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595 400 años con San Vicente de Paúl

595    400 años con San Vicente de Paúl

El Jubileo por los 400 años del Carisma Vicenciano comenzó el 25 de enero de este año, al cumplirse el 400 aniversario de la fundación de los Padres Paúles.
El lema, para estos 12 meses, es:
·        “Fui forastero y me recibiste...”
Hay numerosas y muy diversas iniciativas en el seno de la Familia Vicenciana para celebrar el 400º aniversario en todos los rincones del mundo.
Fue San Vicente de Paúl, que vivió de 1580 a 1660 quien dio vida al carisma que lleva su nombre; y que viven en su, día a día, miles de personas por todo el mundo.
Este carisma está marcado por dos hechos de la vida de este gran Santo:
·        El primero tuvo lugar el 25 de enero de 1617 en Folleville, una pequeña población a un centenar de kilómetros al norte de París. Allí predicó San Vicente un sermón que tuvo como respuesta la confesión general de todos los presentes. Entonces se dio cuenta de las necesidades espirituales de aquellas gentes de campo y también de las carencias de los sacerdotes que los atendían. Este fue el inicio de las “Misiones populares”, tan propias de los Misioneros Paúles, fundados por San Vicente. Y de ahí que el verdadero nombre de esta institución religiosa sea Congregación de la Misión.
El mismo Santo consideró esta fecha del 25 de enero como la de la fundación de la congregación.
·        El otro hecho tuvo lugar en otra localidad cercana a París, en Chatillon des Dombes. Allí ejercía de párroco San Vicente. El domingo 20 de agosto, también de 1617, antes de comenzar la misa, le hablaron de las necesidades de una familia que sufría de enfermedad y de hambre. Su homilía sobre la caridad conmovió tanto al pueblo que aquella familia nunca más volvió a verse en tal necesidad. Aquel impulso de caridad se estructuró en las Cofradías de la Caridad, que son el origen de la caridad y solidaridad organizadas, y que han convertido a San Vicente en el patrono de las organizaciones caritativas católicas.
La Familia Vicenciana abarca hoy:
A los Misioneros Paúles, a las Hijas de la Caridad, a la Asociación internacional de Caridad, a las Juventudes Marianas Vicencianas y a las Misioneros Seglares Vicencianos.
La familia Vicenciana es una de las instituciones con mayor tradición y solera, en España y en el mundo. Está presente en más de 150 países y cuenta con 800.000 socios y más de 1,5 millones de colaboradores.
Las ayudas llegan a más de 30 millones de personas por todo el mundo.
Es Miembro Asociado de la U.N.E.S.C.O., y Consultor Especial en el Consejo Económico y Social de la ONU.
En España, la SSVP a través de su Obra Social ayuda a más de 160.000 personas.
Las personas que forman parte de la SSVP, sus socios, se organizan en grupos denominados históricamente:
·        "Conferencias de San Vicente de Paúl".
Estos grupos tienen dos objetivos fundamentales:
·        La formación, el crecimiento espiritual y la fraternidad de las personas que lo componen.
·        Y la ayuda a las personas más necesitadas.
Entre otros, la SSVP trabaja en España en los siguientes sectores:
·        Familias. Infancia y Juventud. Personas Mayores.
·        Indigentes, menesterosos, drogadictos, enfermos del sida, sin techo, casa de acogida para mujeres.  
El Superior padre Tomáz Mavric nos dice:
·        “San Vicente de Paúl es un Místico de la Caridad…”
“Les invito a vivir el carisma que Vicente nos dejó… que podamos redescubrir, mantener y desarrollar la dimensión mística de nuestro carisma, siguiendo la inspiración del Fundador.
“La Familia Vicentina es un regalo de Dios… Tenemos que seguir  creciendo como tal, a fin de que podamos realizar mejor nuestra misión junto a los pobres. Trabajar como familia nos hizo conocernos mejor, descubrir dones, profundizar nuestra intimidad con Jesús, María y santos y beatos de la Familia Vicentina, permitiéndonos mirar con esperanza rumbo al futuro”.
Que Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, patrona de la institución, interceda y nos guíe a todos en el camino de la verdad, del bien, de la justicia, de la paz y de la solidaridad.
                                
Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   30 de mayo de 2017            Principio del formulario

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577 Dios y su gran misericordia.

577   Dios y su gran misericordia.

A santa Faustina Jesús claramente le expresa que el pecado más grande no es necesariamente el pecado en sí, sino la falta de confianza en la infinita misericordia de Jesús.  
En verdad, los más grandes pecadores pueden llegar a ser los más grandes santos si confían plenamente en su misericordia.  
Acordaos del buen ladrón. Toda su vida fue un gran pecador, ladrón, asesino, e insurrecto, pero al final volvió a Jesús y le dijo:  
·        "Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino."  
Movido hasta lo más profundo de su corazón misericordioso y compasivo, Jesús le responde inmediatamente:
·        "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso."  
Este gran pecador se convirtió instantáneamente en un gran santo.
¿Por qué?:  
·         Por su confianza en la infinita misericordia de Jesús.
Nosotros como el Buen ladrón posiblemente hayamos acumulado en nuestras vidas un buen número de pecados y de faltas, pero no podemos caer en la agonía de un desaliento improductivo e ineficaz; tenemos que salir con rapidez y con valentía, sabiendo que Jesús, nuestro querido y amado Jesús, nos busca, sale corriendo a nuestro encuentro y está deseoso de ofrecernos su perdón; solamente nos pide una cosa: el arrepentimiento y la decisión firme de no volver a pecar. El Sr. Jesús sabe también que por nuestra condición de pecadores las decisiones firmes están limitadas por muchas circunstancias adversas por las que tiene que atravesar el ser humano; por eso Dios es compasivo y misericordioso y entiende esas recaídas; fruto, en muchas ocasiones, de nuestra debilidad, de nuestra miseria y de nuestra pequeñez.
Por otro lado, uno de los instrumentos principales y más poderosos del diablo es convencer al pecador que su pecado es tan grande que supera los límites de la misericordia de Dios. 
¿Qué táctica usa el diablo? ¿Qué nos dice el diablo?:
·         ¡Caíste otra vez!
·         ¡Dios está enojado contigo!
·         ¡No te perdonará!
·         ¡Dios está cansado y harto de ti!
·         ¡Termínalo todo, tira la toalla! 
La profundidad, magnitud, amplitud y esplendor de la misericordia de Dios va más allá de nuestra limitada comprensión. 
Jesús dijo a santa Faustina que incluso los ángeles en el cielo, que tienen un intelecto superior al intelecto humano, no pueden sondear la profundidad de la infinita misericordia de Dios.
¿Cuál es la forma, el camino más eficaz y certero para experimentar la infinita misericordia de Jesús?:
·        Para los católicos es por medio del sacramento de la Confesión, también llamado Penitencia o Reconciliación.  
De hecho, el Evangelio que se lee el Domingo de la Divina Misericordia es el de la institución del sacramento de la Confesión:
Jesús les volvió a decir:
·         «La paz esté con vosotros.  Así como el Padre me envió a mí, yo os envío a vosotros.»  
·         Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo.  A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos".
Acudamos con frecuencia al sacramento de la penitencia; allí el sacerdote en nombre de Jesús, es el juez benévolo y comprensivo que perdona siempre.
Del sacramento de la penitencia saldremos reconfortados, y con más Gracia, por parte de ese nuestro Dios que nos ama hasta el ilimitado límite que le otorga su eterna y sobreabundante infinitud.
Por desgracia en este periodo de la historia del cristianismo no se valoran suficientemente los sacramentos, que son el cauce que Dios a través de Jesucristo ha elegido para acercarnos a Él; y no se valora especialmente el sacramento de la reconciliación.
Incluso los sacerdotes, en ocasiones y por supuesto sin mala voluntad, se dejan llevar por la “moda” y, al menos aparentemente, son tardos y reacios a valorar suficientemente y en su justa medida la rica y muy estimable eficacia de este sacramento.

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 
25 de diciembre de 2016


452 El milagro de un condenado.

452   El milagro de un condenado.

El Padre O´Leary  nos relata la historia de un prisionero llamado Claudio, ocurrida en Misisipi, Estados Unidos, en 1944.
Claudio Newman era un hombre de raza negra. Se había casado cuando tenía 17 años con una chica de la misma edad. Un día, se encontraba arando en el campo y otro trabajador corrió a decirle que su esposa estaba gritando dentro de su casa. Inmediatamente Claudio corrió y encontró un hombre atacando a su mujer. Claudio se enfureció, tomó un hacha y le rajó la cabeza al asaltante dejándosela abierta. Claudio fue arrestado. Más tarde fue sentenciado por asesinato y condenado a morir en la silla eléctrica.
Mientras estaba en la cárcel esperando su ejecución, Claudio se dio cuenta que un prisionero llevaba algo colgado del cuello. Él le pregunto qué era eso y el joven Católico le dijo que era una medalla. Claudio le preguntó: ¿Qué es una medalla? A lo cual el joven no le supo responder. En ese momento y con ira, el muchacho se quitó la medalla de su cuello y la tiró al suelo a los pies de Claudio diciendo groserías y maldiciendo, y le dijo que la cogiera.
Claudio recogió la medalla, y con el permiso de los celadores de la cárcel la puso en una cuerda y la llevó alrededor de su cuello.
Durante la noche, mientras dormía fue despertado por un toque sobre la muñeca. Y allí parada, como Claudio le contaría luego al sacerdote, estaba la mujer más hermosa que Dios hubiera creado. Al principio él estaba lleno de miedo. La Señora calmó a Claudio y le dijo:
·        "Si tú quieres que yo sea tu Madre, y si te gustaría ser mi hijo, haz que te traigan un sacerdote de la Iglesia Católica"
Luego de esto, ella desapareció.
Claudio inmediatamente se llenó de miedo, y empezó a gritar:
·        "Un fantasma, un fantasma".
Y corrió a la celda de uno de los otros prisioneros. Empezó a gritar que él quería ver a un sacerdote Católico.
El sacerdote que relata esta historia, el Padre O´Leary, fue llamado a primera hora la mañana siguiente. Él fue y encontró a Claudio quien le contó lo que le había ocurrido la noche anterior. Entonces Claudio junto con los otros cuatro hombres de su bloque de celdas pidió que se les diera instrucción religiosa, y enseñanzas del Catecismo.
Inicialmente, el Padre O´Leary tenía dificultad para creer la historia. Los otros prisioneros le dijeron al sacerdote que todo en la historia era verdad, pero que por supuesto, ninguno de ellos vio o escuchó a la Señora
Fue entonces cuando el sacerdote descubrió que Claudio Newman no podía ni leer ni escribir. Claudio nunca había ido a la escuela. Su ignorancia de Religión era aún más profunda.
Claudio empezó a recibir instrucciones y los otros prisioneros le ayudaron en sus estudios. Llegó el momento en que el Padre O´Leary iba a dar instrucciones sobre el Sacramento de la Confesión. El sacerdote dijo a los prisioneros:
·        "Bueno muchachos, hoy voy a enseñarles sobre el Sacramento de la Confesión"
Claudio dijo: “Yo ya se sobre eso”
Y continuó diciendo:
·        ”La Señora me dijo, que cuando nosotros experimentamos la conversión y vamos a la confesión y nos arrodillamos, nosotros nos estamos arrodillando, no delante de un sacerdote, sino que nosotros nos estamos arrodillando ante la cruz de su hijo. Y que cuando nosotros sentimos realmente dolor por nuestros pecados y los confesamos, la Sangre que él derramó fluye sobre nosotros y nos baña y libra de todos los pecados"
El Padre O´Leary y los asistentes se quedaron totalmente sorprendidos. Claudio pensó que estaban enfadados y les dijo:
·        "Oh, no se enfaden, no se enfaden. Yo no debí haberles revelado esto"
El sacerdote dijo:
·        "Nosotros no estamos enojados. Estamos sorprendidos”.            
Y pregunto:
·        “¿Has vuelto a verla de nuevo?”
Claudio le respondió:
·        "Venga padre conmigo, vamos allí y alejémonos de los demás"
Cuando estaban solos, Claudio le dijo al sacerdote:
·        "Ella me dijo que si usted dudaba o me mostraba desconfianza, que yo le recordara que cuando usted estaba caído en una zanja en Holanda, en 1940, usted le hizo una promesa a Ella, la cual Ella está todavía esperando que le cumpla."
Y el Padre O´Leary, recuerda en sus escritos que Claudio le dijo exactamente cuál era la promesa que él le había hecho a la Virgen María. Esto convenció al Padre O´Leary de que Claudio estaba diciendo la verdad acerca de las visiones de Nuestra Señora la Virgen María.
Después regresaron a la clase del Catecismo sobre la Confesión.
Y Claudio les siguió diciendo a los otros prisioneros:
·        "Ustedes no deberían de sentir miedo de ir a la confesión. Ustedes realmente le están diciendo los pecados a Dios, no a este sacerdote o a cualquier sacerdote. Le estamos diciendo los pecados a Dios."
Después Claudio les dijo:
·        "Saben ustedes, La Señora dijo que la confesión es como un teléfono. Nosotros hablamos a Dios a través del sacerdote y Él nos habla también a través del sacerdote"
El significado de la comunión:
·        “Claudio les dijo que la Señora también le había enseñado a él acerca de la Sagrada Comunión, y le pidió al padre que le dejara decirle lo que le había dicho ella.”
Claudio les relató:
·        "La Señora me dijo que en la Comunión, yo solo puedo ver lo que parece un pedazo de pan. Pero que “Eso” es realmente y verdaderamente Su Hijo. Y que Él estará conmigo”.
Finalmente Claudio fue recibido en la Iglesia Católica.
Y llegó también el tiempo para que el fuera ejecutado. Su ejecución iba a ocurrir a las doce de la noche.
El Jefe de la Cárcel le preguntó:
·        "Claudio, tú tienes el privilegio de una última petición. Que deseas":
o   "Bueno, ustedes están todos conmovidos. El carcelero lo está también. ¿Pero acaso no entienden ustedes? Yo no voy a morir. Tan solo este cuerpo. Yo voy a estar con Ella. Entonces: ¿Puedo tener una fiesta?
Y el Jefe de la Cárcel preguntó: "Que quieres decir".
Contesto Claudio: "Una fiesta". Y continuó:
·        "¿Le pueden dar ustedes permiso al Padre para que traiga algún ponché y a los prisioneros que estén libres en el salón principal y una vez todos reunidos tener una fiesta?”
Ellos tuvieron su fiesta. El sacerdote había traído libros de oración de la Iglesia y todos hicieron las Estaciones de la Cruz y tuvieron una Hora Santa.
El sacerdote fue a la Capilla para sacar el Santísimo Sacramento y darle a Claudio la Sagrada Comunión.
Antes de la ejecución, el Jefe de la Cárcel llegó gritando:
·        “¡Perdón oficial! ¡Perdón oficial! El Gobernador le ha dado una tregua de dos semanas”
Claudio no se había dado cuenta de que el Gobernador y el Abogado del distrito estaban tratando de parar la ejecución para salvarle su vida. Cuando Claudio se dio cuenta, empezó a llorar.
El sacerdote y el Jefe de la Cárcel pensaron que esta era una reacción de alegría porque el ya no iba a ser ejecutado. Pero Claudio dijo:
·        "¿Hombres, ustedes no saben? Si ustedes alguna vez miraran en el rostro de Ella, y miraran en sus ojos, ustedes no quisieran vivir un día más"
Después Claudio se preguntó:
·        "¿Por qué? ¿Por qué todavía me tengo que quedar aquí por otras dos semanas?"
El sacerdote le recordó a Claudio acerca de un prisionero de la cárcel quien odiaba a Claudio intensamente. El prisionero había llevado una vida horriblemente inmoral y también iba a ser ejecutado a muerte.
El sacerdote dijo:
·        "Quizás Nuestra Madre Santísima quiere que tu ofrezcas esta abnegación de estar con ella, para su conversión. Por qué no le ofreces a Dios cada momento que tú estás separado de Ella por este prisionero, para que de esta manera él no tenga que estar separado de Dios por toda una eternidad?"
Dos semanas después, Claudio fue ejecutado.
El Padre O´Leary cuenta:
·        "Nunca he visto a alguien ir a su muerte con más felicidad y gozo. Aun los testigos oficiales y los reporteros de los periódicos estaban asombrados. Decían que no podían entender como alguien se podía ir y sentar en la silla eléctrica realmente radiante de felicidad.”
Sus últimas palabras para el Padre O´Leary fueron:
·        "Padre, yo lo recordaré a usted. Y cuando usted tenga una petición, pídame, y yo se la pido a Ella"
Dos meses después, se llegó el momento para que el hombre de raza blanca quien había odiado a Claudio fuera ejecutado, el Padre O´Leary dijo:
·        "Este fue el hombre más sucio, la persona más inmoral que yo haya conocido. Su odio por Dios, por todo lo espiritual, desafiaba cualquier descripción"
Justo antes de su ejecución, el doctor le rogó a este hombre que por lo menos se arrodillara y dijera un Padre Nuestro antes de que el Jefe de la Cárcel viniera por él, pero el prisionero le escupió la cara al doctor.
Cuando él había sido asegurado en la silla eléctrica, el Jefe de la Cárcel le dijo:
·        "Si tienes algo que decir, dilo ahora", pero el hombre condenado empezó a blasfemar.
De repente el condenado a muerte paró, y sus ojos se fijaron en la esquina del salón, y su rostro se llenó de terror absoluto y ¡gritó despavorido! Entonces, volviendo su rostro al Jefe de la Cárcel, le dijo:
·        "Jefe, consígame un sacerdote!"
El sacerdote sin embargo estaba escondido detrás de unos reporteros puesto que el hombre condenado había amenazado maldecir a Dios si veía cualquier sacerdote.
El Padre O´Leary inmediatamente fue hacia el hombre condenado. El salón fue desocupado de todo el resto de gente y el sacerdote escuchó la confesión del hombre. El hombre dijo que había sido Católico, pero que se había salido de su religión cuando tenía dieciocho años debido a su vida inmoral.
Cuando todo el mundo regresó al salón, el Jefe de la Cárcel le preguntó al sacerdote:
"¿Que le hizo a este hombre cambiar de idea?", "Yo no sé" le respondió el Padre O´Leary, "yo no le pregunté por eso".
El Jefe de la Cárcel dijo:
·        "Bueno, yo no voy a poder dormir si no lo sé", así que se le acercó al hombre condenado y le preguntó: "Hijo, ¿qué te hizo cambiar de idea?
El prisionero le reveló lo siguiente:
·        ¿Recuerda a ese hombre de raza negra, Claudio, a quien yo odiaba tanto? Pues bien, él está parado allá (señaló), allá en la esquina. Y detrás de él con una mano sobre cada uno de sus hombros esta la Madre Santísima. Y escuché a Claudio decirme:
o   "Yo ofrecí mi muerte en unión con Cristo en la cruz por tu salvación. Ella ha obtenido este regalo para ti: el de que tú puedas ver tu lugar en el Infierno, si no te arrepientes".
Y entonces me fue mostrado mi lugar en el Infierno, y ahí fue cuando yo grité y pedí la confesión.
Este, fue, y es, el poder de Nuestra Señora.
Hay mucho paralelismo entre estos hechos de la historia de Claudio Newman y el mensaje de Fátima en 1917:
·        Confesión Sacramental y Sagrada Comunión.
·        Hacer sacrificios por los pecadores.
·        La visión del Infierno.
·        Dijo Nuestra Señora de Fátima “Muchas almas van al Infierno, porque nadie reza y hace sacrificios por ellas.”
Fuente: John Vennari de “Catholic Family News.” Traducido del Inglés por el Apostolado del Trabajo de Dios.

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital  11 de mayo  2016


457 Abrir el corazón a la misericordia

457   Abrir el corazón a la misericordia

En esta cuaresma y en este año jubilar de la misericordia quiero dirigirme a los cofrades de Linares para hablarles de la Misericordia como punto de referencia de su vida cristiana y cofrade.
Y quiero referirme:
·        Primero a la misericordia en lo referente a la vida personal de cada uno.
·        En segundo lugar a la misericordia teniendo en cuenta su proyección en los demás y nuestra misión para que esa proyección sea una realidad.
·        Y en tercer lugar la trascendencia que tiene el hecho de que la misericordia alcance todos y cada uno de los rincones de este mundo nuestro:
o   Tan tremendamente insolidario.
o   Tan tremendamente inhumano.
o   Tan tremendamente injusto.
o   Y tan tremendamente violento.
No cabe duda de que uno de los elementos prioritarios de la Misericordia es el perdón; si no perdonamos no es posible el encuentro amoroso con Dios que es el Padre de las Misericordias y la fuente de todo consuelo.
Por ello quiero hace referencia a una frase que podemos leer en las sagradas escrituras:
·        “Si cuando vas al templo, para presentar tu ofrenda, te das cuenta de que tienes algo contra tu hermano, deja tu ofrenda delante del altar y ve antes a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a presentar la ofrenda”.
Dios quiere que alcancemos  la misericordia recorriendo nosotros antes el camino del perdón. El primer paso para conseguir la Misericordia de Dios es nuestra propia misericordia con el hermano. Dios es el dador de todas las Gracias y el que nos obtiene el gran Don de la Misericordia, pero siempre con la condición de que nosotros seamos misericordiosos, comprensivos, generosos y solidarios con los demás.
Los cristianos no podemos vivir anclados en la comodidad y tampoco anclados en la mediocridad, ni en la indiferencia respecto a los problemas de los demás. Dios y los demás forman parte de nuestra realidad diaria.
El mundo nos necesita, y nosotros cofrades, personas comprometidas con la realidad evangélica y con la vida de Jesucristo no podemos permanecer indiferentes ante la miseria humana y espiritual del ser humano.
A diario, e incluso diría yo en cada instante, tenemos que tener una actitud: activa, positiva y eficaz, para procurar alejar el mal en sus diversas manifestaciones de este mundo nuestro tan tremendamente abatido por las fuerzas implacables de ese terrible y abominable mal que  proyecta su veneno mortal sobre todos y cada uno de nosotros.
Y me pregunto y os pregunto a la vez:
·        ¿No podemos hacer nada contra la violencia cruel y terrorífica?
·        ¿No podemos hacer nada contra el hambre y la miseria humana?
·        ¿No podemos hacer nada contra el odio?
·        ¿No podemos hacer nada contra la corrupción?
·        ¿No podemos hacer nada contra la injusticia?
·        ¿No podemos hacer nada contra la: envidia, codicia, deslealtad, soberbia, arrogancia …
¡Se nos dice! pero para que lo vivamos:
·        “Sed misericordiosos cómo vuestro Padre celestial es Misericordioso”.
Y ahora quiero relatar un hecho relevante, relacionada con Linares, referente al sacramento de la penitencia; sacramento a través del cual Jesús nos perdona, haciendo un alarde de su gran misericordia y amor por el ser humano:
“A la entrada de la madrileña Iglesia del Sacramento, actual Catedral de las Fuerzas Armadas, el visitante puede encontrar dos confesonarios en los que se sentaron dos santos españoles: San José María Rubio y San Pedro Poveda. En los inicios del siglo XX, cuando pasaron por allí los dos sacerdotes, el templo formaba parte del convento de las Bernardas, mandado construir por el duque de Uceda, valido de Felipe III. El fundador de la Institución Teresiana: San Pedro Poveda, nació en Linares el 3 de diciembre de 1874. Gran impulsor del apostolado seglar y de la educación de la mujer, la Unesco ha reconocido su labor como humanista y pedagogo. En 1921 se trasladó a Madrid al ser nombrado capellán de la Casa Real. Fue asesinado por odio a la fe el 28 de julio de 1936.
El Padre Poveda:
·        “Desbordaba: humildad, caridad y afabilidad de trato, además de un fino sentido del humor, aunque a la vez era hombre contemplativo, de profunda vida interior”.
En el confesonario aguardaba paciente a quienes querían acercarse a Dios. Allí administraba el sacramento de la Misericordia, al que consideraría como la Eucaristía, un cauce privilegiado del amor de Dios al hombre.
El sacramento era ocasión no solo de consolar, sino también de ser experiencia viva de que el Padre aguarda siempre con los brazos abiertos al hijo.
La reacción habitual del hijo derrotado por la vida sería la desesperación, sin embargo San Pedro Poveda repetiría en muchas ocasiones:
·        «Por grande que sea vuestro pecado, acudid siempre a la Misericordia de Dios».
Pero es verdad que puede costar un gran esfuerzo pasar por ese singular tribunal de la Misericordia, en el que no se castiga al culpable sino que se le perdona.
Los santos, y entre ellos el Padre Poveda, han confiado en estos casos como delicado y suave bálsamo con una intercesión omnipotente, la de María”.
La fuente de este valioso relato de San Pedro Poveda nos viene de la revista Alfa y Omega a la que agradecemos esta importante aportación documental.


Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital  1 marzo de 2016

Publicada en la Revista  Cruz de Guía      en Cuaresma   Marzo

404 Confesarse directamente con Dios.

404   Confesarse directamente con Dios.

Para esta Cuaresma 2016 nos vienen muy bien estas palabras del Papa Francisco, en su catequesis realizada en la Plaza de San Pedro, en ellas ha explicado la importancia y la necesidad del Sacramento de la Reconciliación, de la Confesión; y en su reflexión, respondió también a los que erradamente piensan en la idea:
·        "Yo me confieso solamente con Dios". 
El sacramento de la Penitencia o de la Confesión, nos dice el Papa, brota directamente del misterio pascual. En efecto, la tarde de Pascua el Señor se apareció a los discípulos, encerrados en el cenáculo, y luego de haberles dirigido el saludo “¡Paz a vosotros!”, les dijo: 
·        "A quienes perdonéis los pecados les serán perdonados y a los que se los retengáis le serán retenidos" (Jn. 20,21-23) 
Este pasaje nos revela la dinámica más profunda y vivificadora de este Sacramento. Sobre todo, el hecho que el perdón de nuestros pecados no es algo que podemos darnos nosotros mismos: 
·        Yo no puedo decir: "Yo me perdono los pecados".
El perdón se pide, se pide a otro.
Por lo tanto, sigue diciendo: ¿Puedo confesarme directamente con Dios?
Alguno puede decir: 
·        “Yo me confieso solamente con Dios”.
o   Sí, tú puedes decir a Dios: “Perdóname”.
Y puedes decirle después tus pecados.
Pero nuestros pecados son también:
·        Contra nuestros hermanos.
·        Contra la Iglesia.
Y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote.
Pero, padre, ¡me da vergüenza!:
·        También la vergüenza es buena.
Es “salud” tener un poco de vergüenza.
·        Porque cuando una persona no tiene vergüenza, en mi país decimos que es un ‘senza vergogna’ un ‘sinvergüenza’.
La vergüenza también nos hace bien, nos hace más humildes.
Y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión, y en nombre de Dios, perdona.
También desde el punto de vista humano, para desahogarse, para tranquilidad nuestra es bueno hablar con el hermano y decirle al sacerdote estas cosas, que pesan tanto en mi corazón:
·        Uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia y con el hermano. Por eso, no tengan miedo de la Confesión.
Uno, cuando está en la fila para confesarse siente todas estas cosas, también la vergüenza.
Pero luego, cuando termina:
·        Sale de la confesión:
Libre, grande, bello, perdonado, blanco, feliz.
·        Y esto es lo hermoso de la Confesión.
Y el Papa continúa, y lo hace con la sencilla pedagogía de la vivencia diaria:
Quisiera preguntarles, pero no respondan en voz alta ¿eh?, cada uno se responda en su corazón: 
·        ¿Cuándo ha sido la última vez que te has confesado? 
Cada uno piense:
¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años?
·        Cada uno haga la cuenta, y cada uno se diga a sí mismo:
¿Cuándo ha sido la última vez que yo me he confesado?
Y reitera Su Santidad, y si ha pasado mucho tiempo:
·        ¡No pierdas ni un día más!
·        Ve hacia delante, que el sacerdote será bueno.
·        Está Jesús, allí, ¿eh?
Y Jesús es más bueno que los curas.
Y Jesús te recibe. Te recibe con tanto amor.
·        Sé valiente, y adelante con la Confesión.
Queridos amigos, celebrar el Sacramento de la Reconciliación significa:
·        Estar envueltos en un abrazo afectuoso.
·        Es el eterno abrazo de la infinita misericordia del Padre.
Recordemos, nos dice el Papa con cariño, aquella bella, bella Parábola del hijo que se fue de casa con el dinero de su herencia, despilfarró todo el dinero y luego, cuando ya no tenía nada, decidió regresar a casa, pero no como hijo, sino como siervo:
·        Tanta culpa había en su corazón, y tanta vergüenza.
Y la sorpresa fue que cuando comenzó a hablar y a pedir perdón, el Padre no lo dejó hablar:
·        ¡Lo abrazó, lo besó e hizo una fiesta!
Y yo les digo, ¿eh?:
·        ¡Cada vez que nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta!
Vayamos adelante por este camino.

Publicada en DIARIO DE ÁVILA Digital   11 febrero 2016 

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital  11 febrero de 2016