me ha dado el regalo de saber qué es limitarme. Y todo esto es para mí y para mi familia la prueba de que Dios existe y nos cuida”.
·        “Es cierto que en determinados momentos echas de menos no poder hacer algunas cosas, pero todo se olvida con cada segundo que paso con él. No me imagino mi vida sin él”.
Fuentes: Canal Sur, El Mundo y Olympo deportivo.

Publicado en Forumlibertas.com  “Opinión” 13 de abril de 2016

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   14 de abril de 2016

Publicada en Diario de Burgos  14 abril  2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital  16 de abril  2016