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409 Gaspar, un apuesto comerciante.

409   Gaspar, un apuesto comerciante.

Relatos de familia.
En estos días en Sevilla a fallecido un iliturgitano centenario. Nació el 6 de enero de 1915. Casi toda su vida la pasó en Andújar, en donde tambien quiso ser enterrado en el panteón familiar junto a su querida esposa Asunción. Vivió en el lugar que antes se denominaba “Peso de la harina”. Confluencia de la calle Ollerías con la calle del Ayuntamiento. Allí regentaba un comercio en una casa de abolengo que aún pervive por su carácter de edificio de interés urbanístico.
Gaspar Suárez Úbeda era un apuesto caballero de muy buena presencia y con grandes dotes de comerciante. Su establecimiento en fechas de regalos se especializó en juguetes y en figuras y casitas para Belenes. Durante la Navidad, el lugar, era un hervidero de niños que entraban y salían, pues veían aquello con el entusiasmo propio de esa edad en la que se conjugaba la inocencia y la candidez con el afán de poseer aquellos “valiosos” juguetes, entonces un tesoro, que le traerían los Reyes Magos. En aquellos tiempos, habló de hace 40, 50 o 60 años las jugueterías no eran lo que son hoy, ni tampoco por supuesto los juguetes.
Sus sobrinos, nosotros, los hijos de Micaela y Pastora esperábamos también ansiosos aquellas fechas para ver aquel decorado mágico de juguetes de todo tipo, entrábamos en la tienda y disfrutábamos, mientras el tío Gaspar lógicamente se ponía nervioso por nuestras travesuras. Él no daba abasto para atender a los clientes y a los pegajosos sobrinos.
Durante las tradicionales fiestas de la Virgen de la Cabeza el Sr. Gaspar; tan querido por vecinos, familiares y amigos; para la venta llenaba su establecimiento de recuerdos de la fiesta, de imágenes de la Virgen de la Cabeza, de estadales y todo tipo de objetos devotos y festivos que alegraban aquellas celebraciones centenarias. Con elegancia y buen hacer Gaspar Suárez atendía a la clientela que disfrutaba contemplando aquellos objetos que eran vivos recuerdos de Andújar, su Virgen Morenita y su Santuario lleno de historia y grandeza.
Recuerdo a la tita Antonia, su hermana, preparar con devoción y cariño aquellos estadales que llevarían la devoción a la Virgen de la Cabeza por lejanos lugares. En esta labor toda la familia colaboraba. Era un continuo fluir entre: la devoción, el trabajo y el cariño. Todo era importante.
Otro momento significativo para la familia Gutiérrez Amaro era cuando íbamos a ver las Procesiones de Semana Santa o el desfile de las cofradías de la Romería, a aquella casa de fascinantes entresijos y de infinidad de recovecos.
Lo hacíamos en aquellos balcones en los que no nos perdíamos detalle. Unos estaban más bajos otros más elevados, unos a una calle otros a otra, todo se contemplaba desde allí. Era como estar en el cielo y con las mejores vistas.
Los muebles, los enseres, los patios, todo en aquella casa era especial y como niños curiosos y juguetones nos gustaba mirarlo todo, tocarlo todo, hasta sentir allí el fondo de nuestro espíritu aventurero.
Y mientras el tío Gaspar que no se fiaba de nuestras aventuras nos dejaba hacer pero con la debida cautela. Siempre nos trató con cariño, sabiendo que por nuestras venas bulliciosas e inquietas corría la misma sangre que por la de su querida y amada Asunción.
¡Gaspar! Cuantos recuerdos que ya se pierden en el tiempo, pues de tu jubilación hace ya más de 35 años. Él estaba casado con Asunción Amaro, una distinguida y cordial Señora, maestra ella, a la que los alumnos querían, respetaban y admiraban. El matrimonio tuvo cuatro hijos y de ese fruto fecundo vinieron al mundo posteriormente nietos y bisnietos que fueron la alegría de la familia.
Con el enjambre de virtudes de los esposos, en los años 50, Gaspar y Asunción formaron un hogar feliz, un hogar cristiano en donde se vivía con disposición y frescura el amor, en un cada dia no ausente de dificultades.
Gaspar, mi tío Gaspar, ha vivido largos años rodeado siempre del amor de los suyos y del cariño de todos. Gaspar, te hemos querido, y tú con tu vida sencilla has dado respuesta, día a día, a las exigencias de cada momento.
Allí en Sevilla, ciudad festiva, ciudad Mariana, viviste tus últimos años.
Y con la esperanza de quien sabe a dónde va, nos dijiste adiós, o más bien hasta luego, o mejor aún hasta pronto.
Porque fugaz es el tiempo y larga la eternidad; esa eternidad que disfrutaras junto a tu querida, amada y dulce Asunción y junto a Dios fuente inagotable de un amor infinito que siempre nos llena de grandezas.

Publicada en “Cartas al Director, Tu voz en la red” Digital 6  abril de 2015 

Publicada en Diario JAÉN  6 mayo de 2015 


69 Lolo


 Articulo 

69     Lolo: Del dolor a la esperanza, de la ceguera a la luz.

Este artículo es un pequeño homenaje a Manuel Lozano Garrido: Linarense, periodista, hombre de bien. Que supo vivir: totalmente enfermo del cuerpo y vitalmente sano en el alma.
Para que la culminación de su proceso de beatificaci6n sea pronto una gratificante y estimulante realidad.
El mundo de hoy inmerso, en tantas ocasiones, en una desesperanza desconcertante, metido en rutas, caminos o autopistas que solo conducen al abatimiento, al hastío: son caminos rápidos que se recorren a velocidad de vertigo, pero que no conducen a ningún sitio, son como fuegos de artificio, aparatosos, espectaculares, deslumbrantes, pero fugaces, pasajeros que dejan en el aire solo el desolador olor de la pólvora quemada. Este mundo de hoy que vive, como digo, cada día tan fugazmente, sin que nada le deje poso, desilusionado por no saber a donde va, necesita un hombre -muchos hombres- que le ayuden como J. Pablo II, por ejemplo, a cruzar el umbral de la esperanza; necesitamos hombres de la calle que nos hablen: de grandes ideales, de proyectos nobles, de Eternidad, de Dios, No solo necesitamos Santos en los altares, que los tenemos, necesitamos “Lolos” de carne y hueso, hombres entregados, seres humanos cercanos, hombres y mujeres de hoy que lleven al mundo la garra de Dios.
No necesitamos solo predicadores de púlpito que desde el templo, recogidos en un ambiente que les favorece, nos hablen de lo humano y de lo divino, necesitamos el ejemplo -el ejemplo testimonial- de un hombre o de una mujer que desde su vida limpia nos hable de esperanza.
-Lolo, desde su incapacidad, desde la mutilación de un cuerpo maltrecho, supo dejarnos un mensaje que rompía con las endebles estructuras de lo mundano y llegaba hasta la rica inmensidad de los valores eternos.
-Lolo, desde el sagrado púlpito de su propio dolor habló al mundo de las maravillas del mundo interior.
-Lolo, desde la Cátedra, desde el Paraninfo -doctorado como estaba en el tesoro del Amor Divino, por haber obtenido sobresaliente en la difícil asignatura del dolor- nos hablo y nos habla hoy, con más fuerza aún, del auténtico valor de la única Vida.
-Lolo, hoy, desde su silla de ruedas, nos habla, con fuerza, del dulce sabor de la Esperanza.
Hoy, necesitamos jóvenes que no se dejen imbuir por la pasajera fascinación de la “fiebre del sábado noche” o de las locas noches en las que, hasta altas horas, se sumergen en las peligrosas rutas del “bakalao”. Y por el contrario necesitamos que esos mismo jóvenes, con la bravura que lleva consigo la plenitud de su existencia, nos ofrezcan el ejemplo de
su vida cotidiana llena de valores humanos. Eso también hizo Lolo, desde su juventud se fue preparando para poder decir sí a lo que Dios le iba
pidiendo, y de ese “sí”: incondicional, valiente, decidido, saco las fuerzas para decirlo, con la exigencia que Dios quería, cuando –poco después- tuvo que hacerlo para afrontar la: dura, larga y cruenta batalla del dolor.
Lolo dijo sí a Cristo y sabía que con Él tenía que llevar La Cruz, sabía que con Él tenía que recorrer, uno a uno, los peldaños de una vía tremendamente dolorosa, para llegar al terrible final de un Gólgota despiadado, en donde Él -Soberano Señor- Él, dueño absoluto de todo lo que existe ofrecería al mundo el testimonio supremo. Allí se efectuó la “reconquista del hombre”, su rescate. Y Lolo lo sabía, sabía que Cristo era así, y él si aceptaba, tenía que unirse al dolor de su Señor: pero Cristo era su amigo y no se pudo resistir a la fuerza impetuosa de una gran amistad, sabía que su Señor iba a poner, dolorosamente, a prueba la calidad, los quilates, la categoría de su amor, pero no le importaba.
Lolo dijo sí, aunque, como os decía, sabía que Cristo Jesús le quería muy cerca de Él pero le quería en el Getsemaní de una prueba que humanamente resultaría interminable. El Señor le dijo a Lolo: coge tu cruz de cada día y sígueme, coge tu silla de ruedas, coge tu cuerpo dolorido, coge tu severa invalidez, coge tu cegera, coge....
Lolo sabía, podía intuir -pues para ello estaba preparador, que o elegía a Cristo y se abrazaba con El a la Cruz, abriéndosele de esta manera un panorama inquietante: pero esperanzado, lleno de una brillante luz, pero con noches terribles de oscuridad, en donde al final la luz de la vida culminaría su existencia, o si dejaba esta opción desconsolado viviría, abatido por una mediocridad existencial que le hundiría en un atroz suplicio. Lolo escogi6 lo mejor: ¿y nosotros? ¿Seguimos tras Lolo las huellas de Cristo? ¿O por el contrario cogemos el camino rápido y cómodo, lleno de aparentes fantasías, pero infecundo, estéril, repleto del triste desaliento de lo que a nada conduce?

Publicado en Iglesia en Jaén el 17 del 5 del 1998



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58 Lolo


Artículo Feria Linares

58      Lolo : Tras el ii aguijón ii del dolor se abre la gozosa puerta de la esperanza           
                                            
El santo no tiene que ser y no es de hecho un personaje lejano, aislado, metido en un caparazón que le hace inasequible. ¡El santo! no es un ser perfecto, desde que nace, al que no le cuesta vivir las contrariedades del hoy, del cada día; al que no le cuesta progresar en la virtud. El santo vive a nuestro lado y lo vemos caer, pero se levanta con prontitud, y lo vemos luchar a cada instante para ser mejor, para agradar, para servir, para ofrecer a los demás el semblante amable de la auténtica felicidad. ¡El santo! puede ser, y lo es en muchos de los casos, tu vecino, nuestro vecino, puede ser nuestro compañero de trabajo, nuestro amigo, nuestro hermano y si queremos, más cercano aún, podemos ser nosotros mismos.
En esta línea de santidad: cercana, amable, atractiva, contagiosa, en Linares tenemos un personaje que ya forma parte de nuestra reciente historia, de un ser lleno de bondad, entrañable, amigo de sus amigos, entregado en plenitud a la noble causa de un gran ideal. Para él alcanzar a Cristo era una meta, una “empresa” fascinante, un deseo impetuoso.
Lolo con el sufrimiento supo esculpir una obra maestra, se convirtió -a través del dolor- en artesano del amor, parecía tener el carisma para ofrecer generosamente la perenne huella que el sufrimiento dejaba en él. Dios con "despiadada crueldad” parecía cebarse sobre su hijo, predilecto entre los predilectos, a él, a Lolo, -Dios- le pidió el holocausto permanente, ¡le pidió! cada día un poco más, hasta hacer de él un “Ecce Homo” en máximo grado. Pero para que la santidad sea un hecho no solo se descubre lo que Dios pide, sino también la calidad de la respuesta que se da, la suya -la de Lolo- fue heroica. Lolo y Dios,
Dios y Lolo, llegaron a sintonizar en la onda del amor, Dios pedía Lolo daba, Dios pedía más, Lolo daba más, era un perfecto sincronismo, la compenetración más conseguida. Dios “aplastaba” a su amado hijo y el hijo entendiendo el sabio lenguaje del amor Divino respondía prontamente,
diligentemente; el “hágase” brotaba con facilidad, porque Lolo sabía que Dios siempre sabe más. Yo leí una vez que lo importante a la hora de hablar de santidad -y de entenderla- no era el “yo hago” sino el  “hágase en mí”, eso hizo María y siete espadas de dolor inmenso atravesaron su alma, pero gracias a ello recibió la excelsa corona de la maternidad Divina, eso hizo también Lolo y el aguijón del sufrimiento fue una constante, permanente, en el panorama de su vida, pero gracias a esto -son los caminos del Señor- esperamos podrá alcanzar en la tierra la gloria de los altares, gloria que ya merecidamente habrá alcanzado en el soberano Reino de su Rey y Señor Jesús.
Lolo ha sabido hacer, con su propia vida, un credo del sufrimiento, del dolor y como testamento -sellado con su propia sangre- lo dejo escrito
El dolor, para nuestro querido Lolo, era también “autopista” para llegar a Dios y esto así mismo lo dejo escrito, para que grabado en nuestra alma sirviera de estimulante bálsamo cuando la adversidad llegara a nosotros.
Siempre he pensado que el ser humano que entiende el valor sagrado de la cruz, está más capacitado para descubrir el panorama de la resurrección.
Por eso cuando el dolor se ofrece a Dios, no resignadamente como si fuésemos víctimas de un infortunio desafortunado, sino generosamente, la paz inunda el alma; esa paz era la que transmitía la vida de Lolo, a su lado se respiraba el, aire puro de la concordia, a su lado se dibujaba en el horizonte el rostro amabilísimo del gozo imperecedero. Para él alguien escribió: “Un bravo para los hombres que unen”, cualquiera hoy podría decir: ¡ole!, al hombre que con la bravura –de castiza raza- que da la fuerza del amor, ha conseguido remover el corazón de tantos hombres”,  ha sabido unir fuertemente, construir una cadena de solidaridad en la cual cada eslabón llevaba el sello de su dolor, de su “hágase” incondicional, y eso no se rompe, nunca se puede destruir lo que se construye sobre la robusta roca de una vida santa.
Su silla de ruedas es una muestra de cómo él sin andar hizo camino, no hizo camino al andar, sino que como digo precisamente sin andar, en el sentido físico, con su silla de ruedas fue capaz de recorrer el inmenso firmamento que con Dios pudo descubrir, él pudo hacer miles de kilometros por las “autopistas” de Dios, el rompió con su fe las ataduras de lo humano y se introdujo en la indescriptible dimensión de un Dios que ama. Cogido a su silla de ruedas descubrió la formula l de un corazón acelerado por el amor, el freno de su silla de ruedas no podía frenar el caudal veloz de sus deseos de querer. Lolo convirtió su silla de ruedas en el trono de su santidad personal. En la peana, junto a él, podría aparecer “su silla” como signo de su identificación con Cristo.
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Dios –además- permitió la deformación de todo su cuerpo para que en el solo brillara la luz intensa de su vivir Divino, y dispuso también, dentro de su providencial plan de salvación que quedara ciego para que viviera descubriendo y dando -como hizo- el tesoro escondido en los entresijos de su corazón enamorado, no necesitaba ver, ni podía ya ver porque había quedado fascinado por la “Luz”, había sido sobrecogido por el ímpetu sobrehumano del resplandor Eterno.

Publicado en Diario Jaén el 28 del 8 de 1997



Mi primer articulo

Nº   0
Mi Primer Artículo

Publicado en 1980 en el Diario Jaén

(ARTICULO)

34    “Don Seba”, los suyos le quieren        

En la Zarzuela, barrio minero de nuestro querido Linares, en estos días se ha dicho adiós a un cura, a un cura que cambia de destino buscando en el horizonte, a través de la obediencia, nuevos caminos para ejercer su celo apostólico, a un cura de la tierra que ha sabido ser con la dificultad que esto conlleva profeta entre los suyos, en la tierra que hace años le vio nacer.
Con D. Sebastián en esta parroquia de S. Juan de Ávila, donde ha estado como pastor durante 20 años, hemos compartido en los últimos meses importantes acontecimientos eclesiales, todos ellos enriquecedores y emotivos espiritualmente, algunos de ellos fueron: La celebración de sus 25 años de Sacerdocio.
La conmemoración, también, de los 25 años de existencia de esa feligresía, que día a día se ha ido consolidando con el esfuerzo ilusionado y perseverante de todos.
La visita tan esperada de la Madre de Linarejos, que llego al barrio arropada multitudinariamente por el cariño de todos sus hijos.
La elección de su párroco como arcipreste de la ciudad, lo que convirtió en cierta manera a la parroquia, en el centro de la espiritualidad de la ciudad de Linares.
Esa misma comunidad, rica en cualidades espirituales, hoy, con lágrimas en los ojos, dice adiós a su “cura”
Yo asistí a la S. Misa de despedida y allí el sentimiento de cariño afloro en los corazones, la emoción se sentía, todos notábamos por dentro el calor de algo entrañable. Dios estaba presente y alentaba nuestro espíritu a una unidad palpable, todos compartíamos como en una piña el mismo sentimiento hacia tan querido sacerdote y lloramos porque nuestro corazón humano sentía la necesidad sincera de expresar un sentir y un querer autentico.
Y cada uno, como pudo, expreso a su “cura” -como le dicen los suyos- las sensaciones de esta despedida, le agradecieron que fundamentalmente hubiera sido amigo, un gran y auténtico amigo, que hubiera sido además fiel mensajero del Señor Jesús y de su Madre bendita, que hubiera compartido y enseñado a compartir con los pobres, que hubiera alentado la esperanza en los enfermos, que hubiera entregado su vida como buen pastor, que ama, más aún que ama apasionadamente a su gente, a su barrio a sus feligreses.
Gracias D. Sebastián, tú has sabido llegar al corazón de los tuyos, te los has ganado para ti y fundamentalmente para Cristo, has sabido ser ejemplo para tantos en estos tiempos difíciles y en este lugar más difícil aún de tu querida tierra Linarense.
Don “Seba” de nuevo, desde el corazón, de verdad, sinceramente, gracias.

Publicada en Diario JAÉN   30   de   7  de  1996

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Articulo


218     A la Virgen del Collado

"Ave Maria Purísima" con este cariñoso saludo los devotos de la Santísima Virgen del Collado nos dirigimos a Ella: Ella que es flor entre las flores; Ella que es la plenitud de la hermosura; Ella que es rico manantial de esperanza; Ella que es, entre todas las luces de la vida, luz maravillosa.
La Reina del Collado desde siempre ha llenado de aliento nuestras vidas. Ella desde esa cúspide en la que reside, rodeada del azul intenso de nuestro cielo andaluz, cuida de nosotros, nos acaricia, nos custodia, nos protege, nos ama...
Virgen del Collado
En Andalucía estamos a gusto con la Virgen María. En Andalucía  la Virgen María es foco potente, corazón que palpita, fuego que da calor.
Aquí, en esta tierra espléndida, no sabemos vivir sin la Virgen María en su bella advocación del Collado. Sabemos quererla, sabemos rezarle, sabemos salir con  Ella a la calle y llenarnos de gozo
Quizás hace falta que nuestras vidas vayan más acorde con lo que Ella y el Señor Jesús nos enseñan. Vivimos, en muchas ocasiones, lejos de sus preceptos y lejos de sus mandamientos. La Virgen del Collado quiere obras. Obras son amores solemos decir. Una fe sin obras es una fe muerta. En estos días visita a la Señora y llévale una flor: la bella flor de tu compromiso como cristiano, de tu compromiso social, de tu compromiso con los necesitados, de tu compromiso para mejorar este mundo nuestro tan desmejorado en tantas facetas
Cuando al acercarme a Santisteban del Puerto  veo  en la lejanía el santuario de la Señora mi alma se llena de una especial emoción. En todas las ocasiones en las que tenido oportunidad de dirigirme al santuario y contemplar en su interior a esa Madre Bendita  a la que tanto amamos he descubierto un profundo sentimiento muy especial, pero de  todas estas ocasiones hay una de ellas de la que tengo un especial recuerdo, en ella mi querido amigo Juan Miguel Gascón Álamo iba a ser el pregonero de las fiestas de nuestra Señora del Collado, en un lugar tan emblemático y de profundo significado mariano como es el Santuario  de Santa María  contemplando en el fondo el espléndido  paisaje que desde allí se divisa, y a la vez y en perfecta sintonía, oyendo como un hombre de ciencia, un hombre sabio en lo terreno nos descubría  las maravillas y excelencia de  la Madre y Señora del Collado. Extasiado contemplaba el acontecimiento. El hombre de ciencia nos hablaba de las realidades del  espíritu. Yo contemplaba y escuchaba y descubrí a lo largo del brillante pregón que las realidades espirituales no tienen porque estar desligadas de las realidades humanas. La ciencia no se opone a la fe. La fe se hace realidad palpable en lo pequeño, en lo menudo, en lo sencillo. Aquella tarde en aquel paraje excepcional y con aquel pregonero excepcional descubrí muchas cosas, descubrí a ese amigo que te habla al corazón, a ese amigo que sabe y transmite. A ese amigo tan querido en su tierra y  tan querido también entre sus compañeros. Con Juan Miguel y con todos sus paisanos me  atrevo, en voz alta, a decir: "Viva la Virgen del Collado y viva un pueblo que de generación en generación sabe transmitir el legado que encierra ese tesoro infinito. “Una madre siempre es una madre”


Publicado en el Programa de las fiestas de Pascuamayo  de 2009 de Santisteban del Puerto Jaén


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Documentales de la Mayordomía, por Juan Miguel Gascón y Carmen Gallego

Articulo

169     S. Sebastián  y  S. Agustín, la disyuntiva de dos patronos

En Linares hay una peculiar circunstancia quizás desconocida para muchos Linarenses y  es la existencia  de dos patronos: Uno el oficial y otro el que realmente se celebra. Estos dos patronos son San Sebastián y San Agustín. Quizás convendría que el cronista de la ciudad o la persona adecuada a este fin  estudiara el caso y colocara a cada uno en su lugar. Sería conveniente también que si es San Agustín el patrón que se celebra reciba de las autoridades pertinentes  el título oficial de patrón de la ciudad.
Santa Misa, con presencia de las autoridades,
en honor de 
san Agustín en la feria que lleva su nombre
Es bueno enriquecer la tradición de nuestra ciudad estudiando este hecho y viendo circunstancias de conveniencia de este cambio, que sería bueno para situar a san Agustín en el digno lugar que realmente le corresponde.
San Agustín y su feria son un ejemplo de cómo el santo y venerado patrón está vivo en la vida de toda la ciudad. La feria ha llevado el nombre de Linares a todos los lugares: sus corridas de toros, sus actuaciones musicales, sus tarantas, su filosofía grata y atractiva de la fiesta han hecho de la feria de san Agustín un ejemplo que puede llenar de orgullo a todos los Linarenses.
A continuación voy a desarrollar brevemente  la biografía de estos dos Santos, para hacerles a ellos el homenaje que le corresponde y para dar a conocer a Linares la vida de estos Santos personajes que formaron y forman parte de nuestra milenaria y enriquecedora historia.
San Sebastián,  vivió en el siglo III. Según la tradición, fue un capitán cristiano de la guardia pretoriana que logró en secreto muchas conversiones. Cuando el emperador romano Diocleciano conoció su fe, ordenó que lo mataran a flechazos. Sin embargo, no murió y una viuda cristiana llamada Irene lo recogió y curó sus heridas. Cuando se hubo recuperado, Sebastián volvió ante el emperador y lo denunció por su crueldad. Entonces Diocleciano mandó que lo matasen a golpes. El primer martirio de San Sebastián fue uno de los temas favoritos del arte renacentista; con frecuencia aparece en los cuadros con el pecho asaeteado y sangrante. Se invocaba la ayuda del santo contra la peste. Su festividad se celebra el 20 de enero.
San Agustín de Hipona fue el más grande de los Padres de la Iglesia y uno de los más eminentes Doctores de la Iglesia occidental. 
Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, Numidia (hoy Souk-Ahras, Argelia). Su padre, Patricio (fallecido hacia el año 371), era un pagano (más tarde convertido al cristianismo), pero su madre, Mónica, era una devota cristiana que dedicó toda su vida a la conversión de su hijo, siendo canonizada por la Iglesia católica romana. Agustín se educó como retórico en las ciudades norteafricanas de Tagaste, Madaura y Cartago. Entre los 15 y los 30 años vivió con una mujer cartaginesa cuyo nombre se desconoce, con la que tuvo un hijo en el año 372 al que llamaron Adeodatus, que en latín significa regalo de Dios.
San Agustín
Contienda intelectual
Inspirado por el tratado filosófico Hortensius, del orador y estadista romano Cicerón, Agustín se convirtió en un ardiente buscador de la verdad, estudiando varias corrientes filosóficas antes de ingresar en el seno de la Iglesia. Durante nueve años, del año 373 al 382, se adhirió al maniqueísmo, filosofía dualista de Persia muy extendida en aquella época por el Imperio Romano de Occidente. Con su principio fundamental de conflicto entre el bien y el mal, el maniqueísmo le pareció a Agustín una doctrina que podía corresponder a la experiencia y proporcionar las hipótesis más adecuadas sobre las que construir un sistema filosófico y ético. Además, su código moral no era muy estricto; Agustín recordaría posteriormente en sus Confesiones: "Concédeme castidad y continencia, pero no ahora mismo". Desilusionado por la imposibilidad de reconciliar ciertos principios maniqueístas contradictorios, Agustín abandonó esta doctrina y dirigió su atención hacia el escepticismo.
Una feria de prestigio con renombre, arte y maestría
Hacia el año 383 se trasladó de Cartago a Roma, pero un año más tarde fue enviado a Milán como catedrático de retórica. Aquí se movió bajo la órbita del neoplatonismo y conoció también al obispo de la ciudad, san Ambrosio, el eclesiástico más distinguido de Italia en aquel momento. Es entonces cuando Agustín se sintió atraído de nuevo por el cristianismo. Un día por fin, según su propio relato, creyó escuchar una voz, como la de un niño, que repetía: "Toma y lee". Interpretó esto como una exhortación divina a leer las Escrituras y leyó el primer pasaje que apareció al azar: "… nada de comilonas y borracheras, nada de lujurias y desenfrenos, nada de rivalidades y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias" (Rom. 13, 13-14). En ese momento decidió abrazar el cristianismo. Fue bautizado con su hijo natural por Ambrosio la víspera de Pascua del año 387. Su madre, que se había reunido con él en Italia, se alegró de esta respuesta a sus oraciones y esperanzas. Moriría poco después en Ostia.
Obispo y teólogo
Agustín regresó al norte de África y fue ordenado sacerdote el año 391, y consagrado obispo de Hipona (ahora Annaba, Argelia) en el 395, cargo que ocuparía hasta su muerte. Fue un periodo de gran agitación política y teológica, ya que mientras los bárbaros amenazaban el Imperio llegando a saquear Roma en el 410, el cisma y la herejía amenazaban también la unidad de la Iglesia. Agustín emprendió con entusiasmo la batalla teológica.
Agustín murió en Hipona el 28 de agosto del año 430.
Obras
La importancia de san Agustín entre los padres y doctores de la Iglesia es comparable a la de san Pablo entre los apóstoles. Como escritor, fue prolífico, convincente y un brillante estilista. Su obra más conocida es su autobiografía Confesiones (400?), donde narra sus primeros años y su conversión. En su gran apología cristiana La ciudad de Dios (413-426), Agustín formuló una filosofía teológica de la historia.


Publicado en Diario JAÉN   28 -  8 – 2000
En el extraordinario de la feria de Linares

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