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596. María y Jesús, oración y diálogo

596.  María y Jesús, oración y diálogo.

Aprovechando este mes de mayo, que es el mes dedicado a María, vamos a hablar de oración, porque desgraciadamente hay muchas personas que, aun llevando mucho tiempo viviendo una vida cristiana, no saben rezar, no saben hablar amigablemente con el Señor y con la Virgen. Y esta imposibilidad les priva de un trato con Dios o con María que daría una gran eficacia a su vida cristiana y que abriría unos nuevos y formidables horizontes de incalculable valor; pues estarían llenos de fe, de esperanza y de amor.
Yo, gracias a mis padres, desde muy pequeño empecé a rezar y con ellos di los primeros pasos y fui aprendiendo, no sin dificultades.
Después en la adolescencia conocí el Opus Dei y allí gracias a la constante perseverancia de muchos, y gracias a la enseñanza de San Josemaría mejore de una manera dinámica mi oración.
Y desde que leí Camino me gusto y me fue tremendamente útil este punto que dice:
o   Me has escrito: "orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?" -¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio.
En dos palabras: conocerle y conocerte: "¡tratarse!"
Con este punto y otros muchos, di los primeros pasos en este nuevo aprendizaje. Aprendizaje que me abrió perspectivas nuevas, horizontes espectaculares.
Ahora agradezco a Dios estos conocimientos que me han servido en muchas ocasiones para orientar mi vida.
Han sido brújulas, guías para andar decididamente y con audacia por los caminos de Dios y por los caminos, a veces tortuosos, de este mundo nuestro, que en tantas ocasiones es ajeno a la vida, ajeno a la fe, ajeno a la realidad plena del ser humano.       
Y aquí en las siguientes frases, hay otras ideas relativas a la oración, que nos pueden ayudar en los momentos difíciles, cuando es complicado que la oración fluya con facilidad, dicen así:
¡Y, en tu meditación! tú enciende el fuego.
A eso vas a la oración, a hacerte una hoguera, una lumbre viva: que dé calor, que dé luz, que dé vida, que dé amor.
Por eso cuando sientas que te apagas, si no puedes echar en el fuego grandes troncos, echa las ramas, las hojas…:
o   Echa pequeñas oraciones vocales, deseos de mejora, deseos de ser luz.
o   Echa tiernas y enamoradas miradas a las imágenes de Jesús y de María, miradas de pasión encendida, miradas -desde el corazón- que sigan alimentando la hoguera.
La batalla de la oración no se gana en un día, pero desde que haces el primer intento ya has conseguido el primer objetivo:
o   Comunicarte con Él y con Ella, tratarlos, contarle esas cosas personales que te preocupan o qué quieres mejorar.
La primera batalla es el inicio de una gran aventura.
Una aventura que:
o   Acabará en la plenitud del verdadero enamoramiento.
o   Acabará en el culmen de un diálogo humano y divino.
o   Acabará en ese Tú a tú entusiasta con el que conquistaras el cielo y el conocimiento en su plenitud de las grandezas de Dios.


Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   4 de mayo de 2017 




572 El entusiasmo de su vibrante felicidad.

572   El entusiasmo de su vibrante felicidad.

En este mes de noviembre de Santos y difuntos quiero escribir brevemente sobre la santidad, un tema trascendente e importantísimo pero desconocido para muchos, incluso para muchos cristianos.
De los Santos que he conocido por diversos motivos y de diversas formas.
·        He conocido más de cerca a:
San Josemaría, San Juan Pablo II y Beato Álvaro.
·        He conocido por su doctrina:
Beato Lolo, Santa Teresita de Lisieux y Santa Teresa de Calcuta.
·        He conocido como Santos anónimos:
·        Mis Padres: Antonio y Micaela; mis tías: Pastora, Asunción y Anita; laicos del Opus Dei: Paco Romero y Diego Peláez; sacerdotes del Opus Dei: Juan Ramón López y Ramón Romera; sacerdote Paul: Padre Conde; sacerdote Salesiano: Jesús Amable; ama de casa: Antoñita Moreno; y laico devoto de la santísima Virgen: José Luis del Río Moreno.
En todos he descubierto:
·        El entusiasmo continuo de una vida vibrante.
·        La entrega a Dios y a los demás.
·        Y la aceptación plena: del dolor, del sacrificio y de las contrariedades de cada día.
Y ante todo siempre un remedio, la virtud:
·        La alegría, la felicidad, el optimismo, la ternura, la fe, la paciencia, la fortaleza, la coherencia, la honestidad, la lealtad, la limpieza espiritual, la esperanza, la serenidad, la fidelidad al magisterio, la práctica de los sacramentos y la delicada y constante atención corporal y espiritual a los demás.
La vivencia más intensa con Dios hace que estas personas sepan ser más sacrificadas, sepan vivir aceptando todas las dificultades, contratiempo y contradicciones.
Los decaimientos, las tristezas, los desánimos, los pesimismos y los desalientos son propios de las personas que viven en la oscuridad de un horizonte alejado de las realidades divinas.
Muchas personas en este mundo tienen fe pero se crean en muchas ocasiones obstáculos: reales o no, y ello es debido al egoísmo, a la soberbia, al pensar demasiado en uno mismo; y ello les hace caer y al caer se olvidan de Dios o les hace vivir distraídos, sin compromisos. Todo esto origina que el horizonte de sus vidas se diluya en un escenario: infértil, ineficaz e infecundo.
Por lo tanto una meta para todos, la de vivir con la audacia generosa de los Santos y con la valentía de esos héroes de Dios que ya ocupan la tribuna de honor en el celestial paraíso. Allí en ese lugar en donde Dios “juega” el divino juego de la eterna e infinita felicidad; y “juega” el juego de alcanzar, para todos, un amor sobreabundante y sin período de caducidad.
Ánimo en la cola de la santidad estamos los primeros, pero por nuestra apatía y por nuestra dejadez podemos quedar los últimos.
Quedar los últimos en el amor es, para el ser humano, una triste y desalentadora desgracia.

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   28 de noviembre de 2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
7 de diciembre de 2016


570 Clausura del Año de la Misericordia.

570   Clausura del Año de la Misericordia.

En estos días está concluyendo, en todo el orbe católico, el “Año de la Misericordia”. El domingo 13 de noviembre lo hizo en Jaén, mi diócesis, y el domingo 20 de noviembre en Roma, el día de Cristo Rey del Universo.
Allí  lo hará el Papa Francisco con la majestuosidad y espíritu de oración propia de los grandes acontecimientos eclesiales.
Mi propósito,  por lo tanto, con este artículo, reconstruido  y diseñado con datos recibidos del P. Edward Broom. OMV, es el de:
·        En estos días de clausura, dar a conocer, amar, ensalzar y alabar la misericordia de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  
María Magdalena, Simón Pedro, la mujer del pozo  de Sicar, la mujer sorprendida en adulterio, el pequeño Zaqueo y el buen ladrón.
Estos personajes evangélicos tienen en común el haberse acercado a Dios para acogerse a su misericordia:
·        Todos, eran pecadores y estaban hundidos en el fango del pecado y de la impiedad; pero todos, cuando les llego el momento acuden con infinita confianza a la misericordia de Dios
De todas las fiestas católicas, la Pascua es la fiesta más sublime y más gloriosa. Dado su carácter tan sublime, el día de Pascua no se celebra en un solo día, sino que se celebra durante ocho días consecutivos, es lo que se llama la Octava de Pascua; y el octavo día se celebra el segundo Domingo de Pascua con una nueva Solemnidad instituida por el Santo Papa Juan Pablo II en el año 2000. Ese mismo día en el año 2000, se llevó acabo la primera canonización del nuevo milenio. El Santo Padre canonizó, para inaugurar el milenio, a santa Faustina Kowlaska:
·        "La secretaria y apóstol de la Divina Misericordia".
Siguiendo al salmista, podemos cantar con gozo:
·        “Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.”
El Santo Papa Juan Pablo II y Santa Faustina Kowalska concuerdan en que el atributo más grande de Dios es su misericordia.  
Siendo así, debemos esforzarnos seriamente por conocer qué es la misericordia, debemos meditar la misericordia de Dios, debemos permitir que esta misericordia llene nuestros corazones y:
·        Debemos vivir el Evangelio de la misericordia.  
Debemos vivir la misericordia en este mundo actual tan lleno tristemente de ira, resentimientos, odios y deseos de venganza.
El deseo más ardiente de Jesús, que como llama consume su Sagrado Corazón, es derramar sobre todos, el tesoro de su infinita misericordia.  La infinita misericordia de Dios es: como un abismo infinito, como un océano insondable, como granos de arena en la orilla del mar, como estrellas que adornan el cielo.
La palabra misericordia tiene su origen en dos palabras del latín.  ''Miseria'' significa miseria, miseria moral, y ''cordia''  que significa corazón. 
El corazón misericordioso de Dios se encuentra con el pecador y amorosamente le perdona.  
El mejor ejemplo esta en la parábola del Hijo Pródigo, o también llamada parábola del Padre Misericordioso.  
La miseria moral del hombre es grande, pero el corazón amoroso y misericordioso de Dios es aún más grande.  Como nos recuerda san Pablo: 
·        "Donde abunda el pecado, sobreabunda la misericordia de Dios." 
Y el salmista nos enseña:
·        "Dios es lento a la ira y rico en bondad. " 
El Papa Francisco recordando esta verdad, predica sobre la clemencia diciendo:  
·        “Dios nunca se cansa de perdonarnos, su misericordia es infinita.”
Por lo tanto, y para terminar, adelante con este atractivo y vital mensaje. Acogiéndonos a la misericordia alcanzaremos la meta y recibiremos el abrazo de Dios.


Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   18 de noviembre de 2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
2 de diciembre de 2016


560 El Santo Rosario

560   El Santo Rosario

Se ha celebrado el día 7 de octubre, la festividad de la Virgen del Rosario.
Y con este motivo quisiera destacar algunas cuestiones relativas a la oración. Uno de los grandes fundamentos o pilares de la religión es la oración, el trato con Dios y el trato con su santísima Madre. Si no tratamos a Dios difícilmente podremos conocerlo y difícilmente podremos amarlo.
La religión es el camino del amor por excelencia.
Podríamos decir que quien no reza no ama.
La oración nos conecta con la Verdad viva de este mundo nuestro tan lleno de contradicciones aparentes, de sinsabores, de encrucijadas y de dudas.
Para conocer el porqué y el para que de nuestro existir diario hay que contar con Dios y contar a través de la oración.
No nos quedemos en el anonimato existencial de una vida vacía.
No nos quedemos en lo mezquino de la vida, en la sinrazón.
Levantemos nuestras miradas buscando en el Cielo ese guía, Dios. Él es el ser por excelencia.
Busquemos a través de la oración el sublime objetivo de nuestro vivir cotidiano.
Busquemos el origen, la meta, el Cielo …
Igualmente a través del diálogo con María encontramos el amable trato con una Madre buena, encontramos: la paz, el sosiego del alma, el consejo oportuno.
Las oraciones vocales también son muy importantes en la vida del cristiano, y entre ellas hoy destacamos el Santo Rosario.
A través de los misterios del Rosario recordamos a María: su vida, y la vida de su hijo Jesucristo.
La meditación de los misterios del Rosario nos ayuda a introducirnos en la vida y en el mensaje de Jesucristo nuestro Señor y nos ayuda a entender mejor y en su plenitud el misterio de la redención.
Los Papas desde siempre nos han recomendado esta oración.
Oración que enriquece  tanto nuestras vidas y nos ayuda a encaminarnos, con sosiego y alegría, por los profundos caminos del entendimiento y de la sabiduría de las realidades eternas.

Publicada en Diario de Burgos     10 de octubre de 2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
12 octubre de 2016

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   17 octubre de 2016

519 Humildad y desfachatez

519   Humildad y desfachatez

Una parábola de Jesús nos explica la verdadera oración; y a su vez las actitudes farisaicas y despreciable, o por el contrario las actitudes auténticamente humildes dignas de las personas sencillas y veraces. 
"Dijo esta parábola a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:
Dos hombres subieron al Templo a orar:
Uno era fariseo, y el otro publicano.
·        El fariseo, quedándose de pie, oraba:
Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos…, ni como ese publicano. Ayuno…, pago el diezmo...
·        Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo:
Oh Dios ten compasión de mí que soy un pecador.
Os digo que éste bajó justificado a su casa, y aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado"
La oración y la vida del fariseo es rechazada porque hace cosas difíciles y en sí mismas estupendas pero siempre con intención torcida. El fariseo se vanagloria orgulloso: de sus limosnas, de sus ayunos; y se compara con el publicano, al que considera inferior, juzgándole indebidamente. Al fariseo no le mueve el amor de Dios; Dios le es indiferente. En él, el orgullo ha tomado una apariencia espiritual que esconde un pecado grave de soberbia, difícil de curar, porque está llena de buenas obras pero no para la gloria divina. Usa a Dios para su propia gloria.
El publicano, en cambio, habla con Dios, le cuenta su propia indignidad y por ello arrepentido pide perdón. No se compara con nadie, se sitúa en su sitio y Dios le mira con compasión y con misericordia. La suya es una oración humilde, sencilla, veraz, sin altanería y, por eso, es escuchada y arranca amorosamente todas las bendiciones del cielo.
Sitúate, yo lo hago y me pregunto:
·        ¿Oró con humildad, con rectitud, con sinceridad; o lo hago con engreimiento?
·        ¿Soy vanidoso y “creído” con Dios o con los demás?
·        ¿Soy el enteraillo del grupo que va regalando autosuficiencia?
·        ¿Soy el repugnante chulo que a todos desprecia?
                                      
Publicada en Diario de Burgos     22 de agosto de 2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
4 de septiembre de 2016.

510 Semillas para fructificar.

510   Semillas para fructificar.

Te pedimos Señor, en estos difíciles e inquietantes tiempos:
·        Luces para entender. Ideas para ver. Valentía para caminar.
·        Razones para creer. Misericordia para entregar.
·        Fuerza para seguir. Corazón para dar. Ilusión para conseguir
·        Empuje para servir. Talento para ayudar.
·        Destreza para hacer. Sabiduría para discurrir.
·        Sosiego para decidir. Veracidad para enseñar.
·        Carisma para amar. Cariño para abrazar. Nobleza para actuar.
·        Delicadeza para hablar. Ternura para ser.
·        Humildad para iluminar. Ingenio para aportar.
·        Gallardía para convivir. Transparencia para saber estar.
·        Limpieza para pensar. Capacidad para comprender.
·        Inteligencia para dilucidar. Alegría para agradar.
·        Ciencia para conocer. Lealtad para cumplir.
·        Generosidad para repartir. Semilla para fructificar.
·        Madurez para conquistar. Sencillez para cautivar.
·        Amabilidad para Irradiar. Firmeza para la virtud.
·        Decisión para el bien. Huida para pecar.
·        Cualidades para el bien obrar. Fe para sembrar.
·        Ideales para ilusionar. Constancia para soñar.
·        Imaginación para alumbrar. Útiles para educar.
·        Naturalidad para destacar. Orden para crear.
·        Detalles para entusiasmar. Riqueza para los demás.
·        Bonanza para descansar. Salud para disfrutar.
·        Inventos para mejorar. Libros para aprender.
·        Negociaciones para progresar. Faros para ser luz.
·        Naturaleza para reflexionar. Acierto para vivir.
·        Estudio para indagar. Cordura para exigir.
·        Belleza para compartir. Bondad para unir.
·        Estrellas para enamorar. Lágrimas para perdonar.
·        Rectitud para existir. Pobreza para valorar.
·        Magia para entretener. Palabras para amenizar.
·        Alma para enternecer. Conciencia para adoctrinar.
·        Mansedumbre para suavizar. Motivación para disculpar.
He aquí un mensaje y una oración. Un mensaje, y una oración, en estos tiempos de zozobra. En estos tiempos en donde lo mundano y la perversión quieren recobrar su territorio.
Tiempos en los que de nuevo los cristianos tenemos que decir y actuar de tal manera que podamos convencer y enseñar a los demás, sabiendo que nuestro testimonio sigue siendo actual; y sigue siendo un testimonio vivo y vibrante, y un testimonio con pautas y pilares que nos llevan a la Vida eterna.

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
22 de julio de 2016.


506 Orar, una opción a lo divino.

506   Orar, una opción a lo divino.

Hay muchas personas que muestran su dificultad para hacer oración, a ellas yo les daría estas precisas y elocuentes indicaciones de San Josemaría, que vienen en Camino, punto 91 y que pueden ser acertadas para poder entrar de lleno en esta materia que por desconocida para muchos puede ser un tanto dificultosa:
·        Me has escrito: "orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?" —¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio.
En dos palabras: conocerle y conocerte: "¡tratarse!"
Siguiendo estas indicaciones es fácil encontrar el camino adecuado que por otro lado se irá mejorando con la práctica. La práctica habitual, en la oración como en todas las cosas,  es necesaria y conveniente y de ese hábito surgirá la mejoría en nuestra vida espiritual y en nuestra misión de cristianos; e iremos ahondando en la fe y sacando consecuencias prácticas para todo nuestro quehacer diario y siempre desde una óptica divina. Una óptica colosal y esperanzadora, que nos abrirá de una manera clara y nítida el camino del cielo.
En él punto 479 de Surco, San Josemaría nos expresa esta situación: 
·        “Reza por mí”, le pedí como hago siempre. Y me contestó asombrado: “¿pero es que le pasa algo?”
Estamos tan poco habituados a la práctica cristiana que parece para algunos que sólo tenemos que hacer oración cuando algo grave sucede  o en el caso de una enfermedad, y no es así; nuestra oración ha de ser continúa, porque el trato con Dios, el contacto con Dios, ha de formar parte habitual de nuestra vida.
Nuestro Señor nos hace ver, con su ejemplo, que ése es el comportamiento certero:
·         “Oración constante, de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. Cuando todo sale con facilidad: ¡gracias, Dios mío! Cuando llega un momento difícil: ¡Señor, no me abandones! Y ese Dios, manso y humilde de corazón, no olvidará nuestros ruegos, ni permanecerá indiferente, porque Él ha afirmado: pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”.
Amigos de Dios, 247
Dios ha de convertirse para nosotros en un ser cercano con el que convivimos y con el que dialogamos. Él nos importa, y nosotros le importamos a Él. Y Él nos quiere y ese cariño se desbordara en nosotros a través de nuestras acciones y a través de la oración. Por lo tanto no dejemos nunca la oración, pues es el camino acertado, la senda segura, la luz, la estrella, la guía infalible que dirigirá nuestros pasos. Y  ya para terminar también de San Josemaría esta indicación:
·         “He repetido y repito incansablemente ese consejo. Está recogido de la Escritura Santa, de ahí lo he aprendido: ¡Señor, que no sé dirigirme a Ti! ¡Señor, enséñanos a orar! Y viene toda esa asistencia amorosa —luz, fuego, viento impetuoso— del Espíritu Santo, que alumbra la llama y la vuelve capaz de provocar incendios de amor”.

Publicada en Diario de Burgos     13   julio  2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
14 de julio de 2016         





505 La mezquindad que nos envuelve.

505   La mezquindad que nos envuelve.

Aceptar las contrariedades: un día, otro y otro …
Vivir con docilidad las humillaciones causadas por nuestras propias mezquindades o por las de los demás.
Aceptar esas contradicciones y ofrecerlas a Dios.
Ser conscientes de nuestra poquedad, de nuestra miseria.
Conocer nuestras limitaciones, intentar  mejorarlas y/o acostumbrarnos valientemente a vivir con ellas.
Vivir siendo conscientes de que, cada día, tenemos que aceptar la realidad de la larga noche oscura, que en tantas ocasiones y reiteradamente nos aturde.
Descubrir y sobrellevar el hecho de que nuestros proyectos, buenos y nobles en muchos casos, se tuercen pudiendo dejar en nosotros el desánimo y el desaliento.
Aceptar con paciencia el despotismo infundado de los demás:
·        El mal humor, la ira, las voces, los contratiempos, el mal genio, las malas formas, los gestos agrios, las palabras malsonantes.
Vivir, cuando no se pueda evitar, con:
·        Los engaños, las envidias, los orgullos, las mentiras y el mal talante de los que nos rodean.
Decir sí, aceptándolo como voluntad de Dios:
·        El dolor físico y moral, y las desavenencias que nos producen los que amamos.
Dar nuestro brazo a torcer cuando sea necesario y conveniente; y aceptar, ante Dios, esa contrariedad.
Aceptar las incomprensiones, las injusticias personales, las faltas de respeto hacia nosotros o hacia lo nuestro.
Que ante: Las guerras, el terrorismo, la violencia y en general la crueldad de la vida:
·        En las que mueren injustamente miles y miles de personas.
·        En las que sufren igualmente miles de personas.
·        En las que muchos millones pasan hambre.
·        Y en las que multitudes carecen: de libertad, de dignidad, de hogar, de educación y de salud.
Dios nos haga entender, y nos ayude a pedir perdón, y a evitarlas o a colaborar para disminuir la maldad y el dolor.
Que ante la gravedad del pecado y la maldad del ser humano:
·        Dios nos ayude a entender.
·        Y nos ayude a perdonar, pero también a actuar cuando y como sea conveniente.
Que Dios nos ayude a vencer:
·        Nuestra apatía, nuestro pecado, nuestra indiferencia y nuestra pereza ante el mal.
·        Y también nuestro conformismo y nuestra justificación
Ante todo este vendaval de inmundicia:
·        Perdón, Señor perdón.

Publicada en Diario de Burgos     13   julio  2016

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
14 de julio de 2016      

Publicado en Forumlibertas.com  “Opinión”  12 de julio de 2016


495 El Papa entre el susurro y la brisa.

495   El Papa entre el susurro y la brisa.

El papa Francisco, en la misa -de este viernes 10 de junio- celebrada en la Casa Santa Marta del Vaticano, dijo que La vida del cristiano se puede resumir en tres actitudes:
·        Estar “en pie” para acoger a Dios
·        En paciente “silencio” para escuchar su voz.
·        Y “en salida” para anunciarlo a los demás.
Así lo explicó el Papa. Puedes ser:
·        Un pecador arrepentido que ha decidido comenzar de nuevo con Dios.
·        O un elegido que ha consagrado a Dios su vida.
En cualquier caso, puedes caer en el “miedo” de no poder seguir, puedes entrar en un estado de “depresión”, cuando la fe se oscurece.
Þ En pie y en camino:
El Papa para indicar cómo salir del túnel, evocó por un instante la situación del hijo pródigo:
·        “Un hijo pródigo deprimido mientras mira hambriento a los cerdos”.
Después se centró en el personaje litúrgico de hoy: el profeta Elías.
Este es:
·        “Un ganador que ha luchado mucho por la fe y ha derrotado a centenares de idólatras en el Monte Carmelo”.
·        “Después, en la enésima persecución que sufre, se abate. Pero Dios no lo deja en ese estado de postración, sino que le envía un ángel con un mandato: levántate, come, sal”.
Para encontrar a Dios es necesario volver a la situación en la que estaba el hombre en el momento de la creación: en pie y en camino.
Y dijo Francisco:
·        “Así nos ha creado Dios: a su altura, a su imagen y semejanza y en camino”:
“¡Ve, continúa! Cultiva la tierra, hazla crecer, multiplícate… ¡Sal!”.
·        “Sal y ve al monte y detente allí en mi presencia”:
Elías se puso en pie y, puesto en pie, sale.
Þ El hilo de un silencio sonoro:
Y se pregunta Francisco:
·        “Salir, por tanto, es ponerse a la escucha de Dios”.
¿Pero, cómo pasa el Señor?
¿Cómo puedo encontrar al Señor sabiendo seguro que es Él?
El Papa explica:
La cita del Libro de los Reyes es elocuente, Elías recibe la invitación del ángel a salir de la cueva en el monte Oreb donde ha encontrado refugio para estar “en la presencia” de Dios:
·        “Sin embargo, el que lo induce a salir no es “el viento impetuoso y gallardo”, que destroza las rocas, ni “el terremoto” que sigue, ni siquiera “el fuego”. Tanto estruendo, tanta majestad, tanto movimiento y el Señor no estaba allí”.
“Después del fuego, el susurro de una brisa ligera o como se dice en el original: “El hilo de un silencio sonoro”, allí estaba el Señor. 
“Para encontrar al Señor, es necesario entrar en nosotros mismos y escuchar: “El hilo de un silencio sonoro”, donde Él nos habla”.
Þ La hora de la misión
La tercera petición del ángel a Elías es: “sal”.
El profeta es invitado a volver sobre sus pasos, al desierto, porque allí tiene una tarea que cumplir.
Al explicar esto, dijo Francisco, se entiende:
·        “Que hay que estar en camino, no cerrados, no dentro del egoísmo de nuestra comodidad, sino “valientes” para llevar a los demás el mensaje del Señor”. Es decir: “Ir en misión”.
“Debemos buscar siempre al Señor”.
Todos nosotros sabemos cómo son los momentos oscuros: “Momentos que te hunden, momentos sin fe, oscuros”. “Momentos en los que no vemos el horizonte y no somos capaces de levantarnos”.
¡Todos sabemos esto!
Y exclamó el Papa, con fuerza, en la homilía:
·        “Pero está el Señor que viene, nos restaura con el pan y con su fuerza y nos dice: Levántate y sigue adelante. ¡Camina!”
Para encontrar al Señor debemos estar así: en pie y en camino.
Después esperemos, con el corazón abierto, que Él nos hable:
·        “Y Él nos dirá: Soy Yo. Y la fe se fortalecerá”.
¿La fe es para mí, para guardarla? ¡No!:
o   “Es para darla a los demás, para ungir a otros, para la misión”.
Fuente: Radio Vaticano

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 

24 de junio de 2016