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610. Una Aurora de amor y belleza.

610.   Una Aurora de amor y belleza.

Para que las buenas gentes de Ávila, Burgos, León y de toda Castilla puedan saborear la singular belleza de la semana Santa Granadina, y en ese paraje inconfundible del Albayzín. A ellas, a los castellanos que, como ningunos, saben descubrir la hermosura espiritual de los acontecimientos populares va dedicado este relato:
Tarde de primavera.
Jueves Santo.
Tenue olor a azahar.
El humo del incienso se mete por cada rincón de las estrechas y empinadas calles.
El Albayzín se viste de fiesta.
De San Miguel bajo viene una Aurora:
·        Es una Aurora de paz, amor y belleza.
Es una “Aurora boreal”.
Un ser Celeste incrustado en la belleza inigualable de un indescriptible paraíso terrenal.
Las pendientes de estas calles parecen torrentes por los que circula apretadamente la gente.
La bulla se apelotona. El murmullo encaja en la gratitud de la escena. Todos quieren llegar al sitio deseado.
La Cruz de Guía aparece ante nuestros ojos. El cortejo comienza. Los cirios de los nazarenos empiezan a pasar.
La túnica impecable de cada uno llama la atención en esta tarde luminosa.
Otros en señal de penitencia llevan una pesada cruz. Esa cruz que por amor llevan con garbo.
¡Y las mantillas! ¿Qué decir de ellas? Qué decir de esas mujeres que ataviadas con esas bellas mantillas, mantillas de solemnidad y luto, engalanan el cortejo y acompañan a la Aurora, a la Señora del Albayzín, a la Señora de Granada.
Y todos, unos y unas, lo hacen llevados por la fuerza del amor. Un amor que brota a raudales.
¡Y mientras!: El corazón de los que contemplan la escena se estremece por la belleza del cortejo y por la grandeza del sentimiento religioso.
Es un espectáculo sin igual que roza el cielo y toca muy levemente la tierra.
En muchos rostros van apareciendo las lágrimas al acercarse paso a paso y con impecable armonía el palio, y en él: María.
·        La Aurora celeste. La celestial Princesa.
La Señora. La hermosura plena…
El Señor, Jesús, ya ha pasado. Maniatado y humillado. Destrozado por el dolor. Abatido por el sufrimiento. Es el escarnio total, dada la crueldad de los que lo atormentan.
Él, Nuestro Padre Jesús del Perdón, pasaba despacio, lo hacía con delicada ternura, llevado con mucho amor por sus costaleros. Y todo ello ha dejado en nosotros una huella:
·        La huella de ese sereno semblante. Es Cristo.
Y ha dejado una fuerza:
·        La fuerza de su gran amor.
Y además una pena, porque lo hemos visto abatido, roto, desecho.
Y ahora muy cerca de nosotros ya: la Madre.
·        Es la Aurora.
Es la Madre del Dolor y de la Esperanza.
Es la Madre de la Ternura.
La Madre de las delicadezas. De esas delicadezas de la que el Papa Francisco nos habla.
Es la Madre de las caricias y del cariño.
La Madre del Amor Hermoso.
La Madre de la Vida. La Madre.
Las flores, venidas quizás de lejos y puestas con amor adornan su trono.
Decenas de velas alumbran su rostro. Su rostro que resplandece como si de un inmenso manantial de hermosura se tratara.
El paso de blanco, todo de blanco. Un blanco que reluce en esta especialísima tarde granadina.
No cabe más dicha que la de poder contemplar tal cúmulo de belleza y hermosura.
El arte se confunde con el amor, el amor se confunde con la belleza. Y todo forma un enjambre de pasión encendida, de sentimientos emotivos, de grande y grata plasticidad material y espiritual.
Al contemplar el rostro de la imagen quedamos atónitos, atolondrados, exhaustos.
Y rezamos. Rezamos serenamente dejando que nuestra imaginación vuele emocionada. Tenemos tanto que pedir que el corazón se colapsa y la mente queda absorbida por aquella vivificante contemplación. Cada detalle que observamos roza la perfección. No cabe más.
Y nos venimos abajo sumidos en la desolación:
·        Cuando pensamos en aquellos familiares  nuestros tan queridos que ya no están.
Cuando pensamos en la placidez emocional que nos ha producido siempre el cariño y la amistad de nuestros amigos, de esos amigos que quizás ya no vivan junto a nosotros.
Cuando pensamos también: en el dolor, en el sufrimiento, en la marginación, en la violencia que sufren millones de personas en este nuestro mundo de hoy.
Y mientras, mientras, a nuestro lado, contemplamos los pies de los costaleros.
Esos costaleros valientes y enamorados que llevan a María.
Y, ante ellos, nos llenamos nuevamente de esperanza:
·        Es la esperanza de saber que la vida vale la pena. Vale la pena. Y vale la pena, cuando se vive por amor y con amor.
Y mientras recorríamos con el pensamiento el porqué de nuestra existencia, entre la bulla, en aquella calle estrecha, en aquel ambiente acogedor y cálido:
·        Se oye una voz, una voz contundente. Es la voz del capataz que habla a los suyos, a sus costaleros. Es la voz y la llamada precisa.
El capataz con fuerza golpea el llamador. Una vez. Dos. Tres veces. Y tras los golpes, esas bellas palabras que encienden el corazón de todos:
·        ¡Vaaaamos!. ¡Eso es! ¡Al cielo con Ella! Y el repullo de la emoción forma un fuerte nudo en nuestras gargantas, y la respiración se hace difícil, y la consternación lo llena todo.
Ante esto, no cabe más:
·        Es el aire puro del perfecto amor.
Es la grandeza de la vida.
Es la Aurora.
Es el Sacromonte.
Es, ese Albayzín, fruto divino de un humano y puro mestizaje.
Es Dios que ha venido a quedarse un rato con nosotros:
·        Y Él no se quiere ir.
Tú, yo: dejémosle que se quede.
Hagámosle un sitio: Él quiere.
Quiere estar, hoy y siempre, contigo y conmigo.
Es el momento:
·        Es el momento de la pasión amorosa.
Es el momento de la fe.
Es el momento del compromiso.
Es el momento de comenzar.
·        Este es el momento: no te enfríes.
Ha pasado por sus calles: la Aurora de Granada, y lo ha hecho con su implacable grandeza.
Y Ella: Aurora, y Él: Jesús del Perdón, siempre dejan huella.



Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   18 de mayo de 2017  

587 Sevilla huele a Semana Santa.

587   Sevilla huele a Semana Santa.

En Sevilla en primavera florece con cautivadora belleza la Semana Santa.
El calor es intenso.
El olor a azahar se descubre en sus calles.
La bulla circula impaciente.
Una bulla infatigable que todo lo llena.
Es un sin parar motivador.
La mayoría buscan en la calle a Cristo y a su Madre; es la búsqueda impaciente de unos hijos que anhelan el encuentro con los suyos.
¡Y otros!:
·        Otros buscan el arte.
·        Otros la belleza.
·        Otros la tradición.
·        Otros un sinfín de detalles.
·        Otros una flor.
·        Otros un rostro, una lagrima, un semblante.
·        Y todos buscan algo suyo:
Algo muy, muy suyo: su esencia, su yo, su vida. 
El colorido en estos días es intenso.                                             
El fervor se respira.
El corazón se estremece.
El alma se  ensancha.
El amor se expande.
La emoción se vive.
El sentimiento aflora.
Y a Dios se le palpa.
Pasa cerca, muy cerca.
La hermandad y su unidad nos deleitan.
El cielo azul llena de belleza extrema este paisaje inigualable.
De cada rincón brota un manantial exuberante de vida plena.
Son muchos los lugares por los que Cristo y María pasan:
·        Balcones, ventanas, azulejos, esquinas, portales.
Todo engalanado.                                       
·        Y además en ellos: limpieza, blancura, esmero, amor.
Mucho, mucho, mucho amor.
La gente reza.
Se respira profundo, hondo.
El lamento se hace presente en la boca y en el corazón de muchos.
La oración se palpa.
El murmullo silencioso llena la calle.
Todo huele a lindo perfume.
Y un cumulo de sensaciones nos inundan.
Y en esas calles, todos haciendo piña.
La saeta, sin partitura, rota, se oye a lo lejos.
El Señor pasa de nuevo.
Alguien balbucea: ¿Es el mismo o es otro?
Y una voz entrecortada responde: Es el Señor: ¡El Señor de la vida!
No cabe ni un alfiler.
¡Pero tampoco cabe: un dolor, ni una tristeza!
Si cabe por el contrario: la pena. ¡Pero una pena! rellena de esperanza.
Si cabe el lamento, pero un lamento: sin desilusión, sin desanimo.
Y llenándolo todo, cabe: la alegría, una alegría reflexiva, meditada; y una alegría festiva, bien anclada en la fe.
Una alegría brillante.
Una emoción.
Una dicha.
Una paz.
Un deseo cumplido.
Una promesa.
Un algo sinigual.
Un Dios que pasa, pasa y pasa.
Una melancolía.
Un hola y un adiós: una vida.
Y calma, mucha calma….
Y mientras continúa el cortejo procesional.
La Cruz de Guía se va abriendo paso.
Los miles de nazarenos, con sus cirios encendidos, dejan en el lugar un regusto de tradición añeja.
A su vez el incienso nos deja en el ambiente un peculiar paisaje.
El suave pero profundo olor llama a la oración, es en sí mismo una oración viva.
Cristo con su cruz a cuestas se acerca.
Jesús sufre.
Él, se acerca en ese primer paso impresionante y en perfecta sintonía.
El Cirineo le ofrece ayuda, Jesús la agradece.
El paso se acerca despacio con el rachear sincronizado de sus costaleros.
No cabe más perfección, no cabe más cariño, no cabe más amor.
La semana Santa nos ofrece, en las calles, un clima de gran amor a Jesús.
De un amor verdadero y profundo, dé un amor entusiasta.
Y detrás los penitentes que cargan con sus cruces.
Una, otra, otra. Son cientos y cientos de cruces.
Peticiones, deseos, necesidades, agradecimientos.
Son cofrades anónimos que un año más quieren estar muy cerca de su Señor.
Y detrás, acompañada de un bello e interminable séquito, María.
El capataz golpea el llamador con fuerza. Tres golpes secos.
Y se oye una voz: ¡Al cielo con ella!
Y la Virgen sube por amor.
El amor de sus costaleros lo hace posible.
La candelería se estremece.
El bello palio dibuja su hermosa silueta entre las estrellas del firmamento.
Es un instante, pero un instante de belleza sin igual.
Y detrás la música.
Esa música que entrelaza lo humano con lo divino.
Y con la música el adiós.
Ese triste adiós que nos deja perplejos, pero que va acompañado de un fuerte color a esperanza.
Esa esperanza que no defrauda y que nos acompañará todos los días por esos caminos de la vida.
Esa esperanza que nos deja atónitos cuando la vemos en los bellísimos ojos de la Macarena o de la Trianera o de la Esperanza Trinitaria o de la O
Y con esa esperanza decimos adiós, un corto adiós.
Pues justamente dentro de once meses se abrirá de nuevo el portón del teatro Maestranza; y de nuevo el  pregonero, pregonera de una manera entusiasta el caminar de Jesús y de la Virgen María por las bellas y engalanadas calles de nuestra querida Sevilla.
                                                                                                         

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   19 de abril de 2017  

504 Una semana de sentimientos religiosos.

504   Una semana de sentimientos religiosos.

La religión no es sólo un sentimiento, ni sólo una pasión; es una doctrina, es una revelación, es una fe, son unos dogmas, son unas vivencias humanas y espirituales; pero unas vivencias humano espirituales que no pueden ser rutinarias, ni anodinas, ni apagadas. Tienen que ser unas vivencias entusiastas, que contagien y transformen, que enriquezcan, que llenen de luz toda nuestra vida.
La liturgia de nuestra querida y amada Iglesia no puede ser una liturgia fría, insensible, muerta; ha de ser una liturgia que llene el alma de fuego, que de calor, que encienda los corazones y los encause a lo verdaderamente importante que es el amor, el amor a Dios y el amor a los demás.
La liturgia, la doctrina, el sentimiento, y la pasión han de tener un trasfondo, un horizonte, un objetivo claro y éste objetivo es el amor; pero un amor vivo, eficaz, consustancial, exigente y llevado hasta las últimas consecuencias.
La fe no es sólo un sentimiento, no es sólo una emotiva vivencia, es una creencia anclada en Dios y anclada en su doctrina; y por lo tanto una fe que exige renuncia, donación, entrega, dogmatismo; pero que exige también caridad, cariño, sensibilidad, ternura, calor y emotividad. Cumplir fríamente y con desencanto es producto de una fe raquítica y desilusionante:
·        Cuánta fe insulsa y desmotivante entre los cristianos que deberíamos ser luz, calor y vida.
·        Cuánto derroche de rutina insolidaria entre los que deberíamos ser antorchas encendidas.
·        Cuántas normas vacías de contenido entre los que tenemos que llevar la esperanza de Dios a las calles, a la salida, a las urbes, a todos los enclaves donde habitan los seres humanos.
·        Cuánto desaliento en el camino de la vida y cuánta incongruencia, cuánta envidia, cuánta deslealtad entre los que deberíamos proclamar a los cuatro vientos la grandeza de Dios, la  verdad del evangelio, la rotunda realidad de la iglesia.
Y mientras millones de seres humanos lejos de Dios, lejos de la verdad, lejos también de los bienes de la tierra.
Por lo tanto a los que sentimos, a los que conocemos, a los que creemos, a los que rezamos quisiera llevarles un nuevo aliento, un nuevo impulso para seguir, para rectificar, para encauzar, para vivificar, para encender de nuevo la luz renovada de un nuevo tiempo de esperanza:
·        La nueva esperanza y la nueva vida que estos días de Semana Santa han llenado  nuestras calles.
·        La nueva esperanza de una Virgen María radiante y la nueva vida de un Señor Jesús que ha hecho de la muerte un túnel para llegar a la auténtica vida; una vida inmensamente mejor y en plenitud.
Ánimo, pues Dios y el bello y amable rostro de María Santísima nos esperan.
Nos esperan hoy, ahora y siempre.

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   18 de abril de 2017 


Publicada en Diario JAÉN      24 de abril de 2017  

502 Una Cruz que nos guía.

502   Una Cruz que nos guía.

“¿La Cruz sobre tu pecho?... —Bien. Pero... la Cruz sobre tus hombros, la Cruz en tu carne, la Cruz en tu inteligencia. —Así vivirás por Cristo, con Cristo y en Cristo: solamente así serás apóstol”.
San Josemaría. El llamado Santo de lo ordinario, llamado así por su preocupación constante, a lo largo de toda su vida, por llevar la santidad a todos los caminos y a todas las encrucijadas de la vida, en Camino, como en este caso, y en otros muchos escritos suyos nos habla de la cruz.
Lógicamente no hay cristianismo sin cruz. Pero otra cosa muy, muy distinta es que los cristianos entendamos, o queramos entender, profundamente este significado y ésta profundo realidad teológica.
Cruz de Guía es la revista en la  que los linarenses expresamos, de alguna manera, nuestro sentir cofrade.
Aquí expresamos nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras experiencias en lo relativo a la vida cotidiana de las hermandades y cofradías.
Con pinceladas de peculiar maestría intentamos en estas páginas dejar la huella de nuestras realidades más profundas. La vida cofrade no es un añadido más, sin conexión alguna con nuestra vida cristiana y con nuestra vida profesional, familiar y social; muy por el contrario el peculiar sentido de cofradía da a nuestras vidas una genuina y muy especial orientación.
El cofrade, no es cofrade a tiempo parcial, al igual que no es cristiano a tiempo parcial, ni es padre o madre a tiempo parcial. La vida cofrade al igual que la vida cristiana lo absorbe todo. Todo queda sellado bajo el mismo signo de distinción y con un sentido pleno de una muy especial pertenencia.
Somos cristianos, somos cofrades y somos familia sin distinguir lo uno de lo otro, sin fisuras, sin espacios de exclusividad. Y al igual que somos cristianos y cofrades, como tal llevamos la cruz, llevamos la cruz de Cristo. Una cruz que por ser de Cristo nos pertenece, nos obliga y condiciona totalmente nuestra vida y nuestras decisiones.
La cruz es y será el signo de distinción de un cristiano coherente.
Sin cruz no hay redención. Sin cruz nuestra vida queda totalmente baldía, rota, pérdida …
Además nuestra cruz cofrade ha de ser guía y estandarte de nuestra vida. De la Cruz de Guía de nuestras cofradías y de nuestras hermandades no nos podemos quedar con su belleza material, con su riqueza o con su arte; siendo esto importante deja de serlo ante la prioridad de su profundo sentido cristiano y teológico.
Los cofrades hemos de ahondar en la realidad que respecto a la cruz vivió Cristo. Jesucristo con claridad durante su vida nos dice: “El que no coge su cruz cada día no es digno de Mi”.
Por lo tanto aquí no vale la ambigüedad, ni la incoherencia, sólo vale la aceptación plena del compromiso con Jesucristo. Sólo vale la pesada cruz, esa pesada cruz que en tantas ocasiones nos aprisiona y nos hunde en la plena realidad de nuestra poquedad y de nuestra miseria.
La Cruz de Guía de nuestras cofradías ha de indicarnos siempre el inequívoco Camino, ha de indicarnos siempre la autenticidad de la Verdad y ha de indicarnos siempre la realidad palpitante de la Vida en Cristo.
Si en nuestras cofradías llevamos la cruz para deleite personal y nos olvidamos del sentido de penitencia y de purificación lamentablemente hemos errado la profundidad del misterio.
En muchas ocasiones nuestras cofradías carecen de autenticidad porque en ella está ausente el sentido primordial:
“Nos quedamos solo con lo superfluo, con la vistosidad aparente, con la estética brillante y nos olvidamos de las raíces cristianas, del ejemplo de Cristo, del evangelio, de la iglesia, de la sociedad que sufre y que en tantas ocasiones necesita de nosotros”.
Quizás ofrezcamos un espectáculo inigualable de bella estética pero nuestras procesiones, nuestro callejear penitencial, en ese caso, estaría faltó de lo más esencial, de sus señales de identidad.
Qué pena convertir una procesión en un espectáculo mediocre. Qué pena que no sepamos ahondar en las raíces cristianas y dejemos que nuestras cofradías deambulen entre lo irrisorio y lo superfluo.
A lo largo de cientos de años hemos recibido ricas, valiosas, bellas, hermosas, e inconmensurables tradiciones.
Y estas tradiciones valiosísimas y enriquecidas por el sentido cristiano y trascendente han de seguir siendo, ahora y siempre, evangelios vivos, fuegos que entusiasmen, antorchas encendidas, focos de luz, horizontes de esperanza.
Pero todo esto se consigue, un día y otro, con formación cristiana, con espíritu cristiano, con sensibilidad y talante cristiano. Se consigue con la frecuencia de la oración, de los sacramentos, de la conversión y de la limosna.
De esta manera nuestra Cruz de Guía no será una Cruz de Guía repleta de arte pero vacía de contenido, será la Vera-Cruz, la cruz auténtica e insustituible de nuestro Dios y Sr. Jesucristo.
Y para terminar quisiera hablar de la esperanza, esa esperanza que inapelablemente va siempre unida a la cruz. Sin los tintes agradablemente verdes de la bella e incondicional esperanza la cruz nunca sería guía, ni camino, ni faro luminoso sería el foso insufrible y profundo de un amargo y triste final.
En nuestra semana Santa de Linares, el Viernes Santo a la hora del crepúsculo, la Cruz de Cristo en su Sagrada Expiración hace estación penitencial unido a la Esperanza. María, la Esperanza, la Madre que, como esperanza y como madre acompaña al hijo en esos tristes momentos de desolación y de amargura. Gracias a Ella la desalentadora Expiración del Hijo no quedó en algo baldío, si no que riega de fructífera redención todos los confines de la tierra.
Qué la esperanza: Guía de nuestras vidas, conduzca la cruz de nuestro pasajero destierro al puerto de la eterna bienaventuranza; puerto en el que con Dios viviremos la felicísima experiencia de una semana Santa llena de gozo y alegría.


Publicado  en la Revista Cruz de Guía. Linares.  Semana Santa    abril 2017 

500 El resplandor de tus pupilas.

500   El resplandor de tus pupilas.

En estos días tan marianos de semana Santa, en estos días en los que Jesús y María son los grandes protagonistas, quiero dedicar estas palabras a la Virgen. Esa Virgen que en Andalucía y en España es tan especialmente querida y que pasea por tantos encantadores rincones especialmente ataviados, por tantas callejuelas recoletas bellamente adornadas.
Pasea dejándose ver entre las esquinas, en las plazuelas, en los recovecos más insólitos, entre los arcos, junto a las ventanas, bajo los balcones.
Y siempre entre la gente.
Siempre con mucha, mucha gente y en la bulla.
Y Ella siempre airosa, humilde, sencilla, distinguida.
Y siempre acompañada del atento amor de sus hijos.
Esos hijos suyos jóvenes y mayores, ancianos, sanos y enfermos.
Y acompañada, aún más, del fervor de pueblos, y ciudades enteras, que milenariamente, desde un eterno siempre: la quieren, la adoran y la veneran.
Te miro y te veo Madre querida.
Te veo y te contemplo.
Veo en tu bella mirada, en la hermosura de tus ojos, en el resplandor de tus luminosas pupilas, un espléndido museo.
Contemplo un museo elocuentemente prodigioso de: grandeza, arte, luz y color.
Y como colofón de este ver indescriptible, veo un sinfín ininterrumpido y exuberante; un valioso relicario de grata y bella hermosura y de sacra y hermosa belleza.
Allí en tu mirada, como en la de Dios, está el sumun de un cúmulo de vivencias existenciales, que nos hacen ver la sobreabundante y profunda creatividad de un ser superior que ha creado el amor y lo ha acompañado de la excelencia, de las más rica gratitud sensitiva qué es la belleza.

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   11 de abril de 2017 

Publicada en Diario JAÉN      14 de abril de 2017 

Publicado en La Nueva EspañaPrensa Asturiana. Digital.   12 abril de 2017 


499 Por una Semana Santa vibrante.

499   Por una Semana Santa vibrante.

La Semana Santa trae a nuestras vidas un sinfín:
·       De sensaciones.
·       De reflexiones.       
·       De interrogantes muy diversos.
Además en nuestra España esas sensaciones van acompañadas por infinidad de actos litúrgicos, religiosos, tradicionales y en muchos casos callejeros que avivan muy especialmente nuestras emociones, nuestra fe y nuestros sentimientos más profundos.
La Semana Santa es:
·       Una braza encendida.
·       Un fuego que quema el alma.
·       Un agua clara y nítida que nos quita la sed.
·       Una luz que ilumina nuestros pasos.
·       Un manantial de experiencias únicas y llenas de vida vibrante y efusiva.
Las procesiones en la calle:
·       Alientan nuestro espíritu.
·       Nos revisten con la túnica celestial de eternas realidades.
·       Nos animan a asomarnos de una forma distinta a la eternidad.
·       Dejan en nosotros el sello de ideales nobles, de fe viva y operativa.
Cuando vemos como el gentío, la bulla se apiña alrededor del cortejo procesional sentimos un entusiasta escalofrío en nuestro cuerpo, sentimos que algo distinto sucede y que es un algo bueno que nos reconforta y nos impulsa:
·       A mejorar.
·       A vivir coherentemente.
·       A darnos al Dios que nos ha creado y al hermano que Dios creo a nuestro lado. Hermano que hemos de cuidar delicadamente a imagen de lo que Jesús, en su vida y en su pasión, hizo por nosotros.

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   8 de abril de 2017 

Publicada en Diario JAÉN      10 de abril de 2017 

Publicado en La Nueva España. Prensa Asturiana. Digital.   10 abril de 2017  

483 Tradición, arte, belleza y fe.

483   Tradición, arte, belleza y fe.

Un primer acercamiento a la religiosidad popular nos podría llevar a definirla como:
·        “Una expresión cultural y festiva, legado tradicional de siglos, en la que el pueblo expresa sus sentimientos a través de signos religiosos”.
Para otros es:
·        “Un interesante fenómeno digno de estudio antropológico.
Para otros, quizás la mayoría:
·        “Es algo indefinible, pero que se siente muy unido a la existencia cotidiana; tanto que la determina en un sentido profundo y trascendente... Aunque se difiere a veces de la ortodoxia confesional católica”.
El P. González Dorado, una de las personas que con más profundidad ha estudiado y valorado el fenómeno de la religiosidad popular, ha dicho:
·        “Andalucía no es un pueblo de cultura religiosa, sino de fe religiosa, que es algo distinto; pues supone que la devoción a Cristo o María no nace sólo de un entorno de mera tradición, sino que cala de verdad en la vida de las gentes; y esto a pesar de que, paradójicamente, nuestro pueblo es uno de los de más bajo índice de cumplimiento religioso”.
El pueblo sigue encontrando en la religiosidad popular un apoyo vital importante en tiempos como el actual de crisis de valores, de cambios profundos en la sociedad, y ello no deja de ser significativo.
En Andalucía, esa juventud inquieta que busca nuevos horizontes, en medio de una penumbra cada vez más oscura y densa, todavía es capaz de encontrar -en una proporción muy apreciable- un polo de atracción en esta religiosidad popular enmarcada en las hermandades y cofradías, aunque quizás algo más, en esa vertiente exterior: del nazareno, del mundo del costal o de las bandas de música.
El cardenal Amigo, gran conocedor de la Religiosidad Popular, reconoce en su pastoral que este tipo de religiosidad es objeto de preocupación constante para la Iglesia y dice: 
·        “Con sus riesgos y contradicciones, en mi opinión estas manifestaciones populares que revivimos cada año tienen muchos aspectos positivos y a menudo poco valorados”.
·        “En primer lugar, aportan unos valores sociales con identidad propia:
ü Se propicia la participación del pueblo.
ü Se propicia también la sensibilización hacia el fenómeno religioso.
ü Se propicia el fortalecimiento del arraigo social”.
ü Y todo ello redunda en un sentimiento de pertenencia a unas raíces mucho más fuerte y que son transmitidas de generación en generación”.
·        Por otra parte, contiene unos valores religiosos innegables, que se significan en la expresión  de la fe cristiana en un lenguaje total:
ü Palabras, sentimientos, emociones, sensaciones, recuerdos.
ü Colorido, música, imágenes, olores, costumbres…
ü En una evangelización  del pueblo, que mira sus propias manifestaciones religiosas como escuelas, donde aprender y enseñar, una teología sencilla y accesible a todos. 
·        “Y no quiero terminar sin hacer mención a la importancia de la cultura en la piedad popular, de tal manera que no se entiende una sin la otra. El componente cultural es consustancial a ella, y su presencia no tiene ni debe desvalorar el componente religioso, sino por el contrario, realzarlo”.
Como tiene escrito Carlos Colón en su Dios de la Ciudad:
·        “La Semana Santa es probablemente la mayor obra de arte colectiva de Occidente. Espiritualizarla negando su cuerpo, su ser simbólico, su ser artístico, su convertirse en experiencia artística, es matarla”.
Y ahora para continuar con la religiosidad o piedad popular, como la llamaba Pablo VI en su Evangelii Nuntiandi , quiero partir del documento Evangelización y Piedad Popular de la comisión Episcopal de Liturgia, él la define como:
·        “El modo peculiar que tiene el pueblo, la gente sencilla, de vivir y expresar su relación con Dios, la Stma. Virgen y los Santos”.
La celebración, aclaran los obispos, no sólo se encuadra en un ámbito privado e íntimo, sino que comporta también una dimensión comunitaria y de participación eclesial.
La religiosidad popular, no obstante, trasciende el ámbito religioso o devocional para introducirse también en el terreno propio de la antropología.
En la línea de la Nueva Evangelización propugnada por Juan Pablo II, la Iglesia va percibiendo cada vez con mayor claridad que la religiosidad popular y su arraigo entre las gentes puede constituir todo un proyecto de pastoral de futuro, y es que:
·        “El futuro de la Iglesia pasa por un volver a las fuentes, a las primeras comunidades donde se compartía en plenitud la fe y la vida del Evangelio”.
·        “Pero para ello es necesario partir de un reconocimiento de los valores que contiene esta religiosidad, asumirlos desde la necesaria purificación e integrarlos desterrando prejuicios y esa sangrante condición de marginalidad en la que se hallan sumidos”.
Europa debe ser evangelizada de nuevo:
·        “Y recuperar sus raíces cristianas en sus valores esenciales de amor a Dios y al hombre”.
·        “Y de solidaridad: con los pobres y desheredados de la tierra y con los que sufren injusticias y vejaciones”.
Ellos, los que viven en ese Cuarto Mundo, muestran al Jesús sufriente que padece y muere por una humanidad que no le comprende. Y ese Cuarto Mundo todos lo hemos fabricado en nuestras propias ciudades con el egoísmo y superficialidad que tantas veces nos caracterizan. 
También los cofrades, en este sentido, son responsables de ese Cuarto Mundo en sus ámbitos sociales, cuando se despreocupan de su testimonio cristiano ante el hermano que sufre; y se encierran, solo ellos, en sus hermandades, disfrutando egoístamente de sus tradiciones.
Las hermandades tienen mucho que decir en Andalucía sobre ese proceso de Nueva Evangelización porque gozan del respaldo casi incondicional de todo un pueblo que se aglomera masivamente ante sus imágenes.
Ellos, como se diría en lenguaje actual de Iglesia, pueden ser promotores de una pastoral de frontera porque tratan con muchas personas para quienes su única relación con Cristo y la Iglesia es: su Cristo, su Virgen o su cofradía.
Desde la religiosidad popular pueden constituirse en los adelantados de la Iglesia para llevar el Evangelio al pueblo, y darle una razón seria de vivir, en una época carente de valores.
En las manifestaciones de religiosidad:
·        “Los cofrades presentan al pueblo a un Cristo que sufre y muere por ellos, pero ese Cristo no es alguien ajeno a su existencia, sino que, a través de la devoción, lo identifican con ellos, con sus problemas, preocupaciones y también alegrías”.
·        “Eso les mueve a confiarse a Él, a pedir su ayuda, porque en sus sufrimientos de la Pasión ven reflejado su propio camino del Calvario, que es la cotidiana existencia, la difícil situación social y económica de Andalucía, que sigue viviendo aun en el subdesarrollo en tantos aspectos”.
·        “Por eso no hablan de Cristo, sino de nuestro Cristo y, al identificarse con él en su Pasión y Muerte en la Cruz, también confían en la futura Resurrección gozosa que da sentido a su fe y su vida. Cristo muere por Amor y por Amor Dios lo resucita y sigue presente entre ellos”. 
·        “El pueblo no siente muerto al Cristo Crucificado de los pasos. Nuestras gentes saben que ese Jesús que muere por ellos está vivo, porque ha sufrido con ellos”.
·        “Es la fe sencilla que presiente el Amor sin comprenderlo, porque lo experimentan”.
·        “Es esa humilde esperanza a la que se aferran las gentes confiando en quien puede darles nueva vida desde su sufrimiento”.
·        ¡Y es que el Camino de la Cruz es un camino de Amor!
Si los cofrades fueran capaces de testimoniar este sentido en sus estaciones de penitencia, comprometerse por amor a servir y sufrir con sus hermanos hasta el extremo de morir un poco con ellos en su terrible suplicio, sin duda harían realidad el proyecto de la Nueva Evangelización.
Y catequizando al pueblo, que es el fin principal de nuestra Semana Santa. 
Pero eso sólo será posible:
·        “Cuando el testimonio de los nazarenos o de los costaleros en torno al Cristo de su devoción tenga un reflejo, en la vida cotidiana, con su amor a Dios y a esos otros Cristos que son los hermanos que sufren y pasan necesidad”.
La religiosidad popular es un valor en bruto en nuestra Iglesia de cara a los nuevos tiempos. Las hermandades tienen el grave compromiso de que esta religiosidad sea purificada y reevangelizada hacia un compromiso serio por Cristo, haciéndolo presente en la sociedad.
Para ello es necesaria una labor conjunta con las parroquias y otras comunidades cristianas, sintiéndose Iglesia, demostrando que los cofrades no sólo viven para sacar pasos a la calle o vivir una religión de sentimientos, sino que, con sus tradiciones y carismas:
·        “Son capaces de llevar la fe, la esperanza y el amor del Evangelio de Cristo a la vida del pueblo que sufre y reza ante el paso de las imágenes”.
No cabe duda que este tipo de religiosidad, como todos los fenómenos complejos, no es fácil de tratar, y ha sido objeto de fuertes críticas. Desde la ortodoxia religiosa:
·        “Es vista por algunos, como un sustitutivo de la religiosidad auténtica por otra religiosidad ambigua, donde se confunden: pueblo, cultura, revelación, magia y fiesta”.
Incluso desde dentro de la Iglesia encontramos sectores contrarios al fenómeno, y así lo expresan públicamente sin recato.
Pero, y para terminar la religiosidad popular siempre tendrá su importancia mientras se mantenga como celebración auténtica y veraz, capaz de discernir el mensaje evangélico entre sus componentes festivos y culturales. Y así, con brillantez, trasmitir a las generaciones venideras este magno y singular milagro de cada primavera.
Fuentes: C. J. Romero Mensaque ; E. Osborne Bores. 

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital  10 de junio  2016